Llegué a mi departamento nuevo de paredes blancas y rosas.
Respiré el aire del nuevo ambiente.
Ahora era casi independiente. Vivia solo.
Estuve unos minutos ordenando mis cosas, en especial la ropa. Tenía demasiada.
El monoambiente era un poco claustrofóbico, pero estaba comodo.
Finalmente, deje mi computadora en el escritorio.
Ya todo estaba limpio y en su lugar.
Me acosté en mi cama un momento. Me puse mis auriculares para escuchar musica.
Cerré los ojos y todo parecía haberse detenido.
Abrí mis ojos de vuelta y escuché un ruido cerca.
Me levanté rápido pensando que alguien entro a mi departamento a pesar de haber cerrado con llave.
Pero no era eso...
Vi a una niña de cabello largo y morado. Estaba apoyada contra la pared con las rodillas en el pecho y la cabeza baja.
Lloraba y gritaba sin parar.
Me acerqué lentamente a ella y extendí mi mano.
-Oye, ¿estas bien?
Tenía unos tatuajes que me parecían muy familiares y su barriga estaba algo inflamada.
Sostenía unas tijeras muy grandes en su mano derecha.
Pateé las tijeras rápidamente.
La agarré de los hombros y vi su rostro.
-¿Julieta?
Todo se volvió negro y me desperté. Todo fue un sueño.
Puse mi mano en mi cabeza.
¿Por qué tuve un sueño así?
Parecia algo sobre su pasado, pero yo no se nada de ella.
Mi estomago empezó a rugir. Tenía mucha hambre.
De repente, sentí a alguien hablando en la habitación de al lado. Las paredes eran finas.
Escuche.
-Tranquila Ambar, ya vamos a ir al supermercado. Te comprare tus postres favoritos.
Me dio curiosidad saber quién era mi vecina. Tenía una voz familiar.
Me saqué mis auriculares y caminé hasta el pasillo.
La manija se movió y escuche esa voz otra vez.
-Querida, tenemos que irnos. La gata estará bien.
La puerta se abrió.
Me sorprendí al ver quien era.
Julieta Jazmin Ayat
Usaba una remera blanca, un short negro deportivo, y unas zapatillas negras. Sus tatuajes se notaban mucho más y su piel pálida brillaba por el sol.
Ella tomaba la mano de una niña.
Me miró con una mezcla de miedo y asombro.
-¿Gabriel?
Abrí bien los ojos por la sorpresa.
-¿Julieta?
Nos quedamos callados un momento.
Hablamos al unisono.
-¿Somos vecinos?
Ella agarró la mano de su hija.
-¿¡Eres un acosador!?
Levanté las manos.
-No es eso, pero debe ser una casualidad. El señor Heredia me dijo que vivías por aquí, pero no pensé que vivirías al lado de mi departamento.
-¿El señor Heredia te hablo de mí?
Respondí.
-Si, eres conocida como la chica gótica y amable que vende dulces caseros. Conozco al señor Heredia porque estaba en el ejercito con mi padre.
Julieta levantó la cabeza mientras intentaba comprender.
-Ya veo... Pareces bueno, pero no confió en ti. Es mucha casualidad. Es como si fueras un acosador.
-¿Piensas que si fuera un acosador rentaría un departamento al lado tuyo?, yo sería más discreto.
Se quedo callada un momento.
-Es muy extraño.
-Eres muy desconfiada y lo respeto, pero no te estoy siguiendo. ¿Tu nombre era Julieta Jazmin Ayat?
-Si...
Miré a la niña que estaba a su lado.
-Ella debe ser tu hija.
-Se llama Ambar.
Acenti.
-Ambar...
Caminé al lado de ella luego de cerrar con llave mi departamento.
-Fue un gusto verte, pero ahora tengo que ir al supermercado del señor Heredia a comprar.
Ella mencionó.
-Yo también tengo que ir a comprar...
Sonreí.
-Ah... genial, podemos hablar en el camino para ir conociéndonos. Los vecinos se tienen que llevar bien.
Ella retrocedió unos pasos, pero Ambar avanzo.
-¿El señor puede ser mi nuevo amigo?
Ella me miro temblando.
Puse mi mano en su hombro.
-Oye, ¿estas bien?, estas sudando.
Quito mi mano de su hombro suavemente.
-Estoy bien.
-No te preocupes, no soy alguien malo.
Bajamos el ascensor juntos.
La niña menciona.
-Mi mami nunca confía.
Miré a la niña.
-Eres una niña muy inteligente.
Julieta menciono sin mirarme.
-Yo le enseño y la hago estudiar. Tiene cinco añitos y ya tiene el habito de leer.
Menciono.
-Tiene una buena madre.
-Gracias...
Salimos del edificio y caminamos juntos por la vereda.
Le dije a Julieta.
-¿Estudias alguna carrera por la tarde?
Contesta.
-No, pero se de gastronomía y repostería.
Frases rápidas.
Lo entiendo. No me conoces.
Vi que intentaba mantener distancia conmigo, pero desconfiaba mucho más de los transeuntes.
Era alguien que no sabía en donde esconderse.
Llegamos al supermercado del señor Heredia.
Él nos miró y sonrió.
-Asi que ahora vienen los dos juntos. La famosa vendedora y el karateka.
Julieta me miro.
-¿Karateka?
Respondí.
-Si, practico karate y kobudo. Soy cinturón negro en ambas disciplinas.
-Que admirable.
Ambar preguntó.
-¿Yo puedo aprender Karate?
Me agache al frente de ella.
-Si... puedo enseñarte algún dia.
El señor Heredia sonrió y me guiño un ojo.
Recordé que me dijo que vaya a por ella como un galán.
Julieta es una chica muy bonita, pero está marcada por algo muy profundo.
Lo vi...
Le dije a Julieta.
-Compremos lo que necesitamos.
-Claro...
Caminamos por el lugar.
Yo cargue mucha comida y productos. Estaba comenzando a vivir solo.
Me detuve al lado del cochecito de Julieta. Ella solo llevaba un pollo chico, latas de comida y fideos.
Aprovechaba mucho las ofertas.
Ella menciono.
-Todo aumenta cada semana. Me estresa.
Preguntó.
-¿Como haces para que te alcance para todo?
Respondí.
-Mis padres pagan mis cosas.