Las semanas siguientes fueron un torbellino. Lo que empezó en ese banco de suplentes se convirtió en cafés a escondidas, mensajes de texto a altas horas de la noche y paseos por parques donde nadie los reconociera. Mateo descubrió a una mujer inteligente, con un humor ácido y una pasión por el arte que lo sacaba de su burbuja de entrenamientos y gimnasio. Valeria descubrió que "El témpano" era en realidad un chico noble, presionado por las expectativas de millones de personas, que solo quería ser escuchado.
Sin embargo, el amor en los tiempos del fútbol profesional tiene reglas complicadas.
Una tarde, tras un entrenamiento a puerta cerrada, el director técnico llamó a Mateo a su oficina. Sobre el escritorio había una fotografía impresa de baja calidad: Mateo y Valeria cenando en un restaurante, riendo tomados de la mano.
—El periodismo y el vestuario no se mezclan, Mateo —dijo el entrenador con tono grave—. La prensa busca sangre y distracciones. Estamos a dos partidos de ganar el campeonato. No quiero ver tu nombre en las páginas de cotilleo. Concéntrate en la pelota o tendré que mandarte a la banca.
Esa noche, Mateo se reunió con Valeria en su apartamento. El ambiente estaba pesado.
—Mi editor también se enteró —confesó Valeria, mirando una taza de café fría—. Dice que es un conflicto de intereses que la fotógrafa oficial de la liga esté saliendo con el capitán del equipo líder. Quieren trasladarme a la sección de cultura a partir del próximo mes.
El miedo a perder lo que tanto les había costado construir se instaló entre los dos. El campeonato estaba cerca, pero el costo empezaba a ser demasiado alto.