Gane y perdí la apuesta?

Capitulo 13

El principio del fin Mara

El viento soplaba con fuerza aquella tarde de viernes, levantando las hojas secas del suelo del campus y arrastrándolas por los pasillos abiertos de la facultad de artes.

Yo caminaba hacia el edificio principal con una sensación extraña en el pecho, una mezcla de euforia por el cuadro que finalmente había terminado y una persistente, molesta punzada de inquietud que no lograba sacudirme de encima desde la noche anterior. Nolan no me había contestado los mensajes en toda la mañana, algo completamente inusual en él. Siempre, sin importar lo ocupado que estuviera con las prácticas del equipo o las entregas de arquitectura, encontraba un momento para enviarme un corazón o decirme en qué parte del campus andaba.

-Estás exagerando otra vez, Mara -me regañé a mí misma en voz baja, ajustando las correas de la mochila sobre los hombros mientras subía las escaleras hacia la entrada-. Seguro está ocupado con los exámenes finales. No todo gira a tu alrededor.

Sin embargo, a medida que me acercaba a la zona de los casilleros y el patio central, noté que algo no iba bien. Varios grupos de estudiantes estaban reunidos en corrillos, cuchicheando entre ellos con expresiones de expectación mal disimulada, señalando hacia el pasillo que conducía al campo de fútbol y las gradas principales.
En cuanto crucé el umbral del edificio, los murmullos a mi alrededor parecieron apagarse un poco, reemplazados por miradas de reojo, codazos y un silencio incómodo que me hizo detener en seco.

-¿Qué les pasa a todos hoy? -murmuré sintiendo que un frío helado me recorría la columna vertebral.

Caminé despacio hacia mi casillero, intentando ignorar el peso de las miradas ajenas. Pero antes de que pudiera llegar, vi una figura alta y conocida que doblaba la esquina del pasillo con paso decidido y la mandíbula tensa como el acero.

Era Nolan.
Llevaba la cazadora de cuero negra, el cabello ligeramente revuelto y una expresión en el rostro que jamás le había visto antes: una mezcla de pánico puro, culpa y una desesperación tan desoladora que hizo que mi corazón se detuviera por completo.

-Nolan... -dije con un hilo de voz, dando un paso al frente mientras sentía que el suelo comenzaba a tambalearse bajo mis pies-. ¿Qué ocurre? ¿Por qué no me contestabas los mensajes?
Nolan se detuvo a pocos metros de mí. Sus ojos avellana estaban fijos en los míos, cargados de un dolor tan hondo que me dejó sin aliento. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras parecieron atascarse en su garganta.

Y justo en ese momento, antes de que Nolan pudiera articular sílaba alguna, una voz fuerte, burlona y estridente resonó al fondo del pasillo, amplificada por la acústica del edificio.

-¡Ey, mira nada más al capitán! ¡Justo a tiempo para el gran final de los cuatro meses! Oye, Vance, ¿cuándo nos repartimos los quinientos dólares de la apuesta por enamorar a la nerd? ¡Dile de una vez cómo empezó todo este chiste!

El tiempo se detuvo. El ruido de los pasillos, el viento, las risas lejanas y el sonido de mi propia respiración desaparecieron en un segundo.
Sentí como si me hubieran arrojado un balde de agua helada directamente en la cara, seguida de un golpe brutal e invisible en el centro del pecho. Mis ojos se abrieron de par en par detrás de las gafas, mientras mi mente intentaba procesar, de forma desesperada e inútil, las palabras que acababa de soltar Brad desde la otra punta del pasillo.

¿Una apuesta? ¿Quinientos dólares? ¿Cuatro meses?

Girém lentamente la cabeza para mirar a Nolan. Su rostro se había puesto completamente pálido, y las lágrimas que llevaba intentando contener finalmente rompieron la comisura de sus ojos, confirmando con una brutalidad insoportable lo que mi mente se negaba a creer.

La burbuja perfecta, el refugio seguro, el amor en el que había confiado ciegamente... todo se acababa de desmoronar en mil pedazos frente a mis ojos, dejándome a la intemperie sobre un campo minado de mentiras.




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