Habían pasado dos meses.
Kael entrenaba completamente solo.
No buscaba hacerse más fuerte.
Buscaba...
entender el Réquiem.
Umbra observaba desde una roca.
—Otra vez.
Kael volvió a intentar abrir la puerta.
Nada.
—Otra vez.
Miles de veces.
Nada.
Su cuerpo comenzaba a romperse.
La oscuridad escapaba de sus heridas.
Umbra suspiró.
—No entiendes.
Kael respiraba con dificultad.
—Entonces explícame.
Umbra bajó lentamente la cabeza.
—La puerta no responde al odio.
—¿Entonces?
—Responde...
...al sacrificio.
Silencio.
—Cada vez que decides entregar una parte de ti por alguien más...
La puerta se abre sola.
Kael quedó inmóvil.
En ese momento recordó...
La niña que le regaló la flor.
Orion.
Nox.
Aether.
Lyra.
Su corazón comenzó a latir.
La enorme puerta negra apareció nuevamente.
¡¡CRAAAAAAACK!!
El segundo cerrojo se rompió.
La puerta...
Se abrió un poco más.
20 %.
Toda la oscuridad del planeta reaccionó.
Las sombras comenzaron a moverse solas.
Los océanos se oscurecieron.
Los volcanes dejaron de expulsar lava.
Ahora expulsaban oscuridad.
Los doce dioses levantaron la mirada.
Aion habló lentamente.
—Lo consiguió...
Morven apretó los puños.
—Está creciendo demasiado rápido.
El Arquitecto abrió lentamente los ojos.
Por primera vez...
Mostró preocupación.