Kael permanecía frente a Umbra.
Los dos eran iguales.
Las mismas cicatrices.
La misma sonrisa.
La misma mirada.
Pero Umbra desprendía una presencia imposible.
Como si el mundo quisiera escapar de él.
Umbra observó a Kael.
—Sigues creyendo...
Que esto es todo tu poder.
Kael respondió.
—¿No lo es?
Umbra soltó una carcajada.
—Ni siquiera has abierto la primera puerta.
Kael frunció el ceño.
—¿Puerta?
Umbra levantó lentamente una mano.
El espacio comenzó a romperse.
Detrás de él apareció una inmensa puerta negra.
Sobre ella solo existía una palabra.
RÉQUIEM
Kael sintió un escalofrío.
—¿Qué significa?
Umbra sonrió.
"Cuando un concepto deja de obedecer al universo..."
La puerta comenzó a abrirse unos centímetros.
"...y el universo comienza a obedecer al concepto..."
Toda la oscuridad del planeta respondió.
"...nace un Réquiem."
La puerta volvió a cerrarse.
—Aún no estás listo.