Fuera de contrato

Capítulo 12: Gala

Mi madre parece realmente emocionada por mi boda con Felix. Al principio le costó aceptarlo, pero ahora está completamente metida en los preparativos, aunque no deja de quejarse un poco porque todo tenga que hacerse tan rápido.

Casi me siento culpable por seguir mintiéndole. No quiero que se decepcione cuando descubra que la herencia fue el motivo para adelantar la boda. Mi madre es del tipo de persona que jamás se casaría por conveniencia. Antes preferiría perderlo todo que entrar en ese juego. Por eso casi se quedó con las manos vacías en el divorcio. Si obtuvo lo que merecía fue porque yo intervine. Me ocupé de reunir información sobre su infidelidad para que mi madre consiguiera más de lo que él pensaba darle. Tal vez por eso me detesta todavía más. Aunque, si soy honesta, nuestra relación ya era mala mucho antes del divorcio. Después solo empeoró.

—Ya tenemos las flores y las invitaciones. Ahora debemos elegir el pastel y el catering. Por suerte aceptaron casarse en el jardín de casa, así que, teniendo el lugar, lo demás se soluciona.

Miro a mi madre mientras la encargada coloca frente a nosotras varias porciones de pastel.

—Mamá, ¿qué pensarías si te dijera que me caso tan rápido por la herencia del abuelo?

Ella deja de inspeccionar el pastel y fija la mirada en mí.

—Lo entiendo. Me hubiera gustado que esperaran más tiempo, pero sé que para ti es importante la casa que te dejó tu abuelo y que no quieres que tu padre se la quede.

Me quedo en silencio unos segundos, procesando lo que acaba de decir.

—¿Cómo sabes eso?

Suspira y apoya la mano sobre la mía.

—Cariño, que anunciaras de repente que tenías una relación con Felix la misma noche en que se anunció su matrimonio nos tomó por sorpresa a Hugo y a mí. Tú piensas demasiado antes de tomar una decisión, así que le saqué la información a Felix y él me contó todo.

—¿Todo?

—Sí. Me dijo que pensaban tomarse las cosas con calma y probar la convivencia antes de casarse, pero que el tema de la herencia cambió los planes y decidieron hacerlo ahora.

Trago saliva.

—Mamá...

—No te preocupes, Gala. Yo te apoyo. Siempre voy a apoyarte. Y me alegra que Felix también lo haga. Me dijo que tú no querías, pero que él insistió.

Bajo la vista un instante antes de responder.

—Sí. No quería aceptar al principio, pero luego pensé que, si no funciona, podemos divorciarnos.

Ella se ríe con suavidad.

—Estoy segura de que ustedes dos se llevarán muy bien y tendrán un matrimonio largo y feliz, porque se complementan. Ahora sé que Felix te ama de verdad. Deja de analizar todo y de preocuparte por tonterías, Gala, y disfruta. Los años pasan volando.

Asiento mientras una calidez inesperada me aprieta la garganta.

—Te amo, mamá.

—Yo también. Ahora probemos los pasteles y definamos el menú, que no hay tiempo.

Sigo mintiéndole sobre mi relación con Felix, pero al menos ya no tengo que ocultarle la verdadera razón por la que adelantamos la boda. No es toda la verdad, pero es un alivio.

Tomo una porción de un pastel que ni siquiera sé de qué es y le doy un bocado justo cuando veo entrar a Felix por la puerta.

¿Qué hace aquí?

Recorre el lugar con la mirada hasta encontrarme y enseguida se acerca con paso seguro, con ese aire despreocupado capaz de hacerme perder el control y despertar mi admiración al mismo tiempo.

Antes apenas le prestaba atención y ahora no puedo evitar notar lo atractivo que es. Entiendo perfectamente por qué tantas mujeres intentan acercarse a él. Si yo fuera distinta, quizá también lo habría hecho, aunque nunca he sido buena dando el primer paso.

Me pongo de pie.

—¿Qué haces aquí? —pregunto cuando está frente a mí.

Él sonríe.

—Vaya forma de recibirme—estira la mano y pasa el pulgar por la comisura de mis labios. Tardo un instante en reaccionar. Después se lleva el dedo a la boca—. Sabe rico.

¿De verdad acaba de limpiarme la crema de los labios y luego se la llevó a la boca?

Siento un leve calor subir por mi cuello antes de obligarme a apartar esa idea.

—Hola, Felix. Llegaste justo a tiempo.

Mi madre le da un abrazo y le pide que tome asiento a mi lado. Entonces entiendo que fue ella quien le dijo que viniera.

—¿Tú lo invitaste? —le pregunto.

—Sí. Es tu novio y está bien que participe y opine un poco.

—Y yo me siento ofendido de que mi prometida no me haya dicho nada.

Lo miro.

—Pensé que estarías ocupado. Dijiste que tenías que terminar unas pinturas y que estabas un poco atrasado. Solías faltar a reuniones familiares por ese motivo.

Él observa las porciones de pastel y elige una de chocolate.

—Pero tú eres más importante que cualquier reunión. Claro que iba a hacerme tiempo. Además, amo el pastel y no me voy a negar a una degustación.




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