Fundador -Libro Ii: Los Dioses Del Fin

Capítulo 22 El Segundo Juicio

El cielo volvió a romperse.

Los doce círculos aparecieron otra vez.

Pero esta vez...

No descendió Aion.

Descendió otro dios.

Vestía una armadura roja.

Medía casi tres metros.

Su capa parecía estar hecha de llamas.

En su espalda llevaba una espada gigantesca.

Cada paso hacía temblar continentes.

Kael levantó lentamente la vista.

—¿Quién eres?

El dios clavó su espada en el suelo.

El impacto abrió una grieta de cientos de kilómetros.

Sonrió.

—Mi nombre...

Es Tharos.

Dios de la Guerra.

Los soldados comenzaron a temblar.

Los Apóstoles sintieron una presión insoportable.

Tharos observó a Kael.

Y comenzó a reír.

Una carcajada inmensa.

—¿Tú eres el hombre que hizo sangrar a Aion?

Kael no respondió.

Tharos levantó su espada.

—Perfecto...

Hace millones de años...

Que nadie me emociona.

El dios desapareció.

Apareció justo frente a Kael.

No utilizó magia.

No utilizó habilidades.

Solo...

Le dio un puñetazo.

¡¡¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOOM!!!

Kael salió disparado.

Atravesó diez montañas.

Después un océano.

Y terminó incrustado en un continente lejano.

Toda Duskaria quedó en silencio.

Tharos apoyó la espada sobre su hombro.

Y dijo con una sonrisa enorme:

"Levántate..."

Silencio.

"...o me decepcionarás igual que todos los demás."

Entre el polvo...

Una risa comenzó a escucharse.

Primero baja.

Luego más fuerte.

"...Je..."

"...Jejeje..."

"JAJAJAJAJAJAJA..."

Una columna de oscuridad atravesó el cielo.

Kael salió caminando entre las llamas.

Con el brazo izquierdo completamente roto.

Con sangre cubriéndole el rostro.

Pero...

Sonriendo.

Escupió un poco de sangre al suelo.

Miró a Tharos.

Y dijo una frase que hizo sonreír incluso al Dios de la Guerra.

"Al fin..."

Levantó Mors Aeterna.

"...alguien golpea como si realmente quisiera matarme."

Tharos comenzó a reír a carcajadas.

—¡¡JAJAJAJA!!

—¡Ahora sí!

—¡Peleemos, Fundador!

Los dos desaparecieron al mismo tiempo.

El choque de sus puños rompió las nubes de todo el planeta.

Y la verdadera batalla...

Apenas comenzaba.




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