Topacio llegó en malas condiciones.
Para Alex había pasado una semana, pero su hermana parecía haber estado varada durante semanas.
Alexandrita apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la tuvo enfrente.
—Pedí cafés —fue lo que dijo Topacio apenas la vio.
Alex la miró, desconcertada, perpleja por la falta de entusiasmo de su gemela.
—¿Ahora? Pero contame qué fue lo que pasó.
Topacio asintió y respondió:
—Claro que te voy a contar, pero primero… uff.
—Primero los cafés. Tengo que darme un baño urgente y enseguida hablamos.
Alex tomó el teléfono a las corridas y pidió los cafés, unas medialunas y unas donas. El delivery tardaría quince minutos.
Mientras esperaba, mil preguntas se le amontonaban en la cabeza.
¿Adónde había ido?
¿Qué había pasado?
¿Cómo era posible que hubiera regresado en esas condiciones?
Topacio salió de la ducha un rato después y fue a encontrarse con ella.
—Perdón, es que necesitaba un baño. Necesitaba tiempo para pensar. No sabés todo lo que pasó.
Se sentaron juntas. Alex no encontraba acomodo en la silla. No quería presionar a su hermana, pero la estaba sacando de quicio tanto misterio.
Tomaron el café y comieron las medialunas y las donas.
Alex no dejaba de observarla y levantaba las cejas, acompañando el gesto con movimientos de cabeza para que le contara de una vez qué había pasado.
La expresión de Topacio no le gustaba nada.
No era solamente incertidumbre. Era como si estuviera maquinando algo en su cabeza.
Finalmente, Alex no pudo contenerse.
—¡Ay, por favor! ¡Hablá de una vez! ¿La máquina funcionó o no?
Topacio la miró.
—Mejor de lo que esperábamos.
Alex esperó, mordiendo una de sus uñas. El desespero por saber lo demostraba su cuerpo.
—Antes de contarte qué fue lo que pasó, tengo un lugar adonde ir. Y esta vez no me voy por una semana.
Hizo una pausa.
—Voy a tener que irme un año.
Topacio se levantó y se dirigió hacia su dormitorio.
Alex quedó congelada durante cinco segundos. Se levantó para correr detrás de ella.
—Esperá un poquito —dijo, ya a punto de frenarla.
No lo hizo. La siguió y hablaba muy rápido, intentando que Topacio le explicara.
La sorpresa que se llevó fue verla reunir documentación: su documento de identidad y todo aquello que pudiera necesitar para irse por un año.
También comenzó a preparar ropa y algunas pertenencias.
—¡Esperá, esperá! —dijo Alex—. No hagas las cosas a las corridas. No estoy entendiendo nada. ¡Decime qué fue lo que pasó!
Topacio siguió juntando cosas. No dijo nada.
—Entiendo que pasó algo. No quiero hacerme ideas raras, pero, por cómo estás, debe haber sido algo grave. Entiendo que no me quieras decir, pero respondeme si adonde vas a ir ahora vas a estar bien… Porque si te vas durante un año y me dejás en la incertidumbre, me va a dar algo. Tenemos que pensar bien qué vas a llevar. Y tengo una idea.
Alex comenzó a ayudarla.
—Vos juntá la ropa y lo que necesites. Yo voy a prepararte algo. Y antes de irte vas a responder mis preguntas, quieras o no.
Salió del dormitorio y se dirigió hacia el laboratorio.
Tenía una idea.
Si Topacio iba a llevar una valija consigo, necesitaba algo más.
Algo que pudiera envolverla.
Algo que pudiera acompañarla durante el viaje.
Alex comenzó a reunir los materiales que tenía a mano sobre la mesa de trabajo.
Fragmentos de piedra.
Un material flexible para sujetarlos.
Y una forma de mantenerlos unidos sin que se desprendieran durante el desplazamiento.
Todavía no sabía exactamente cómo hacerlo, pero iba a encontrar la manera de unir, aunque fuera con tanza, un encadenado de gemas para que el equipaje viajara con su hermana.
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manipulacion genetica, misterio de identidad, misterio conspirativo
Editado: 27.09.2026