Futuro CarmesÍ

Capítulo 1. Recuerdos del pasado:

Escucho una ambulancia muy cerca; un gran bullicio abruma todo el área.

-¡Traigan la camilla!-

¿Una camilla? ¿Para quien es?

-Este hombre está en muy mal estado, tenemos que actuar rápido-.

No puedo ver nada, solo escucho voces; pisadas, unas puertas cerrando y preocupación. Me siento débil y cada vez pierdo más la conciencia, ¿Entonces la ambulancia es para mí?

-Ya casi llegamos al hospital, ¿Cómo está el paciente?-algo toca mi cuerpo-.

-Estable pero sigue perdiendo mucha sangre-siento un pinchazo en mi brazo-.

-Ya llegamos, bájenlo con cuidado-.

¿Ya llegamos? Estoy perdiendo el sentido del tiempo.

-Bájenlo con cuidado -siento que todo tiembla-.

-¿Qué tenemos aquí?-es la voz un hombre de avanzada edad-.

-Un hombre con múltiples contusiones, sangrado interno y perdida de su brazo izquierdo; estuvo presente en una gran explosión en el centro de la ciudad-.

¡¿Mi brazo!? ¡¿Qué diablos está pasando!?

-Hay que llevarlo a cirugía rápido, que la doctora Megan y el doctor Joseph sean mis asistentes-

-Entendido-.

Nuevamente mueven mi cuerpo, tengo miedo y siento que voy a morir; por primera vez no deseo sentir eso. Quiero vivir y terminar con... terminar con... ¿Con qué tengo qué terminar? Mis pensamientos están revueltos. Tengo que recordar, se que era algo importante maldita sea.

-Todo listo para empezar la cirugía doctor Francis-.

-Gracias doctora; Joseph, empieza a introducir el sedante-.

-Entendido doctor-.

No... aún no... debo de saber qué diablos pasa... por favor recuerda; ¿Qué pasó?-el sedante empieza a hacer efecto- debo... debo... recordar...-por fin caigo ante el cansancio, y empiezo a tener un sueño-.

-Recordar... recordar...-.

¿La voz de una señora?

-Recordar eso es difícil...-limpia su nariz con un pañuelo- ¿Usted cree que es verdad?-.

¿Verdad? ¿De qué está hablando?

-¿Me está escuchando detective?-.

Por supuesto que sí, es difícil no hacerlo.

-¡Detective!-por fin despierto-.

-¡Sí! -me levanto exaltado- claro que la escucho señora Margaret, lamento mucho que pase por esto -ya recuerdo... es mi primer caso después de mucho tiempo-.

-Lo es... mi amado siempre ha sido fiel y amoroso... ¡pero esa perra lo engañó! ¡Estoy seguro de eso!-.

-Por el momento es lo que las pruebas dicen hasta ahora señora Margaret-.

Ella es la señora Margaret, es mi cliente desde hace poco y me contrató para confirmar la infidelidad de su esposo... así es... un detective certificado está siguiendo a un anciano por dinero, pero eso es lo que ocasionó la superioridad de las máquinas. Desde hace sesenta años las máquinas empezaron a invadir el mundo entero, están en todos lados; desde cocina, ingeniería, ciencia, música, dibujo, todo lo que se pueda imaginar uno, lo han acaparado unos malditos robots. Obviamente la policía no fue la excepción; el departamento donde estaba fue considerado "obsoleto", obligando a mi jefe a entregarlo al gobierno. Para evitar el desempleo masivo, los más veteranos (como en mi caso) fueron asignados al área de papelería... los odio. Al final renuncie y comencé con mi propio departamento. Al principio todo estaba bien, la gente que no confiaba en los robots iba conmigo y siempre ganaba bien. Pero con el paso de los años la delincuencia bajó, las personas veían a la robótica como una salvación, y los "trabajadores de carne" (proclamados así por la misma humanidad) fueron en decadencia. A decir verdad, la señora Margaret fue mi salvación para pagar mi alquiler.

-¿Entonces piensa que es verdad?-.

-Mire, el día de hoy su esposo saldrá a las dos de la tarde para verse con alguien en el parque cercano. Voy a seguirlo y tomaré fotos de cualquier sospecha-.

-Muchas gracias detective -dice sollozando- haga lo que tenga que hacer -se levanta de la silla, toma su bolsa y abre la puerta de mi despacho- se merece mucho más que esto detective Sanders-.

-Gracias señora Margaret -lo se-.

 

 

 

Por fin estoy solo, aún no puedo creer que esté haciendo esto. Desde buscar mascotas hasta objetos perdidos, y pensar que antaño fui el mejor detective de la ciudad.

Veo mi reloj y noto que aún es temprano, supongo que puedo tomar una ducha. Paso a mi "oficina privada" (que es en realidad el lugar donde vivo). Me desvisto y entro al baño; dejo que el agua se lleve mi sudor y me permito relajarme un poco. Me toma unos cuantos minutos pero por fin salgo hacia mi "vestidor" (un simple armario de unos cuantos metros de altura). Me pongo mi clásico saco color negro junto a su sombrero; tomo mi cajetilla de cigarros y lo guardo en mi bolsillo (no sin antes encender y poner uno en mi boca); también guardo mi cámara para capturar cualquier prueba importante; me miro al espejo.

-Estúpido detective de los años sesenta-.

Vuelvo a ver mi reloj y noto que ya es la hora de entrar en acción; me siento patético al pensar que voy a espiar a un jubilado. Salgo de mi oficina y empiezo a bajar las escaleras, tomaría el ascensor pero obviamente está dañado. Mientras desciendo por el mar de apartamentos empiezo a recordar todas las pistas que tengo a mano.

Empecé a investigar al esposo de la señora Margaret hace dos semanas; su nombre es Julio, un simpático señor de setenta y cinco años y jubilado; vive con su esposa a pocas manzanas de mi despacho. Su esposa empezó a sospechar de él desde que regresó con un aroma a perfume femenino, recalcado por mi cliente como "barato y digno de una prostituta". Después de eso seguí su rutina; su día empieza con una lectura mañanera en su balcón de siete a ocho de la mañana, después de eso sale a tomar un paseo por las calles (de ocho a diez), entra a una cafetería donde pide un clásico cheesecake con un café americano (de diez a doce), al salir visita una librería donde se pasa una media hora viendo distintos libros de historia bélica; y finalmente su rutina termina al entrar a un sauna donde se pasa dos horas disfrutando del vapor (doce a dos). En una de esas ocasiones, entré junto con él como cualquier cliente normal, esperando el momento perfecto para indagar entre sus pertenencias y encontrar cualquier pista. Pasado un rato ese momento llegó, se quedó dormido y pude ir a los casilleros e invadir el suyo; pude encontrar su teléfono y (agradeciendo que era viejo y no tenía contraseña) revise sus mensajes. Tenía muchas conversaciones con antiguos amigos, reportes para su esposa, llamadas hacia su hijo y... un interesante chat con una mujer llamada Sofía. En el había platicas con un tono... romántico, tal vez demasiado; muchos corazones, besos, imágenes que quisiera olvidar y una cita para el veinticinco de este mes a las dos de la tarde en el parque comunal. Gracias a eso acabé así.




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