Miro la pintura expuesta frente a mí y, a veces, todavía me cuesta creer que esté colgada en una galería. Me emocioné cuando vi mis obras en París, Italia y Nueva York, pero la sensación es distinta cuando ocurre en mi propio país. Aunque a veces resulta extraño recibir más reconocimiento en el exterior que aquí, entiendo que las cosas funcionan de otra manera y hace tiempo dejé de esperar que todo siguiera el orden que yo consideraba justo.
Muy pocas personas tuvieron fe en mí.
—Félix.
Me giro al reconocer la voz y le sonrío a Marcos antes de estrecharlo en un abrazo amistoso.
—Hola, Marcos.
Él se aparta con una sonrisa satisfecha y dirige la mirada hacia el cuadro.
—No admires demasiado esta pintura tuya porque ya está vendida. Un coleccionista se encaprichó con ella y ofreció una fortuna.
Asiento sin poder evitar sentir una mezcla de orgullo y alivio. Nunca deja de sorprenderme que alguien esté dispuesto a pagar tanto dinero por algo que nació de horas de trabajo solitario frente a un lienzo.
—Espero que hayas venido a decirme que trajiste más pinturas para vender.
—Las tengo. He estado pintando bastante.
—Eso quería escuchar. ¿Estás listo para la exposición de arte en Madrid?
Suelto una leve risa y niego con la cabeza.
—Todavía me falta terminar una de las pinturas y estos días han sido una locura. Además... me voy a casar.
Marcos abre los ojos con una sorpresa tan evidente que termino sonriendo. Es la misma reacción que he visto desde que empecé a dar la noticia.
¿De verdad resulta tan difícil imaginarme casado?
Sé perfectamente por qué sucede. Durante años hablé del matrimonio con un escepticismo que rozaba el rechazo y jamás me interesó mantener relaciones estables. No es extraño que ahora nadie crea que hablo en serio.
—Vaya... esa sí que no la esperaba. Siempre pensé que terminarías siendo un pintor al estilo de Toulouse-Lautrec.
Levanto una ceja.
—¿En serio me comparas con un pintor soltero que disfrutaba frecuentar burdeles y terminó muriendo por una enfermedad venérea? Pensé que me tenías un poco más de estima.
Marcos rompe a reír.
—No vas a burdeles y eres bastante más selectivo, eso te lo concedo, pero tampoco puedes culparme por sorprenderme.
—Además soy más guapo, más alto y bastante más sensato que ese pintor francés.
Los dos reímos y la conversación recupera la naturalidad de siempre. Marcos me hace un gesto para que lo acompañe y comenzamos a caminar por la galería mientras varios visitantes recorren las salas observando las obras. Algunos se detienen frente a mis cuadros sin advertir que el autor pasa a pocos metros de ellos. Hace unos años esa idea me habría provocado nervios; ahora me resulta una sensación agradable.
—Cuéntame sobre tu futura esposa.
Mientras avanzamos entre las paredes blancas cubiertas de pinturas, le hablo de Gala. Evito mencionar el acuerdo entre nosotros porque no puedo hacerlo y, en realidad, tampoco cambia lo que siento.
Con Marcos nunca he tenido demasiados secretos. Ha sido uno de mis mayores apoyos desde que tenía quince años y decidí que quería dedicarme profesionalmente a la pintura. Me aconsejó cuando nadie apostaba por mí, me abrió las puertas de su galería cuando apenas vendía una obra cada tanto y nunca dejó de tratarme con honestidad. Precisamente por eso me incomoda ocultarle una parte de la historia, aunque no tenga otra alternativa.
Le cuento cómo nos conocimos, cuánto tiempo lleva formando parte de mi vida y la cercanía que existe entre nuestras familias. También le hablo de la boda, de la fecha y de los preparativos, procurando mantener fuera todo aquello que pertenece únicamente a Gala y a mí.
—Así que espero que puedas asistir.
Marcos permanece unos segundos en silencio antes de mirarme con una expresión que mezcla diversión y comprensión.
—Déjame ver si entendí bien. Llevas años interesado en ella y recién ahora te dio una oportunidad. Debo reconocer que no esperaba esa historia.
Sonrío mientras bajo la vista un instante.
—No sé si llamarlo estar enamorado. Lo que sí sé es que ella me gusta desde hace mucho tiempo y jamás pensé que pudiera pasar algo entre nosotros. Siempre creí que iba a seguir viéndola desde lejos porque nuestras familias son demasiado cercanas y no quería complicar las cosas. Ahora que tengo una oportunidad pienso hacer todo lo posible para que ninguno de los dos termine arrepintiéndose.
Marcos asiente despacio.
—Ahora entiendo por qué todo pasó tan rápido. ¿Y estás seguro?
La pregunta no me incomoda. Al contrario, agradezco que la haga porque sé que nace de la preocupación de alguien que me aprecia.
Me río antes de responder.
—Tan seguro que esta mañana presenté los papeles y ya tenemos fecha para casarnos por civil. La madre de Gala está organizando una pequeña celebración. Nada enorme ni extravagante, exactamente lo que los dos queremos.