La tierra firme es una ilusión frágil, un paréntesis efímero en la inmensidad del dominio de los mares.
Hubo un tiempo en que el mundo conocido se resumía en la geografía de la pequeña Omnia, un refugio donde la Savia vertió su diseño más minucioso para gestar la civilización de Gadir.
Pero los reinos nacidos del fuego y de la piedra no tardan en comprender que sus fronteras naturales son, en realidad, cadenas invisibles.