Ganar el perdón

Capítulo 4

La asistente social y el abogado acompañaron a Katherine, la joven sentía un poco más de seguridad al no estar sola, pero cuando atravesaron el muro que rodeaba la mansión Laurent se sintió totalmente inhibida.

Sabía que Nicholas era rico, pero ver aquella mansión lo hacía real, demasiado. Había un parque inmenso y luego una gran construcción blanca. Kate se preguntó cómo había crecido su hija en aquel lugar, parecía muy intimidante para una niña pequeña.

El abogado condujo hasta la entrada frente a la casa, bajaron y los tres quedaron frente a la puerta.

Kate inspiró profundamente y apretó con fuerza al peluche que sostenía entre sus manos. De repente, sintió que alguien le tocaba el brazo como para darle ánimo, se giró y vio que la asistente social le hacía un gesto de aliento. Ella asintió y llamó a la puerta.

Había creído que abriría una empleada, pero Fue Nicholas quien abrió.

-Pasen- dijo escuetamente y se hizo a un lado para dejarlos ingresar. El interior de la casa era mucho más impresionante que el exterior. Pero Katherine no prestó atención a los detalles, su mirada se concentró en recorrer la sala buscando a la niña y al no verla, sintió pánico.

-Thery no llega aún, su niñera fue a buscarla al jardín de infantes. Llegará en unos veinte minutos- aclaró él como si adivinara lo que pensaba.

-Bien...¿ella...? ¿Ella sabe que va a verme?¿qué sabe sobre mí?- se animó a preguntar.

-No le dije que la verías hoy, no quería alterarla sin sentido. Y en cuanto a lo otro, sólo le conté que no podías cuidar de ella y que algún día volverías, eso le dije hace tiempo cuando preguntó, era menos doloroso que decirle que la habías vendido – atacó él.

-No lo hice, pero ya no importa, no caeré en tu trampa, sólo quiero ver a mi hija. Y gracias por no decirle que estaba muerta, al menos fuiste más honesto con ella que conmigo – retrucó ella.

- Es mejor que se calmen, no es bueno para Thery – intervino la asistente social y los dos asintieron con un gesto mínimo. En lo único que acordaban era en no lastimar a su hija.

Finalmente, Nicholas los invitó a sentarse y les ofreció algo de beber mientras esperaban, el ambiente era tenso pero lograron hacer un alto en las agresiones.

Katherine había esperado cinco años, sin embargo el tiempo nunca había pasado tan lento como esos veinte minutos.

Cuando la puerta se abrió, sintió que el corazón le saltaba. Se puso de pie y vio como Nicholas se adelantaba a recibir a la niña que entraba a la casa, venía seguida de una señora mayor que cargaba la mochila de la pequeña.

Thery no fue consciente de la presencia de los extraños, sólo exclamó "¡Papi!" y corrió a los brazos de Nick. Él la levantó y la niña comenzó a contarle su día. Nick la escuchó y luego la bajó al suelo.

-Hay alguien que quiero que conozcas – dijo con seriedad mirando a su hija a los ojos, luego miró hacia Katherine que caminaba hacia ellos. Thery también se volvió a mirarla.

El mundo dejó de existir para Katherine, sólo podía ver a la niña que se le parecía tanto, sus ojos la recorrían grabando cada detalle, caminaba para acercarse pero las piernas apenas la sostenían. Había escuchado hablar del llamado de la sangre, pero a ella la atraía cada célula hacia la hija que había llevado y amado por nueve meses.

-Ella es...-inició Nick pero la niña lo interrumpió.

-Mi mamá – dijo y se soltó de la mano de su padre para caminar hacia Kate.

-Hola, mi amor- dijo la mujer y se arrodilló para poder abrazar a la niña que se abalanzó hacia ella. Abrazó por primera vez a su hija. Sintió el cuerpo cálido y pequeño y la envolvió con sus brazos y con su alma. Percibió los pequeños brazos alrededor de su cuello y las lágrimas empezaron a fluir.

Había un silencio total, las otras personas presentes en el cuarto contemplaban la escena , la mujer y la niña se parecían tanto que nadie podría negar que eran madre e hija y el abrazo en que estaban fundidas era conmovedor.

Nicholas no sabía qué sentir, por un lado habría querido mantener a Thery lejos de aquella mujer, pero por el otro, sentía la necesidad de saber qué sentía ella verdaderamente por la niña. Deseaba que el reencuentro le diera las respuestas que le faltaban.

Aquella mujer lo había utilizado, nunca lo había amado en verdad, sólo quería su dinero hasta el punto de vender a su hija. Había rechazado a su bebé porque era hija de él, y sin embargo, al verlas juntas, no podía sostener aquello que había sido una certeza durante cinco años.

Podía ver la palidez de Katherine, las lágrimas que caían, el temblor en sus manos que se aferraban a Thery como si fuera lo más precioso del mundo. Estaba confundido, muy confundido y no le gustaba.

-¿Mamá estás llorando? ¿Te duele algo?– preguntó Thery y Kate se separó un poco de ella. Nunca había esperado escucharla llamarla de ese modo, no tan pronto, no tan naturalmente, pero así era. La pequeña la miraba con sus grandes ojos azules y aún la abrazaba por el cuello.

-No, mi amor, sólo estoy feliz, muy feliz. A veces también se puede llorar de alegría y yo estoy muy contenta de verte – le dijo mientras se limpiaba los ojos y le sonreía.

-Yo también estoy feliz. Papá dijo que volverías, y yo sabía que era verdad. Papá nunca me miente – dijo y aquello fue una espina que se clavó en el corazón de Katherine. Sí que mentía, una mentira que las había separado cinco años, pero no era el momento de decirlo. Al fin tenía a su hija en brazos y tenía que disfrutar el momento.

-Te amo Thery, te amo mucho, mucho, mucho – le dijo simplemente y la alzó.

-Nos parecemos – observó la niña tocando un mechón de pelo rubio.

-Sí, nos parecemos- contestó conteniendo las lágrimas.

-Mamá es muy bonita, no tenía foto. Pero papá dijo que era bonita. Tenías razón – dijo la niña girando la cabeza hacia Nick que sólo atinó a asentir con un gesto.




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