La lluvia golpeaba los ventanales de la oficina de la directora como dedos nerviosos.
La preparatoria 賢者 Kenja permanecía extrañamente silenciosa aquella tarde del 8 de abril de 1992. Los clubes ya habían terminado sus actividades y la mayoría de los estudiantes habían regresado a casa, dejando los pasillos vacíos bajo la fría luz fluorescente que parpadeaba ocasionalmente.
La directora Miroki observaba fijamente a los tres estudiantes sentados frente a su escritorio.
Katsuro mantenía las manos dentro de los bolsillos de su uniforme intentando aparentar calma. Jun evitaba levantar la mirada, claramente preocupado. Y Haru...
Haru no dejaba de temblar.
—Necesito que me digan todo lo que sepan sobre Masaru —dijo Miroki mientras acomodaba unos papeles sobre el escritorio—. Sus padres están desesperados. Lleva cuatro días desaparecido.
El sonido de la lluvia llenó el silencio que siguió.
—Ya le dijimos todo lo que sabemos —respondió Katsuro—. No ha venido a clases... tampoco responde llamadas.
Jun asintió lentamente.
—Pensamos que quizá había escapado de casa.
Miroki suspiró cansada. Bajo las luces blancas de la oficina, las profundas ojeras bajo sus ojos parecían aún más marcadas.
Otro estudiante había desaparecido y no era el primero.
Entonces un murmullo quebró el silencio.
—Ga... ku... sei...
La directora levantó lentamente la mirada.
Haru observaba fijamente el suelo.
Sus labios temblaban.
—¿Qué dijiste? —preguntó Miroki.
El joven tragó saliva.
—Gakusei...
Esta vez su voz salió más clara.
Más aterrada.
El ambiente dentro de la oficina pareció enfriarse.
Incluso la lluvia afuera parecía haberse debilitado.
—Joven Hinami —dijo la directora con firmeza—. No empiece con esas tonterías. Es solo una leyenda urbana.
Pero su voz no sonó convincente.
Porque todos en Kenja conocían la historia.
La estudiante de la mascarilla, la chica encontrada dentro del cemento.
La aparición del segundo piso y las desapariciones en grupos de cuatro.
Haru levantó la cabeza lentamente.
Sus ojos estaban completamente abiertos.
—Masaru ya está muerto.
Jun giró bruscamente hacia él.
—¿Qué demonios estás diciendo?
—¡Ella ya vino por él! —gritó Haru levantándose de golpe de la silla—. ¡Ahora vendrá por nosotros!
Katsuro palideció.
—Haru, basta...
—¡No lo entienden! —continuó desesperado—. Siempre empieza igual... primero desaparece uno... y después pasan cuarenta y cuatro días...
La respiración del joven se volvió errática.
—Ella sufrió cuarenta y cuatro días antes de morir... y después regresa por el resto.
Miroki sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Haru señaló a Jun y Katsuro con manos temblorosas.
—Éramos cuatro.
El silencio cayó de golpe sobre la oficina.
Jun retrocedió un paso.
—...¿Qué?
—Hace un mes entramos al segundo piso después de clases —susurró Haru—. Solo queríamos ver el cubículo.
Katsuro cerró los ojos inmediatamente.
Como si hubiera intentado olvidar aquello desde entonces.
—El cubículo de Gakusei... —continuó Haru—. La puerta estaba abierta.
La lluvia volvió a intensificarse afuera.
—Y Masaru dijo que todo era una estupidez.
Haru comenzó a respirar más rápido.
—Golpeó la puerta del cubículo y empezó a burlarse de ella...
Su voz se quebró.
—Entonces escuchamos los golpes.
Tres golpes secos.
Desde adentro.
Jun comenzó a negar lentamente con la cabeza.
—No... no fue real...
—¡YO TAMBIÉN QUIERO CREER ESO! —gritó Haru.
La directora dio un paso hacia él, pero el joven retrocedió inmediatamente.
Aterrorizado.
—Masaru desapareció cuatro días después del ritual —susurró—. Igual que en la historia.
La oficina quedó completamente muda.
Solo podía oírse el zumbido de las luces fluorescentes.
Y la lluvia.
—Ella vendrá por nosotros —dijo Haru con la voz quebrada—. Uno por uno.
Después salió corriendo.
Sus pasos resonaron por el pasillo vacío de la preparatoria hasta desaparecer.
Esa noche, Haru llegó a su casa empapado por la lluvia.
Cerró todas las puertas con llave.
Cubrió las ventanas de su habitación.
Y tomó un calendario.
Con manos temblorosas comenzó a contar los días.
Uno.
Dos.
Tres.
Hasta llegar al número cuarenta y cuatro.
Marcó con una cruz roja los primeros cuatro días.
Luego observó fijamente la fecha final.
18 de mayo de 1992.
Durante las semanas siguientes apenas salió de su habitación.
En la preparatoria evitaba caminar acompañado.
Nunca volvía a casa con tres personas más, nunca miraba hacia el segundo piso.
40 días después.
18 de mayo de 1992.
La lluvia volvió a caer sobre la preparatoria 賢者 Kenja.
Haru observaba el calendario pegado en su pared.
Ese día se cumplían exactamente cuarenta y cuatro días desde la desaparición de Masaru.
Lo que significaba una sola cosa.
Gakusei había terminado con él.
Y esa noche...vendría por uno de los tres restantes.