Kael despertó.
Le dolía la cabeza.
Mucho.
Salió de la cabaña.
Lyra lo esperaba.
—Buenos días.
Kael sonrió.
—Buenos días.
Ella le entregó una taza de té.
Kael la observó unos segundos.
—Gracias...
Hubo un pequeño silencio.
Entonces preguntó...
—Perdón...
¿Cómo dijiste que te llamabas?
...
El mundo...
Pareció detenerse.
La taza cayó lentamente al suelo.
Se rompió.
Lyra permaneció inmóvil.
No podía hablar.
Kael la observaba confundido.
—¿Nos conocemos?
Las lágrimas comenzaron a recorrer lentamente el rostro de Lyra.
Pero...
Sonrió.
Una sonrisa dulce.
Llena de dolor.
—Sí...
Nos estamos conociendo otra vez.
Kael sonrió con amabilidad.
—Mucho gusto.
Soy Kael.
Ella respondió.
Con la voz quebrada.
—Lo sé...
Sé perfectamente quién eres.
Kael extendió la mano.
—Entonces...
Empecemos de nuevo.
Lyra tomó su mano.
Mientras por dentro...
Sentía que el corazón se rompía en mil pedazos.
Desde muy lejos...
Umbra observaba.
Y bajó la mirada.
—El precio...
Ya comenzó.