“galletas, Nieve… y Mi Crush”

CAPITULO 10: Bajo el Muérdago.

Por fin llegó el gran día.
El treinta y uno apareció sin avisar... envuelto en risas, música y ropa nueva.

En mi familia, el Año Nuevo no se recibe de cualquier forma.
Se recibe bien vestidos, con la casa llena, la mesa repleta y el corazón listo para soltar lo viejo.

Todos estrenábamos algo bonito. Nos colocamos frente al árbol y empezamos la sesión eterna de fotos: las mamás detrás de los más pequeños para que sonrieran, los adolescentes buscando su mejor ángulo y los adultos opinando sobre absolutamente todo, aunque nadie lo pidiera.

Yo llevaba un vestido verde con detalles blancos.
La abuela dijo que era "para atraer cosas buenas", y yo le creí.

El espejo me devolvía una versión distinta de mí.
Una Clara más segura.
Más feliz.

La casa estaba llena.
Como siempre.
Como debía ser.

El olor a hallacas, ensalada de pollo, pan de jamón y dulce inundaba cada rincón. Los adultos terminaban de acomodar la mesa, los niños corrían con sus bolsitas de siete colores y los primos discutían por quién ponía la música.

La tía Estela deslumbraba con un vestido rojo, zapatillas negras y un peinado impecable.

—¡Clara, ven! —gritó—. ¡Quiero una foto!

Acepté y me acerqué. Sonreí. Su esposo tomó la foto.

—¡Matías, ven! —añadió ella.

Sentí cómo el calor subía a mis mejillas.

Matías apareció con un pantalón negro, zapatos del mismo color y una camisa verde con rayas blancas. Se veía... precioso.

Primero la tía se colocó entre nosotros. Luego se apartó y nos dejó solos frente a la cámara.

—Vamos, Matías —dijo—. Pasa tu mano por la cintura de Clara... pero con respeto.

Matías se acercó y, al hacerlo, me susurró al oído:

—Estás preciosa, Clara.

Sonreí justo cuando sonó el click.

—¡Ay, son tan bellos! —dijo mi tía, abrazando a su esposo—. Te lo dije, amor, este fue el mejor regalo de Navidad.

Luego nos pidió otra pose.
La mano de Matías volvió a mi cintura y yo, sin pensarlo demasiado, apoyé la mía en su pecho. Sonreímos.

—Quedó perfecta —dijo ella.

Y lo estaba.
Creo que acababa de encontrar la foto ideal para mi celular... y para guardar debajo de la almohada.

A las diez en punto, la abuela llamó a cenar.
Cuando todos estuvimos sentados en la enorme mesa, se puso de pie.

—Vamos a dar gracias —dijo, con la voz firme y dulce al mismo tiempo.

El silencio se hizo inmediato.

Agradeció por lo bueno.
Por lo malo que nos enseñó.
Por los que estuvieron.
Por los que ya no.
Por lo que el año viejo nos dio... y por lo que el nuevo traería.

Miré a Matías.
Él me sonrió.

—Amén —dijimos todos.

La cena fue larga, ruidosa y deliciosa.
Después vinieron los brindis, la música alta, las parejas bailando en la sala y los niños lanzando cebollitas como si el año nuevo los persiguiera.

Matías se acercó a mí.

—Tengo algo para ti.

Sacó una pequeña cajita de estrellitas. Me dio una y encendió otra. Reí tanto que me dolieron las mejillas. Dibujamos formas en el aire hasta que se acabaron.

Entonces alguien gritó:

—¡YA FALTAN DIEZ!

Corrimos a reunirnos en la sala y empezamos a contar:

—¡CINCO!
—¡CUATRO!
—¡TRES!
—¡DOS!
—¡UNO!

—¡¡¡FELIZ AÑO!!!

La casa explotó en abrazos, gritos, cohetes afuera, siete colores volando y risas por todos lados.

Matías me abrazó fuerte.
Y no me soltó.

Entre el ruido y el caos, me tomó de la mano y me llevó a un rincón del pasillo, justo debajo de un muérdago olvidado.

—Clara —dijo, mirándome como si el mundo acabara de empezar—. Quiero que este año no volvamos a perdernos.

Mi corazón latía tan fuerte que juré que podía escucharlo.

—¿Quieres ser mi novia? —preguntó—. No solo en Navidad. Todo el año.

Sonreí.

—Sí —respondí—. Quiero.

Me lancé a sus brazos. Él me separó apenas y me besó.

No fue apresurado.
No fue tímido.
Fue una promesa.

Afuera seguían los cohetes.
Adentro, mi familia seguía celebrando.

Y entendí algo muy simple:

Algunos años empiezan con ruido.
Otros, con caos y luces.

Pero este...
este empezó con amor.

Y sentí, con certeza absoluta,
que apenas comenzaba.

FIN

Nota de la autora:

Este capítulo se publica hoy, cuando el año se despide y otro está a punto de comenzar.

Para quienes reciben el Año Nuevo rodeados de abrazos, risas y ruido.
Y también para quienes lo hacen en silencio, desde lejos, desde otro país, otra casa, otra vida.

Para los que miran la mesa y sienten orgullo por lo que resistieron.
Para los que miran la mesa y sienten una ausencia que todavía duele.

Si hoy no estás con todos los que amas, que sepas esto:
el amor no entiende de fronteras, ni de tiempo, ni de despedidas definitivas.
Vive en los recuerdos, en los nombres que seguimos diciendo,
en los "feliz año" que se envían con el corazón apretado... pero sincero.

Que el año que empieza te trate con más suavidad.
Que te regale razones para sonreír sin culpa,
momentos de paz,
y personas que te hagan sentir en casa, incluso lejos de ella.

Gracias por acompañarme hasta aquí.
Gracias por leer, por sentir y por creer en las historias que abrazan.

Feliz Año Nuevo 🤍
Que lo que viene sea mejor... y más nuestro.

Los quiero.




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