Llegó el día de la gran final. Si ganaban, eran campeones; si empataban o perdían, todo el esfuerzo del año se iba a la basura. El ambiente en el estadio era sofocante. Mateo lideró a su equipo en el túnel de vestuarios, pero su mente estaba fragmentada. Miró hacia la banda. Valeria estaba allí, pero esta vez no llevaba su cámara colgada al cuello. Vestía ropa de civil y tenía un pase de grada. Cumpliendo su palabra, el periódico la había apartado de la cancha para ese partido.
Se miraron a la distancia. Valeria se llevó la mano al corazón y le dedicó una sonrisa llena de orgullo y apoyo incondicional. Ya no era la fotógrafa cazando la historia; era su mayor aliada.
Ese gesto desató el nudo en el estómago de Mateo. Entendió que no tenía nada que demostrarle a la prensa, solo a sí mismo y a ella.
El partido fue un sufrimiento puro, pero Mateo jugó el mejor fútbol de su vida. Asistió, corrió, recuperó balones y, en el minuto 75, dictó una asistencia magistral de tres dedos para que el delantero centro marcara el 1-0 definitivo. Cuando el árbitro tocó el silbatazo final, el estadio se convirtió en un manicomio de júbilo.
Mateo no se quedó a celebrar con la directiva, ni esperó a que las cámaras de televisión lo rodearan. Rompiendo todo protocolo, corrió directo hacia la tribuna preferencial, saltó los carteles publicitarios y estiró los brazos. Valeria bajó corriendo las escaleras de la grada.
Frente a los flashes de los fotógrafos que solían ser sus compañeros, Mateo la levantó en vilo y la besó con toda la fuerza del campeonato obtenido.
—Te dije que no me lo iba a perder —le gritó Valeria al oído por encima del estruendo de los fuegos artificiales.
—Ganamos, Vale. Ganamos —respondió él, limpiándose las lágrimas de emoción.
Las portadas del día siguiente no hablaron de tácticas, ni de los errores del rival. La foto principal, tomada por uno de los antiguos colegas de Valeria, mostraba al capitán cubierto de confeti dorado, abrazando a la mujer que había aprendido a leer su alma. El partido había terminado, pero su historia apenas empezaba a jugarse.