A la mañana siguiente, mi padre y yo jugamos un rato al golf. Me fue de la patada, pero ni muerto se lo admitiría a Frederick; ese tonto se burlaría de mí por el resto de la eternidad en un deporte que ni siquiera sabe jugar.
Al terminar, regresamos a la mansión y pasamos una tarde familiar extrañamente tranquila. Curiosamente, mi padre no volvió a tocar el tema de mis estudios ni de la pintura. Me alegró el gesto; supuse que, tal vez, mi madre había hablado con él a solas para pedirle una tregua. Aprovechando esa aparente calma, decidí tocar el tema que me rondaba la cabeza desde la noche anterior.
—Padre, me enteré de que Frederick y yo estaremos en una nueva campaña publicitaria. ¿Es cierto? —pregunté, dejándome caer y acomodándome en uno de los sofás de la sala
—Sí, es cierto —respondió mi padre de inmediato, sin apartar la vista de unos documentos— Ernesto Vance y yo hemos decidido que lo mejor para la nueva estrategia de la cadena de hoteles es que nuestros hijos sean la cara principal—
—Sabes que no me agrada la idea de una campaña —reproché, cruzándome de brazos— Más que nada porque implica exponer mi rostro, y lo último que necesito en la universidad es llamar todavía más la atención—
—Mi amor, es solo una campaña —intervino mi madre con voz pausada, intentando sonar conciliadora—Tú y Frederick son chicos muy guapos, cariño. Créeme que saldrá bien—
—No lo digo porque me considere feo, madre, para nada —suspiré con pesadez, pasándome una mano por la cara—Lo digo porque el año pasado, cuando hicieron aquel convenio con la marca de agua , tuve que soportar ver mi propia maldita cara durante casi cinco meses en cada botella de agua que intentaba tomar. No me gusta estar en el ojo de todo el mundo—
Mi padre dejó los papeles sobre la mesa de centro y me clavó una mirada severa, desarmando la paz de la tarde en un segundo.
—Pues debes apoyar a la compañía, Mateo, y si esa es la forma en la que nos eres útil ahora, tendrás que aguantar un poco de atención. Es obvio que la gente los mire a ustedes dos. Somos la corporación más grande de toda Inglaterra; Lexington no se construyó de un día para otro, y tanto Frederick como tú deberían sentirse orgullosos del imperio que respaldan—
—Es cierto, hijo —secundó mi madre, mirándome con una mezcla de cariño y resignación—Debes aprender a llevar el apellido Sinclair en lo alto, de la misma forma en la que Frederick lleva el apellido Vance, además a mí no me causó desagrado verlos en las botellas de agua salieron guapos —
—Para tu siempre salimos bien mamá —ironice
Mi hermana Sofía levanto la vista de su libro, como si por un segundo volviera al mundo real simplemente para hacer lo que siempre hace, estar del lado de mi padre.
—Hermano, tú y Frederick de verdad arman una tormenta en un vaso de agua —intervino , soltando un suspiro exasperado mientras apartaba la vista de su libro—Cualquiera estaría dichoso de recibir tanta atención. Ustedes dos son simplemente ricos intentando jugar a ser pobres. Qué irónico.—sonrio
—Es cierto hijo—continuo mi madre —Mira a tu hermana es escritora Pero siempre lleva en alto el apellido Sinclair, deberías considerar hacer lo mismo no? Deja de jugar a pertenecer a una clase que no perteneces—
No le respondí nada para evitar que la tarde se convirtiera en otra zona de guerra. Me limité a mirar de reojo por el ventanal que daba a los inmensos jardines de la propiedad.
Solo faltaban un par de días para volver a Londres. Solo un par de días para encerrarme en mi estudio, lejos del apellido Sinclair, de Lexington y de las malditas botellas de agua. Lo que no me salía de la cabeza, muy a mi pesar, era que la cuenta regresiva para la sesión de fotos ya había comenzado.