Fuera de las Sombras

CAPÍTULO 1: La víspera del caos

Allegra

—No me mires así, Gia. Es mi cumpleaños número dieciocho, no mi funeral —dijo Allegra, ajustándose un vestido de seda blanca que dejaba al descubierto sus hombros delicados y resaltaba su cintura diminuta.

Estaba frente al espejo de su habitación en la villa de los Sterling-Cavalli. A través del ventanal, el mar brillaba como un zafiro, pero los ojos grises de Allegra estaban fijos en su reflejo. Tenía el rostro de una muñeca de porcelana, una belleza que a veces le parecía una maldición porque hacía que todos, especialmente él, la trataran como si pudiera romperse al menor contacto.

—Es que no es solo un cumpleaños, Al —respondió Gia, tumbada de lado en la cama king-size de su mejor amiga, jugueteando con un mechón de su cabello castaño claro—. Vas a cumplir dieciocho. Sabes lo que eso significa. Mi hermano va a estar allí, y Dios sabe que Giovanni ha estado más insoportable que de costumbre estas últimas semanas.

Allegra sintió un vuelco en el corazón al escuchar el nombre. Giovanni. El hombre que la ignoraba en las cenas familiares pero que, según los rumores de los sirvientes, ejecutaba a cualquiera que se atreviera a decir un comentario fuera de lugar sobre ella en Nápoles.

—Él ni siquiera me mira, Gia. Me evita como si fuera una puta enfermedad —espetó Allegra con una frustración impropia de su dulzura habitual—. Seis años, Gia. Me lleva seis malditos años y me sigue tratando como si tuviera diez. Pero esta vez no. En unos días voy a ir a su club y le voy a decir que estoy harta de ser la "sobrina" consentida de sus padres.

Gia soltó una carcajada cargada de advertencia. —Mi hermano no es un hombre al que se le "dice" nada, Al. Giovanni es un animal. Un animal que no deja que nadie lo toque y que rompe huesos por deporte. Ten cuidado con lo que deseas, porque si logras que te mire como una mujer... no te va a dejar escapar nunca.

Allegra sonrió para sus adentros. Eso era exactamente lo que quería.

Giovanni

El sonido de un hueso rompiéndose fue lo único que interrumpió el silencio del almacén en los muelles de Nápoles. Giovanni se limpió una gota de sangre salpicada en la mejilla con el dorso de su mano enguantada, sin mostrar un ápice de emoción en sus ojos verde claro.

—Te dije que no me tocaras, imbécil —gruñó Giovanni, mirando al soldado que ahora se retorcía en el suelo con la muñeca destrozada—. La próxima vez que intentes ponerme una mano encima para "suplicar", te cortaré los dedos uno por uno.

Rocco, su mejor amigo y segundo al mando, observaba desde las sombras mientras encendía un cigarrillo. Rocco era el único que no le temía a los ataques de ira de Giovanni y el único que sabía que su odio al contacto físico no era solo manía, sino una barrera de acero.

—Solo faltan unos días, Gio. Relájate un poco —dijo Rocco, soltando el humo—. Si llegas a la fiesta de la niña con sangre en el traje, tu madre te matará antes que cualquier clan rival. Y sabes que Allegra se asusta hasta con una sombra.

Giovanni se tensó al escuchar su nombre. El solo pensamiento de Allegra hacía que su sangre hibiera; una mezcla de rabia y hambre posesiva que apenas lograba controlar. Había pasado años esperando. Años viendo cómo ella se volvía más hermosa, más curva, más... suya.

—Ella no es una niña —dijo Giovanni, su voz era un murmullo peligroso mientras se ajustaba el puño de su camisa negra—. En unos días, la protección de sus padres y la de los míos se acaba. He sido muy paciente, Rocco. He dejado que creciera en su burbuja de arte y flores. Pero el tiempo se terminó.

Caminó hacia su escritorio, donde descansaba un informe detallado de cada movimiento que Allegra había hecho en la última semana. Sabía que ella planeaba algo, sentía la chispa de rebelión en sus ojos cada vez que se cruzaban en la mansión.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Rocco con curiosidad—. Lorenzo De Luca está presionando en la frontera. Necesitas aliados, no distracciones.

Giovanni clavó sus ojos verdes en él, con una intensidad que hizo que incluso Rocco se pusiera serio. —Voy a reclamar lo que me pertenece. Allegra cree que el amor es algo dulce, una de esas óperas que escucha con sus padres. Voy a enseñarle que, en mi mundo, el amor se parece mucho más a una ejecución. Ella es mía, y juro por mi vida que el primer hombre que intente ponerle una mano encima cuando sea legal, terminará en el fondo del Mediterráneo.

Se puso su guante de cuero negro con un movimiento seco, ocultando la piel que le ardía de solo imaginar el contacto con ella.

—Prepárenlo todo para la noche del club —ordenó Giovanni—. Quiero que la seguridad sea máxima. No quiero errores. Si ella pone un pie en mis dominios, ya no habrá vuelta atrás.

Giovanni no sabía que esa noche, el destino le tenía preparada una sorpresa llamada Fiorella que pondría a prueba su control y destrozaría el corazón de la chica que estaba decidido a poseer.




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