Garras, Amor y Plata

Atracción principal

Siempre suelo levantarme temprano en vacaciones; ahora que no tengo preocupaciones supongo que es natural querer disfrutar más los días.

La escuela no es la gran cosa, aun así; aburre cualquier cosa que tenga que ver con eso.

“Deberías seguir durmiendo”

Voltee a ver por la ventana de mi habitación; me asome y vi a una bella chica pálida parada en el patio trasero de mi casa.

“¿Qué haces allí?”

“¿De qué hablas? Vivo aquí desde hace días”

“¿Cómo que vives aquí?”

“¿No recuerdas que me diste un botellazo anoche?”

Antes de dormir, escuché un ruido en la cocina; así que como cualquier otra persona lo primero que pensé son dos cosas: puede ser un animal, o un ladrón. Agarra lo único que tenía cerca, una botella de detergente. Cuando me asome vi una sombra, de puro instinto se lo lance. Luego vi que en un parpadeo desapareció. La puerta al patio trasero se encontraba abierta; no pensé que era ella…

“Te levantaste más temprano que de costumbre…” bajo un poco la cabeza evitando que la pudiese ver a los ojos “Hace tiempo que no volvieron a verme, pensé que se habían olvidado de mí…”

Bajé las escaleras, y fui a donde ella.

“No lo hicimos, en verdad; es solo que muchas cosas pasaron estos días”

El ajetreo de estas semanas, no tengo idea de cómo describirlo; todo inicio cuando fui a dejar a la anciana en su casa.

“¿Samanta?”

“¿Azra?”

La confusión se hizo notable, no había nada de malo en lo que hacía; pero creo que a mí me sorprendió más que Sam estuviese de alguna forma ligada a la familia de la anciana.

“Ah, querido; ella es mi nieta, Samanta”

Confirmando lo que pensaba, era su familiar; un momento… ¿nieta?

“Sí, ya nos conocíamos” le mostré una gentil sonrisa “¿Tienes otro hijo entonces?”

La anciana, de pronto se puso nostálgica “Hace un tiempo murió”

“Lo lamento”

“No tienes porque hacerlo” respondió Sam “De todos modos, fue hace ya un tiempo.”

Lentamente baje el televisor del carrito.

“Oh, ya veo porque tardabas tanto”

“Tu tío me lo regaló, pero el servicio de entrega no estaba disponible”

“Debiste haberme pedido que lo traiga para ti”

“No, no; no te preocupes, felizmente me encontré con tu amigo”

Mientras instalaba el televisor en una mesilla; Sam preparaba café.

“Aquí tienes”

“Gracias” aleje rápidamente mi boca de la taza “está caliente”

El frio y el olor del café hacia rápidamente efecto en mí, me encontraba relajado.

La anciana, Sara; subía lentamente las escaleras. “Iré a ducharme” decía.

Sam se acercó más a mí.

“Necesito pedirte un favor”

La conversación se torno cada vez más seria, me sorprendió lo que me había contado, fue algo tan sorprendente; no pensé que ella haría ese tipo de cosas, algo así…

De ser otra persona ahora mismo, y acusaran a quien hizo tal acto, seguro que me apuntaría a mí primero, no tengo fama de benevolente. De todas formas, lo acabamos solucionando, para eso están los amigos ¿no? Ayudarse entre nosotros, aconsejar; guardar secretos…

Lo solucione, y supongo que para ella todo acabó, ¿no es así?

“De todos modos, ¿no iremos a algún lado hoy?”

“Eso creo, ¿Por qué?”

“Escuché que han estado de vacaciones, fui a ver a Sam y lo único que puedo decir es que no se despega de esa anciana”

“Es su abuela”

“Si, sí; como sea”

“Y ¿a dónde quieres ir?”

En las afueras de la ciudad, desde ya hace unos meses, terminaron de construir un parque de diversiones; coches chocones, montañas rusas…

“No tenía ganas de venir” decía Sam “Pero ella insistió tanto”

“Ni yo” miré a mi costado, pero no encontré a Sonia “¿dónde se ha metido?”

“Entremos a eso”

“No tengo estómago para esto”

Los gritos de cada uno de las personas de los vagones se hacia cada vez más intensos; mi cuerpo luchaba por no vomitar, Sam; simplemente cerraba los ojos, por lo menos Sonia lo disfrutaba. Y es que cada vez que veía el precipicio lleno de luces y multitudes disfrutando del bullicio que se escuchaba en estos vagones vertiginosos; solo podía pensar en que podría haber estado en un lugar un poco más tranquilo; ¿Qué pasa si muero aquí? Hay muchos accidentes ocurridos en montañas rusas en internet, gente que sale por los aires… de solo pensarlo me estremezco.

“No vuelvo a subir a esa cosa” dije mientras presionaba mi estómago, sí que tengo fuerza de voluntad.

“Ni siquiera recuerdo bien que pasó, creo que me desmaye en algún punto” Sam se veía agotada, supongo que a ella tampoco le van estas cosas.

Descansamos frente un puesto de manzanas acarameladas, como era de esperarse Sonia quería una, le di algo de dinero para que se lo comprase.

Mire a mi alrededor, la gente parecía divertirse; y creo que yo también lo hacía, de algún modo; cuando pude volver a ponerme de pie, decidí que era momento de cargar energía en un lugar apartado de todos.

“¿A dónde vas?” Sam me sujeto suavemente del brazo.

“A por aire fresco”

“Deberías acostumbrarte a la gente, ¿no crees que ya es hora de que lo hagas?”

“Lo haré”

Han pasado solo unos meses desde que nos conocimos, aun así, Samanta cree conocerme por completo, ¿y que si no me gusta los lugares bulliciosos?

Al estar ya alejado del parque, me percate de una capilla de rayas rojas y blancas; estaba relativamente en la nada, se encontraba escondida entre los árboles circundantes.

Escuche un susurro.

“Et lux, et lux”

No eran muy comprensibles.

Una brillante luz entró a la capilla. Me sedujo descaradamente, lentamente avance hacia aquello.

Dentro la oscuridad se veía iluminada por cientos de peluches de payaso, uno que otro con el rostro desfigurado, y con lo que pude concluir que era sangre, el olor a hierro y humedad impregnaba el lugar.

En el medio del todo se encontraba una escotilla, allí en el suelo fangoso de rojo. Estaba semiabierta por lo que no pude evitar poner los ojos encima.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.