La noticia se extendió por todo el mundo.
No fueron los dioses.
No fueron los reyes.
Fueron los sobrevivientes.
"El Fundador sonrió..."
"...y el ejército desapareció."
Desde aquel día comenzaron a llamarlo...
El Cazador del Fin.
Kael permanecía sentado sobre una montaña de cadáveres de criaturas.
No sentía orgullo.
Solo silencio.
Lyra llegó lentamente.
—¿Estás bien?
Kael observó la sangre en sus manos.
—No lo sé...
—¿Qué ocurrió?
Él tardó varios segundos en responder.
—Mientras peleaba...
Disfruté.
Lyra permaneció callada.
—Eso me asusta.
Ella se sentó junto a él.
—No disfrutaste matar.
Disfrutaste proteger.
Kael negó lentamente.
—No...
Disfruté encontrar un enemigo fuerte.
El silencio volvió.
Umbra apareció detrás.
—El Instinto del Réquiem...
Está despertando.
Kael levantó la mirada.
—¿Eso soy yo?
Umbra respondió con sinceridad.
—No.
Es la parte de la Muerte...
Que vive dentro de ti.
Aquella noche...
Kael clavó Mors Aeterna frente a él.
Y juró algo.
"Si algún día dejo de distinguir entre proteger y destruir..."
Cerró lentamente los ojos.
"...quiero que alguien tenga el valor de detenerme."
Lyra sintió un escalofrío.
Porque sabía...
Que quizá ese día llegaría.