Kael y Lyra caminaron por el bosque.
Sin escoltas.
Sin espadas.
Sin hablar.
Después de varios minutos...
Lyra rompió el silencio.
—Dicen que eres un monstruo.
Kael respondió.
—También decían que era un niño maldito.
Lyra sonrió.
—¿Y cuál eres?
Kael miró el cielo.
—Depende de quién cuente la historia.
Ella soltó una pequeña risa.
Era la primera vez que alguien respondía así.
Llegaron a un lago.
El agua reflejaba el cielo.
Lyra observó a Kael.
—¿Nunca te cansas?
Kael respondió.
—Todos los días.
—Entonces...
¿Por qué sigues?
Kael guardó silencio unos segundos.
Luego dijo:
"Porque alguien tiene que seguir caminando..."
Miró el reflejo del agua.
"...aunque ya no recuerde por qué empezó."
Lyra sintió un nudo en la garganta.
Comprendió la verdad.
El Réquiem...
Ya estaba robándole su pasado.
Y aun así...
Seguía luchando.
Por personas...
Que quizá algún día olvidaría.
Muy lejos...
Aion observaba la escena.
Y sonrió.
—Ahora entiendo.
Morven apareció a su lado.
—¿Qué entiendes?
Aion respondió.
—No derrotaremos al Fundador...
Derrotaremos...
Al hombre.