A la mañana siguiente...
Kael entró solo a la biblioteca.
Tomó una hoja.
Y comenzó a escribir.
No era una estrategia.
No era un mapa.
Era una carta.
La dobló.
La guardó dentro de la libreta.
Lyra apareció detrás.
—¿Qué escondes ahora?
Kael sonrió.
—Una carta.
—¿Para quién?
Él permaneció unos segundos en silencio.
Después respondió.
—Para mí.
Lyra quedó confundida.
Kael explicó:
—Si algún día olvido quién soy...
Quiero que alguien me entregue esto.
Ella asintió.
—¿Puedo leerla?
Kael negó lentamente.
—Todavía no.
Porque aún no está terminada.
Aquella noche...
Mientras Kael dormía...
Lyra observó la libreta.
No la abrió.
Solo la sostuvo entre sus manos.
Y sonrió.
—Prometo...
Que si un día olvidas todo...
Yo te la entregaré.
Guardó la libreta cuidadosamente.
Después caminó hasta la puerta.
Antes de salir...
Volteó una última vez hacia Kael.
Él dormía profundamente.
Una pequeña sonrisa descansaba en su rostro.
Lyra susurró muy bajito...
Para que solo el viento pudiera escucharla.
"Buenas noches..."
Hizo una pausa.
Y, por primera vez...
Lo dijo.
Aunque él no pudiera oírla.
"...mi amor."
Cerró la puerta.
Sin saber...
Que Kael todavía estaba despierto.
Él abrió lentamente los ojos.
No había escuchado toda la frase.
Solo la última palabra.
"...amor."
Sonrió levemente.
Y pensó:
"Qué palabra tan bonita..."
Sin entender por qué...
Aquella noche soñó con una mujer de cabello plateado.
Pero cuando despertó...
No pudo recordar su rostro.