Fundador -Libro Ii: Los Dioses Del Fin

Capítulo 37 La Sonrisa del Monstruo

Aquella noche...

Un ejército de criaturas del vacío descendió sobre Duskaria.

Miles.

No.

Millones.

Consumían ciudades enteras.

Los Apóstoles entraron en combate.

Lyra protegía a los civiles.

Kael llegó caminando.

Lentamente.

Con Mors Aeterna sobre el hombro.

Una criatura gigantesca descendió frente a él.

Medía más de cien metros.

Tenía cientos de ojos.

Y una boca capaz de devorar montañas.

Rugió.

Todo el continente tembló.

Kael levantó lentamente la cabeza.

Y...

Sonrió.

No era una sonrisa humana.

No era una sonrisa de felicidad.

Era una sonrisa...

Fría.

Retorcida.

Como si estuviera disfrutando cada segundo.

Sus ojos perdieron todo rastro de compasión.

La oscuridad comenzó a escapar de su cuerpo.

Umbra apareció detrás de él.

Y, por primera vez...

Retrocedió un paso.

—Kael...

No...

La puerta del Réquiem apareció.

No se abrió más.

Pero...

Su influencia envolvió la mente de Kael.

Él comenzó a caminar.

Cada paso desprendía una presión insoportable.

Las criaturas empezaron a retroceder.

No por órdenes.

Por instinto.

Como los animales cuando sienten venir a un depredador.

Kael se detuvo frente al monstruo.

Lo observó unos segundos.

Y dijo con una voz tan tranquila que resultaba aterradora:

"¿Tú..."

Silencio.

"...eres el más fuerte de este ejército?"

La criatura rugió.

Kael soltó una carcajada.

Una risa profunda.

Vacía.

"Ja..."

"Ja..."

"JAJAJAJAJAJAJA..."

Su expresión era completamente maquiavélica.

La comisura de sus labios se elevó de una forma antinatural.

Sus ojos brillaban como dos abismos negros.

No había ira.

No había odio.

Solo una emoción.

Emoción por la cacería.

Lyra sintió un escalofrío.

Nunca lo había visto así.

No parecía Kael.

Parecía...

La Muerte usando su cuerpo.

En un solo movimiento...

Kael desapareció.

Nadie vio el ataque.

Solo escucharon un sonido.

...shhk.

El monstruo permaneció inmóvil.

Después...

Su cuerpo completo se dividió en millones de fragmentos negros.

Todo el ejército quedó paralizado.

Kael levantó lentamente Mors Aeterna.

Sonriendo.

Con aquella expresión que haría huir incluso a los dioses.

Y pronunció una frase que dejó helados a todos.

"Siguiente."

El ejército entero...

Comenzó a retroceder.

Porque entendieron algo.

Ellos no estaban invadiendo el mundo.

Habían entrado al territorio del depredador equivocado.




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