Los doce abandonaron el campo de batalla.
No porque estuvieran derrotados.
Porque...
Necesitaban hablar.
En el Trono Celestial.
Doce enormes asientos rodeaban un vacío infinito.
Aion permanecía de pie.
Mirando la gota de sangre sobre su dedo.
Morven rompió el silencio.
—Entonces...
¿Es verdad?
Aion respondió.
—Sí.
Solaris habló.
—¿El Réquiem volvió a despertar?
Aion asintió.
Silencio.
Entonces...
Por primera vez...
El último trono habló.
Aquel cuyo rostro jamás se veía.
El Arquitecto.
Su voz no parecía una voz.
Parecía el propio universo hablando.
"Hace incontables eras..."
"...encerramos a la Muerte detrás del Réquiem."
"No porque fuera malvada..."
"...sino porque era inevitable."
Todos bajaron la cabeza.
"Y ahora..."
"...ha encontrado un recipiente."
Luxiel preguntó.
—¿Kael?
El Arquitecto respondió.
"No."
Silencio.
"Kael..."
"...es el único ser que logró hacer que la Muerte lo eligiera."
Mientras tanto...
En Duskaria...
Kael cayó de rodillas.
Escupió sangre.
La corona desapareció.
La puerta volvió a cerrarse.
Umbra habló.
—¿Lo sentiste?
Kael respiraba con dificultad.
—Sí...
Sentí...
Como si hubiera perdido algo.
Umbra respondió.
—Lo hiciste.
Kael levantó lentamente la mirada.
—¿Qué perdí?
Umbra permaneció en silencio.