Gadir "Reino de los Mares"

3. Tres Naves y Un Destino

Los miembros del consejo se congregaron en una solemne asamblea para debatir un mandato ineludible: la construcción de nuevas naves y la masiva ampliación de las tripulaciones.

Para ello, se puso en marcha un riguroso programa de instrucción donde los candidatos fueron moldeados con dureza, preparados para resistir las inclemencias, el hambre y los horrores imprevistos que aguardaban en altamar.

El éxito del viaje fundacional había disipado los temores iniciales, impregnando la isla de un clima de fervor, augurios prósperos y una esperanza insaciable.

Por las orillas serenas del mar Origo Aque, el rey Prometeo y la reina Felicia caminaban de la mano, con las siluetas recortadas contra el crepúsculo.

Contemplaban el firmamento estrellado, imaginando el día en que las velas de su flota se fundieran con aquel paisaje celestial.

La reina, con una mezcla de profunda satisfacción y silenciosa admiración, observaba al monarca mientras este desgranaba en voz alta sus visiones del futuro, profecías que sus manos se empeñaban en volver realidad.

En los muelles de Gadir, ya se mecían amarradas tres imponentes naves, listas para desgarrar el horizonte en una nueva travesía.

Fue allí donde el príncipe Caronteo, con el paso firme de los hombres de mar, se acercó a su hermano y le planteó la pregunta que todos rumiaban en los pasillos del palacio:

​—Su majestad, en el reino no se habla de otra cosa... Todos se preguntan cuándo será el día en que el rey mismo encabece una misión.

​Prometeo lo miró con gravedad, posando una mano firme sobre su hombro:

​—Mi querido hermano, en ti he delegado la autoridad máxima para dirigir la flota en alta mar.

Mi función aquí es proteger, cimentar y atender las exigencias del bienestar del reino.

Partir hacia lo desconocido implicaría un riesgo absoluto que podría desestabilizar los cimientos mismos de Gadir.

Por tal motivo, tú eres y seguirás siendo el comandante y responsable supremo de la flota real.

Caronteo inclinó la cabeza, con el orgullo brillando en sus ojos:

​—Es una responsabilidad colosal la que has depositado en mí, y te juro que la llevaré adelante con todo el ímpetu y la sangre que amerita.

Pasó una semana bajo una tensa y febril preparación hasta que todo estuvo listo.

El rey convocó en su cámara privada al comandante de la flota, al gran maestre y al círculo íntimo de asesores para trazar el mapa de la ambición.

El objetivo de esta segunda expedición era titánico: circunnavegar la totalidad del vasto continente, explorar sus costas ocultas y abrir la puerta a la existencia de otras civilizaciones, retornando a los puertos de Gadir con respuestas que justificaran el destino de su estirpe.

Los nuevos tripulantes fueron distribuidos con precisión quirúrgica entre las tres embarcaciones.

Al frente de la vanguardia marchaba la nave insignia, bautizada Reina Savia; le seguía de cerca la Reina Felicia, y cerraba la formación la tercera nave, robusta y solemne, llamada Reino de Gadir.

​Con el rugido de los vientos a favor y los vítores de un pueblo entero despidiéndolos desde los muelles, las tres embarcaciones cortaron el agua y partieron resueltas en busca de los abismos del mundo.




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