Fuera de foco: a través del lienzo

Capitulo 1: Mateo

No me hace mucha ilusión hacer este viaje, aunque sea el mismo de todos los años cuando tengo vacaciones del campus. Tampoco es que no extrañe a mi familia; estudiar pintura y poesía me absorbe por completo y la distancia pesa. El verdadero problema es que volver significa reencontrarme con mi padre, que siempre encuentra la manera de criticar y atacar todo lo que amo hacer. Con una mezcla de desgano y nostalgia, voy metiendo mis cosas en la mochila, preparándome para lo que me espera.

-Ey Mateo- sentí una mano sobre mi espalda- ¿Qué harás estas semanas de vacaciones?-

- Emmm, tengo una cena familiar – digo sin mucho ánimo

- Se escucha divertido – sonríe mi mejor amigo Frederick

- Eso dices porque no eres tu el que tiene que ir a escuchar como tú padre te dice “ la poesía y pintura no dan empleo” o el típico “ ¿De eso vivirás?” – suelto un bufido

- Wow, se escucha súper tedioso- asiente

- Si, lo es. Y ¿Tú? ¿Qué piensas hacer?- le pregunto

-Iré con mi familia a un viaje de “relajación – me hace las comillas con los dedos- mi padre dará el comunicado de que mi Hermano Edwin pasará al frente de la empresa –

- Felicidades- digo sin un gramo de amabilidad – eres el único de los dos al que su padre no le está tirando los chorros de siempre. Tu si puedes ejercer sin que nadie te diga nada –

- ¿Qué te digo hermano?- me enseña todos sus dientes – soy demasiado guapo como para amarrar mi vida detrás de un escritorio –

- Yo tampoco quiero amarrar mi vida a un escritorio – le especto

- Si, pero tú eres feo- sonríe

- Ahh cállate – le pegó una patada no muy fuerte

- Ayyy, cálmate- responde levantando sus manos- creo que ya llegó el taxi por nosotros –

Londres es la ciudad más hermosa del mundo y te lo puedo decir con seguridad porque he viajado a casi todas partes Y es curioso haber estado en casi todos lados y sentir que no pertenezco a ninguno, el trayecto en taxi hasta el aeropuerto me ayuda a preparar que cara pondré cuando vea a mi padre aunque se que el tema es inevitable.

—Sabes, Mateo, estuve pensando… —soltó Frederick, rompiendo el silencio mientras miraba de reojo por la ventana del taxi, donde las luces de Londres empezaban a distorsionarse por la llovizna.

—¿Tú piensas? —arqueé una ceja, sin apartar los ojos de mi libreta de bocetos.

—¡Ah, cállate! —me espetó, dándome un codazo flojo—Hablo en serio. Estaba pensando en que para la próxima exposición de la academia deberíamos buscar otras perspectivas. ¿No crees?—

Cerré la libreta de golpe, suspirando, y me giré para mirarlo.

—¿A qué te refieres con “otras perspectivas”?—

—Ya sabes, salirnos del circuito estudiantil. Buscar galerías o museos famosos en el centro que nos permitan montar nuestra propia exposición—

Lo miré como si le hubiera salido una segunda cabeza.

—Eso es una locura, Frederick.

—¿Por qué? —se quejó, cruzándose de brazos.

—Porque ni tú ni yo somos famosos —le recordé, bajando la voz para que el taxista no se enterara de nuestras vidas— Al menos no por nuestro arte. En este medio solo nos conocen por ser “los hijos de nuestros padres”, no por nuestro trabajo. Nadie nos va a dar una sala prestigiosa así porque sí—

—Sí, de acuerdo —asintió, restándole importancia con un gesto de la mano—pero siempre tiene que haber una primera vez para dar el gran salto—

—Créeme, es casi imposible. Conseguir aunque sea un pequeño espacio en una galería de renombre toma meses de gestión. Con la cantidad de reuniones familiares, cenas de etiqueta y eventos
empresariales a los que nuestros padres nos obligan a asistir, no nos quedaría tiempo ni para respirar, mucho menos para negociar—

Frederick se quedó pensativo un segundo, relamiéndose los labios con esa sonrisa astuta que siempre precedía a un desastre.

—Le podría decir a mi padre que pesqué una gripe terrible. Si cree que estoy enfermo, me dejará libre de la empresa unos días y tendré tiempo de sobra para ir a los museos a negociar el contrato—

No pude evitar soltar una risa amarga.

—Tú siempre has estado enfermo, hermano… pero de la cabeza—

—Ah… —Frederick bufó y se dejó caer pesadamente contra el respaldo de cuero del taxi, mirando el techo del auto—Muérete de envidia entonces. Pero luego no digas que no intento crear buenas oportunidades de negocios para los dos—

—Esa es, oficialmente, la peor idea que has tenido en todo el año —sentencié, volviendo a abrir mi libreta mientras el taxi frenaba frente a la estación— Y considerando tu historial, eso ya es decir
bastante— sonreí

Ya en el aeropuerto, mirando fijamente mi boleto con destino a Oxford, consideré seriamente inventar una excusa de último momento. Pude haberme quedado en mi departamento en el centro de Londres; después de todo, tenía la mente desbordada con nuevos bocetos para mi próxima pintura. Pero ser realista implicaba aceptar que huir solo significaba retrasar lo inevitable: el sermón y las quejas de mi padre.



#287 en Joven Adulto
#1579 en Otros
#526 en Humor

En el texto hay: #amor, #arte, #odio-amor

Editado: 15.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.