Ganaste, Miller

Capítulo 2

​El silencio en la calle era sepulcral. Zach y yo seguíamos con la boca abierta, mirando a ese par como si les hubiera crecido una segunda cabeza. Zach fue el primero en reaccionar.

​​—¿Desde cuándo? —preguntó Zach, señalándolos con asco—. ¿Desde cuándo existe esta... cosa?

​Sabrina soltó una risita y se pegó más al brazo de Charlie.

​—Desde hoy, Zach. Fue el destino —dijo ella con un suspiro—. En medio de la pelea, alguien lanzó una hamburguesa directo a mi cara. Iba a ser un desastre, pero Charlie se lanzó frente a mí y la detuvo con su propio cuerpo. Fue mi héroe. Me enamoré ahí mismo.

​Miré a Charlie. Él asintió con una sonrisa de idiota, ignorando que yo estaba a punto de explotar.

​—Fue puro instinto, Sabri —murmuró él.

​Sentí que me hervía la sangre. Respiré hondo y apreté los puños.

​—Cinco —solté con una voz peligrosamente baja.

​Charlie palideció al instante. Él sabía perfectamente lo que significaba esa cuenta. Era la cuenta de la muerte.

​—No, no, Rachel... espera —tartamudeó, dando un paso atrás.

​—Cuatro.

​—¡Rachel, por favor! ¡No estaba en mis planes! ¡Simplemente pasó! —gritó él, ya preparándose para correr.

​—Tres.

​—¡Podemos hablarlo! ¡Te invito a cenar!

​—Dos.

​—¡Rachel!

​—Uno.

​No hizo falta decir cero. Charlie salió disparado por la acera y yo arranqué detrás de él con un grito de guerra.

​—¡VEN AQUÍ, TRAIDOR! —le rugí.

​A lo lejos, escuché a Sabrina preguntarle a Zach:

—¿Crees que estará bien?

​—Mmm... sí —respondió Zach—. O quizás no. Jones da miedo cuando corre.

​Corrimos tres cuadras hasta que Charlie se detuvo en seco, apoyando las manos en sus rodillas, jadeando como si se fuera a morir. Yo me detuve a su lado, igual de cansada.

​—Espera... —logró decir—. Tiempo... tiempo.

​—Está bien —dije, tratando de recuperar el aire—. Tiempo.

​Pasaron unos segundos de silencio donde solo se escuchaban nuestros pulmones pidiendo auxilio. En cuanto pude hablar, me enderecé.

​—Fuera tiempo.

​Antes de que reaccionara, le pasé el brazo por el cuello en una llave de lucha. No lo estaba matando, pero le apreté lo suficiente para que sufriera.

​—¡¿Cómo te atreves?! —le siseé—. ¡¿Cómo nos traicionas así?! ¡Es una Wolves, Charlie! ¡No tienes vergüenza!

​Charlie intentaba zafarse como podía.

​—Rachel... no los... traicioné... —dijo entre jadeos—. Es que... de verdad la amo.

​Me detuve en seco y lo solté. Charlie cayó sentado al piso, tosiendo, mientras yo lo miraba procesando sus palabras.

​—¿Qué dijiste? —pregunté.

​Él levantó la vista, todavía rojo por el esfuerzo.

​​—Dije que la amo, Rachel. Sé que suena loco porque ella es una Wolves, pero te juro que nunca me había pasado algo así. —confesó, recuperando el aliento—. Sé que quieres matarme y, si necesitas golpearme para que se te pase la rabia, adelante. Hazlo, me lo merezco, pero no voy a dejarla. Rachel eres mi mejor amiga, mi hermana, y necesito que estés conmigo en esto. Por favor... hazlo por mí.

​Me quedé ahí de pie, mirándolo en silencio. Tenía esa cara de perro arrepentido que ponía siempre que arruinaba algo, y fue eso lo que me terminó de desarmar. El incendio de rabia que sentía se apagó de golpe, dejándome solo con un cansancio enorme.

Suspiré profundo, dejando que la rabia se fuera de golpe.

​—Ash... te odio, Charlie —gruñí, dándole la mano para que se levantara—. Está bien. Apoyo tu asquerosa y estúpida relación. Pero te lo advierto, si te rompe el corazón usaré su cabeza como pelota.

​Charlie se puso de pie de un salto, con una sonrisa gigante.

​—¡Gracias! ¡Eres la mejor!

​Le sonreí de lado y le di un empujón.

—Ya, muévete antes de que me arrepienta.

Caminamos de regreso a donde se encontraban Zach y Sabrina, me acerqué a Sabrina mientras ella me miraba con una curiosidad cautelosa. Sin decir palabra, la envolví en un abrazo que parecía amistoso desde afuera, pero cuando estuve lo suficientemente cerca, le susurré al oído:

​—Si te atreves a lastimar a mi amigo, te haré arrepentirte cada maldito segundo de tu vida.

​Me separé y le regalé una sonrisa radiante, de esas que no llegan a los ojos. Luego, le clavé una mirada asesina a Zach —quien nos observaba con una ceja alzada— y me di la vuelta para caminar hacia mi casa.

Un mes después...

​​Había pasado un mes desde que el mundo se puso de cabeza y Charlie se convirtió oficialmente en el novio de Sabrina. Un mes en el que nuestros amigos, con una fe ciega que raya en la demencia, intentaron que Zach Miller y yo "conviviéramos".

​Spoiler: No funcionó. En absoluto.

​En mi defensa, yo no puedo estar a menos de dos metros de él sin que el universo decida que es un buen momento para el caos. Nuestra agenda de fracasos sociales este mes ha sido para el recuerdo.

​Primero fue la "tarde de piscina" en casa de Charlie. Yo estaba sentada tranquilamente en el borde, con los ojos cerrados y dejando que el sol me calentara el cuerpo mientras movía mis pies en el agua. Entonces, sentí una sombra cubriéndome. Abrí un ojo y ahí estaba él. Zach me miró de reojo y decidió que era hora de abrir la boca:

​—Jones, me sorprende que estés tan cerca del agua. Siempre pensé que las piedras como tú solo servían para hundirse y estorbar en el fondo. ¿O es que te da miedo admitir que no sabes nadar?

​Me levanté con la calma de un depredador. Me acerqué, le dediqué mi sonrisa más falsa y lo empujé al agua con todas mis fuerzas. El problema es que Zach tiene reflejos de supervivencia; me agarró del brazo y me llevó con él. En medio del chapuzón y los insultos bajo el agua, el perro de Charlie se emocionó tanto que salió disparado como un cohete, chocando de lleno contra la mesa de la comida. Las bandejas volaron, las salsas se mezclaron con el césped y lo que iba a ser una parrillada tranquila terminó pareciendo una zona de guerra gastronómica.



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Editado: 30.01.2026

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