Aion volvió caminando.
No tenía heridas.
Pero...
Su expresión había cambiado.
Kael lo observó.
—¿Dolió?
Aion sonrió.
—No.
Solo...
Me sorprendiste.
Kael clavó lentamente Mors Aeterna.
Y dijo con absoluta tranquilidad.
"No confundas sorpresa..."
Silencio.
"...con esperanza."
Umbra comenzó a reír.
Los cielos se oscurecieron.
Los océanos comenzaron a elevarse.
Los animales huyeron.
No por el poder.
Sino por la presencia.
Kael dio otro paso.
Y habló.
"¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo?"
Aion guardó silencio.
"Tú naciste siendo un dios."
Otro paso.
"Yo tuve que convertirme en un monstruo."
Otro.
"Tú jamás conociste el miedo."
Otro.
"Yo crecí junto a él."
Mors Aeterna comenzó a vibrar.
"Por eso..."
La sonrisa apareció otra vez.
"...siempre habrá una distancia entre nosotros."
Aion preguntó.
—¿Cuál?
Kael respondió.
"Tú luchas para conservar un trono."
La oscuridad explotó.
"Yo lucho porque ya no tengo nada que perder."
Incluso Luxiel sintió un escalofrío.