El primer movimiento fue de Aion.
No levantó la mano.
No pronunció un hechizo.
Simplemente...
Miró a Kael.
Y el tiempo volvió a detenerse.
Todo desapareció.
Los sonidos.
La gravedad.
La luz.
Solo existían ellos dos.
Aion caminó lentamente.
—¿Sabes por qué jamás he perdido?
Kael no respondió.
—Porque todo lo que intenta matarme...
Jamás ocurre.
Levantó un dedo.
Miles de futuros aparecieron alrededor de Kael.
En todos...
Moría.
Atravesado.
Decapitado.
Desintegrado.
Olvidado.
Aion sonrió.
—He visto cada una de tus posibilidades.
En ninguna...
Me derrotas.
Silencio.
Kael comenzó a caminar.
Un paso.
Otro.
Otro.
Hasta quedar frente a Aion.
Los ojos del dios se abrieron.
—¿Cómo...?
Kael apoyó lentamente una mano sobre el pecho de Aion.
Y sonrió.
Aquella sonrisa.
La que hacía temblar incluso a los dioses.
"Entonces..."
Silencio.
"...crearé un futuro que todavía no hayas visto."
¡¡BOOOOOOOOOOOOM!!
Aion salió despedido por primera vez en millones de años.
Los once dioses...
Se pusieron de pie.