Los días pasaron.
Adam siempre estaba con Lili, no había ningún momento para poder acercarme a ella. Los únicos instantes en los que podía hablarle eran en el taller de dibujo, pero no era suficiente.
2:00 p. m.
Iba rumbo a mi salón de clases. Caminaba por el patio de la escuela cuando noté que algo malo estaba ocurriendo: estaban molestando a un chico con lentes, al parecer eran los abusivos de la escuela.
—¡Hey, ustedes! Será mejor que se vayan antes de que llame a sus padres.
Eran tres alumnos de cuarto grado. Su estatura era similar a la mía, pero no podía quedarme de brazos cruzados viendo cómo abusaban de un pobre chico. Solo tenía que hacerme el fuerte y probablemente se irían. Era un clásico.
De repente, el líder del grupo se acercó a mí. Le hablé:
—¿Ya se van?
—Nos iremos, pero primero te enseñaré a no meterte en asuntos ajenos.
—¿Eh?
Alguien gritó:
—¡Pelea!
En cuestión de segundos, estaba rodeado por alumnos que observaban. La Loli incluso tomó una foto de la escena.
—¡Demonios! ¡El plan fracasó! Ahora yo soy la víctima...
Max y Yum Yum se dieron cuenta de la multitud y se acercaron. Max habló:
—¿Ese no es Dai?
—¡Dai! Espera, llamaré a la directora.
Yo respondí justo cuando el líder me lanzó un puñetazo. Sin embargo, Adam lo detuvo con gran facilidad. El abusador se sorprendió:
—¿¡Adam-sama!?
—¿Qué está pasando aquí? Otra vez molestando a los demás... parece que tendré que enseñarles algunos modales.
—¡Perdónanos, Adam-sama! No sabíamos que él era tu amigo. ¡No volveremos a hacer nada malo! ¡Adiós!
—¡Bien! Ya se acabó todo. Vuelvan a lo que estaban haciendo.
Todos regresaron a sus asuntos. Yum Yum y Max se acercaron. Yum Yum parecía preocupada, pensé que venía por mí, pero fue directo hacia Adam.
—¿Estás bien? ¿Todo bien?
—¡Oye! ¡Yo también estoy aquí!
Max respondió:
—Qué bueno que estás bien, Dai. Nos diste un susto.
—No se preocupen, por suerte Adam intervino. Si no...
Estaba sorprendido. No pensé que Adam me salvaría de una paliza. Él sonreía amigablemente:
—Jaja, no fue nada. Por cierto, ¿cómo te llamas? Yo soy Adam Hamasaki.
—Yo soy Dai Cujichi.
—Bueno, Dai, ya me tengo que ir. ¡Nos vemos!
—¡Sí! Gracias nuevamente...
Demonios... pensar que le voy a quitar a la chica que le gusta. Me siento mal.
Yum Yum quedó en shock.
—¡Sabe mi nombre... sabe mi nombre!
—Max, encárgate de ella, por favor.
—¡Sí! —respondió Max sonriendo.
La clase de Comunicación comenzó. La profesora nos había dejado de tarea leer la obra La princesa de hielo. Era la única que no había leído aún. Al parecer, todos los demás ya la conocían.
Cuando la clase terminó, le pregunté a Yum Yum:
—Oi oi, ¿en la biblioteca tienen La princesa de hielo?
—Sí, deberías leerla. Es corta.
—Eso estaba planeando.
Entré a la biblioteca y me sorprendí. Era enorme, y era mi primera vez ahí.
—¡Woooooo!
Una señorita con anteojos me dio la bienvenida y me pidió que hiciera silencio.
—Vale, vale. ¿Sabes dónde está el libro La princesa de hielo?
—Al fondo, a la derecha.
—Gracias.
Caminé despacio, observando todo. Al llegar al fondo, vi a Lili buscando un libro. Me escondí, nervioso, y murmuraba:
—¿Qué está haciendo Lili aquí?
Respiré hondo y caminé como si no la hubiera visto. Ella me miró sorprendida, yo también.
—Vaya, qué coincidencia encontrarte aquí —dije.
—Sí… ¿también buscas un libro?
—Aaa... sí, me dejaron leer La princesa de hielo.
—Vaya, a mí también, jaja. ¿Quieres que lo leamos juntos?
—¡Claro! ¿Por qué no?
En mi mente gritaba: ¡El mejor día de todos!
Encontramos el libro y fuimos a sentarnos. Estábamos muy cerca. Yo estaba sonrojado y nervioso. Comenzamos a leer. Ese era el libro por el cual le pusieron el apodo de "La princesa de hielo" a Lili.
La historia trataba de una princesa de cabello plateado, temida y adorada por ser la única con magia de hielo. Viajaba para derrotar al Rey Demonio sin ayuda, pero un chico se enamora de ella y la acompaña. Tras la batalla, la princesa resulta gravemente herida. El chico llora mientras la sostiene en brazos. Ella se sacrifica para salvar al mundo.
Al terminar, le hablé a Lili:
—Wow, qué final tan triste. Pensé que viviría.
—Yo también... ¡Oye!
—¿Eh?
—Las clases ya deben haber comenzado. ¡Debemos volver!
—¡Demonios! Es verdad.
Ambos salimos corriendo. Me preguntaba si podía haber algo mejor que eso.
—Nos vemos luego —me despedí.
—¡Sí!
Toqué la puerta y el profesor me habló:
—Muy tarde.
—Lo siento, lo siento.
—Está bien, toma asiento.
Era la clase de gimnasia. El profesor explicó lo que haríamos. Salimos al patio a practicar vóley. Max y yo practicábamos mientras conversábamos.
—Qué bueno que no te dieron una paliza, Dai.
—Sí, tuve suerte. Quise defender al indefenso, pero al final... fui otro indefenso más.
—Debes tener más cuidado.
—¡Sí!
Vi a Adam rodeado de chicas. Solo se avergonzaba y sonreía. ¿Será por eso que Nina-sama no lo soporta?
—¡Cuidado!
—¿Eh?
Me cayó la pelota en la cabeza.
—¡Auch! Eso dolió...
—Lo siento, estabas distraído.
—Así me las vas a pagar.
Lili me observaba desde el tercer piso. Sonreía.
Pasamos dos horas de práctica. Estaba exhausto. El profesor hizo sonar el silbato:
—¡Bien! La clase ha terminado.
Caí al suelo, agotado.
—No soy... no soy bueno en estas cosas.
Max también estaba tirado.
—Dímelo a mí...
Todos salían rumbo a casa. Yum Yum ya se había ido. Max se despidió:
—Bueno, Dai, me voy. ¡Nos vemos mañana!