Gabriel Ii: Una nueva batalla comienza. [saga Angels #2]

¿Quién es Lilith?

Capítulo II: 

¿Quién es Lilith?

 

El ruido de la alarma me despierta, la busco a tientas aún con los ojos cerrados. Cuando al fin la encuentro la tiró y escucho como se estrella contra la pared.

Me acomodó otra vez en la cama y me vuelvo a dormir. Pero eso no dura mucho, ya que alguien entra y comienza a moverme.

— ¡Despierta de una puñetera vez! ¡Llegaremos tarde! — grita Gonzalo.

A regañadientes me levanto de mi preciada cama y me encaminó hacia el baño a ducharme.

Luego de los quince minutos más relajantes de mi vida, salgo y me alistó para la Universidad. Hoy tengo doble turno en la cafetería, todo sea por un dinero extra.

No es fácil la vida como humano, pero yo he decidido vivirla así. Salgo de la habitación y voy hasta la cocina por un café.

Sin cafeína en mi sistema no funcionó bien, es como mi fuente de energía para tener un buen día y para no estar apagado. Una vez en la cocina, agarro una taza y me sirvo café en ella.

Preparo algunas tostadas y la devoró en un segundo. Una vez acabado todo, agarro mi mochila y salgo hacia el auto que comparto con mi mejor amigo.

El susodicho ya estaba en el, esperando por mí. Una vez dentro lo escucho resoplar algo molesto.

— ¡Hey! Tranquilo, llegaremos a tiempo — sonrío mostrando mis dientes.

— No me conveceras con esa maldita sonrisa moja bragas. Conmigo no funciona, idiota — replica fastidiado y poniendo en marcha el auto.

Niego divertido — Algún día funcionará, lo sé — digo divertido.

Suelta un bufido y sigue conduciendo hacia la Universidad. Odia llegar tarde y según él siempre llegamos tarde. ¡Exagera!

Luego de unos quince minutos, el auto es estacionado frente a la Universidad. Agarro mi mochila y bajo.

Camino hacia el edificio, me dirijo hacia mi primer clase. Historia del periodismo, nunca creí que me llegaría a gustar Historia y menos cuando en el Instituto le detestaba a muerte.

Entró en el aula y me siento en mi lugar habitual. El Profesor Hudson entra y da comienzo a la clase.

(...)

Al fin terminaba mi horario de clases y podía empezar mi turno en la cafetería. Doble turno para ser exactos, necesitaba el dinero. Las cuentas no se pagan solas, ojalá fuera así de simple.

Entro en el auto y Gonza le da vida al motor. Luego de quince minutos nos encontrábamos en el estacionamiento de la cafetería.

Ambos bajamos y caminamos hacia el lugar.

(...)

Sólo llevaba dos horas aquí y ya quería irme. ¡Joder! Ahora si prefiero la vida de un ángel y estar de misión en misión.

Siento la puerta del local ser abierta y a Emma entrar. Se sienta en su mesa de siempre, caminó hacia ella.

— Hola Emma, ¿lo de siempre? — pregunté con una pequeña sonrisa.

— Sí y una soda por favor — sonrió ampliamente y se formaron unos hoyuelos en sus mejillas.

— Ya te traigo tu pedido — me despedí y caminé a la cocina.

Le pido a Jackson el pedido y espero paciente a que todo este listo. Gonzalo aparece en la cocina con una gran sonrisa en su rostro. ¿Y a este que le sucede?

Levanté una de mis cejas y le miré esperando a que me dijera la razón de esa felicidad.

— ¿Por qué me miras así? — inquirió.

— No lo sé, tal vez sea porque vienes con una sonrisa como si hoy fuera tu cumpleaños. ¿Y que crees? No lo es — bromeé.

Soltó una carcajada y negó con la cabeza divertido — Acabo de conseguir un número de teléfono de una hermosa chica — explica.

— Genial — sonreí — Ya es hora de que sientes cabeza, pequeño — le di unas palmaditas a su espalda.

— Aunque no soy el único que debería hacerlo — me miró seriamente.

¿Qué parte de que somos un ángel y no podemos tener una relación no se entiende?
 

Eso mismo me pregunto yo.
 

Negué con la cabeza — Ya hemos hablado de esto muchas veces y siempre diré lo mismo — lo miré seriamente — No pienso salir con nadie — dije con firmeza.

— ¡Joder Gabriel! Ya es hora de que te habrás a más posibilidades, ella no volverá y si vuelve será como la verdadera Lilith la que siempre debió ser — espeta.

— ¡No digas eso ni de coña! ¡Ella siempre será la misma! ¡La misma mujer de la que me enamoré! — exclame molesto y comenzando a perder los estribos.

— Sabes que tengo razón, ella lleva mucho tiempo ahí — hizo una seña hacia el suelo —, Y él se debe de haber encargado de regresarla al bando donde realmente pertenece — cruzó sus brazos sobre su pecho.

Me niego a creerlo, ella no se olvidaría de mí. No puede hacerlo, ella me ama y yo la amo. Jamás volvería a ser la de antes, no lo haría. Lo prometió, sé que volverá y podremos estar juntos. ¡Joder! ¿Por qué nadie puede entenderlo? ¿Por qué no pueden apoyarme?




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