La guerra se había detenido.
Por primera vez...
Kael no estaba entrenando.
Estaba caminando.
Solo.
Llegó hasta una pequeña aldea.
Los niños corrían entre las casas.
Una anciana vendía pan.
Un hombre construía una carreta.
Todo era... tranquilo.
Kael observó el lugar durante varios minutos.
Una niña se acercó.
No tendría más de siete años.
Le tiró suavemente de la capa.
—Señor...
Kael bajó la mirada.
—¿Sí?
La niña le entregó una pequeña flor azul.
—Gracias.
Kael quedó inmóvil.
—¿Por qué?
—Mi mamá dice que usted hizo que ya no hubiera guerra.
Kael miró la flor.
Era la primera vez...
Desde Orion...
Que alguien le regalaba algo sin pedir nada a cambio.
No supo qué responder.
Solo inclinó un poco la cabeza.
Y siguió caminando.
Desde lejos...
Lyra observaba la escena.
Sonrió.
—Así que este es el verdadero Kael...
No el Fundador.
Solo... Kael.