Full Shadow Love

El Clic Silencioso

Mi colectivo llegaba a la terminal de ómnibus. Me sentía nervioso al venir a la gran ciudad.

La gente hablaba al costado de los vehículos.

Se escuchaba a uno diciendo.

-Voy a volver a ver a mi hija, es una niña muy valiente.

Me levanté del asiento cuando el colectivo se detuvo. Caminé con mi bolso hasta salir del interior del vehículo que ya empezaba a oler a sudor.

Miré a mi alrededor. La terminal tenía paredes blancas, escaleras eléctricas y varios comercios.

Venía de un pueblo muy pequeño. Todo esto era muy moderno y colorido para mí.

Caminé hasta el interior. Había demasiada gente.

Una mujer embarazada esperando el colectivo. Un empleado de una empresa queriendo volver a su casa.

Suspiré un momento.

-Okey, Gabriel... estas en una nueva etapa, independizado, pero con ayuda de tus padres.

Caminé un momento por el lugar. Había mucha gente en situación de calle buscando refugio. Demasiados vendedores ambulantes intentando sobrevivir.

Un chico que estaba tirado sobre un carton se me acerca y extiende su mano.

-¿Puedes darme una monedita?, estoy juntando para comprar para comer.

Busqué en mi bolsillo, y le di algo de dinero que tenía suelto.

El agradeció y empezó a seguirme.

Me sentí raro al tener al chico al lado mío.

Pregunté.

-¿En qué te ayudo?

El respondió con una pregunta.

-¿Tu eres familiar de la chica que vende cerca de la salida?

No entendí.

-¿Que?

El dice.

-Te lo preguntaba porque eres pálido como ella. Yo y mis amigos nos sentamos a verla todo el dia. Es un espectáculo tu hermana.

Menciono.

-Yo no tengo hermana, ¿estas bien?

Él se presentó de manera errática.

-Soy Samuel, tu futuro cuñado. Te pareces mucho a esa chica, así que pienso que eres su hermano o algo así.

Lo miré con seriedad.

-Déjame tranquilo. Se nota que estas borracho y yo solo quiero ir a mi casa.

El me tomo del hombro suavemente. Iba a defenderme, pero no note malicia en su actitud.

-A la salida de la terminal hay una muchacha de tu edad que esta buenísima. Pelo morado hasta los hombros, ojos del mismo tono, pálida y gótica, con tatuajes en todo el cuerpo, delgada y bajita. Te la recomiendo, galán.

Él se apartó de mí y siguió con su camino.

Me quede pensando en lo que dijo.

¿Qué haría una chica tan perfecta vendiendo en una terminal de colectivos?

Caminé por el lugar con tranquilidad.

Iba a salir, pero algo me detuvo.

Vi a esa misma chica. Era igual a como la describió ese hombre. Llevaba una ropa negra muy seductora.

Mi corazón salto al verla. Era muy atractiva.

Deje mi seriedad a un lado.

La escuche vender sus dulces a una anciana. Su voz era como la de un angel.

-Buenos días, señora, yo estoy vendiendo para mantener a mi hija y pagar el alquiler. Tengo alfajores caseros.

La señora respondió.

-No quiero, pero gracias.

-Está bien, que tenga buen viaje.

Ella clavo su mirada en mí.

Casi empecé a babear al verla, pero disimulé bien.

Ella caminó hasta mí.

Estábamos frente a frente.

De repente, sentí un clic silencioso dentro de mi cabeza. Parece que ella también lo percibió.

Sentí como si un relámpago silencioso cayera entre nosotros.

Todo se detuvo.

Ella ladeo la cabeza, como si recordara algo.

-Disculpa... yo te conozco de algún lado, porque te recuerdo de alguna parte.

Respondo.

-Eh... no lo creo, es la primera vez que veo a una chica como tu.

Me miro extrañada.

-¿Como yo?

-Si... Una chica gótica con ese cabello y tatuajes bonitos.

Bajó la cabeza.

-No me gustan mis tatuajes, pero gracias por elogiar mi cabello.

Menciono

-Me gusta como quedan tus ojos con tus lentes de contacto.

Ella responde.

-No son lentes de contacto, tengo síndrome de Alejandría. Mi hija lo heredo de mí.

Algo salto en mi mente.

-¿Hija?

Ella responde.

-Claro, soy madre.

Agarró con más fuerza su caja de dulces.

-No importa, no se porque estoy hablando de esto contigo.

Hizo una leve pausa.

-¿Quieres comprarme algo?, tengo alfajores y galletas caseras, con chispas de chocolate.

Bajo la cabeza otra vez.

-No tuve muchas ventas este dia.

Respondí.

-¿Los haces vos?, dame tres alfajores.

Ella levantó la cabeza y me miro fijo.

-¿Tres?, muchas gracias.

Mientras hacíamos el intercambio, le pregunte.

-¿Siempres te vestís tan bonito?

Contestó.

-Es para persuadir a los clientes, además me gusta vestirme así. Me hace sentir elegante.

-Entiendo, se te ve muy bien...

Ella se sonrojó.

-Me gustan las tres estrellas tatuadas al costado de tu cuello.

Me extendió la mano.

-Me llamo Julieta Jazmin Ayat.

-Soy Gabriel Pastor.

Mire la salida.

-Creo que tengo que irme. Luego tengo clases.

-Entonces no te quitare más tiempo, yo también tengo que seguir vendiendo.

Nos quedamos mirando durante un rato.

Miré su tatuaje de garras en el cuello, su dragon en la pierna, el corazón en su pecho y las flores en sus brazos.

Ella observo las tres estrellas que tenía al costado de mi cuello.

Era una conexión sobrenatural, fruto de ese relámpago invisible que cayo entre nosotros.

Era extraño...

Deje la terminal mientras miraba atrás.

¿Que fue ese clic que sentí?

Caminé por la calle manteniéndome cerca de la gente que parecía amable.

Mi mente solo pensaba en esa chica que era madre joven y trabajaba como vendedora ambulante.

El sentimiento era increíble, como si ambos estuviéramos destinados a encontrarnos.

Lastimosamente, esa chica es el tipo de persona que solo encuentras una vez en la vida. No me anime a pedirle su numero.

Me detuve al frente de una tienda. El vendedor era un hombre canoso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.