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Lo seguí y nos perdimos en la selva, pero con todos mis años viviendo en la zona, sabía perfectamente a dónde nos dirigíamos. Los mosquitos intentaban picar mi rara piel; lo malo fue que no sabía si mi raza era inmune al dengue, aunque para ello debía ser un gran mosco para poder traspasar mi piel. Pero sí sentía el intento de los bichos, por lo sensible de mi oído, debía ser lo que Sean mencionó antes de recibir el tacto de sangre: será peor.
Pensaba en cosas positivas, como cosas comunes, para quitarme los nervios en todo mi cuerpo. Caminó detrás de Sean, logrando ver su gran espalda y lo alto que es. Creo que me está gustando más, a pesar de no ser mi tipo.
—¿Estás siguiendo el aura de los Otpiegs? —pregunté, todavía con ciertas dudas por la situación.
—Sí —afirmó—. No solo hay Otpiegs, aprenderás con el tiempo a diferenciar sus espíritus, pero lo que sentimos ahora es solo una persona.
—Es bastante fuerte, se parece a tu aura, Sean.
Sentí que movió su boca, haciendo una media sonrisa.
—Gracias.
Hizo una pausa cuando nos acercamos, y sentí la presencia de numerosos espíritus, tal vez cientos. Ahora entiendo a lo que Sean se refiere, puedo sentir diferencias que quizás no se vean, pero es como olerlas. El miedo me invadió, pero también había emoción ante la perspectiva de encontrarme con otros como yo.
—Antes de que desciendan, quiero que entiendas algo —se quitó la camisa para revelar. Dioses que buen cuerpo, y no tenía intención de detenerlo, ya que está bastante en forma.
En su pecho había marcas prominentes, tatuajes que había visto anteriormente, en un viaje a la playa.
—Esto no es un tatuaje, es mi marca de Otpieg. Significa el contacto de sangre, y su ubicación en el cuerpo está determinada por la virtud de uno. Cada área tiene un significado específico.
Noté cómo se formaban las líneas, su agilidad residía en su corazón. Las marcas aparecieron como líneas plateadas y brillantes que yo había confundido con un bello tatuaje, trazaban la región desde su corazón hasta sus costillas. Aunque dudé en tocarlas, aunque tuviese guantes, me hizo un gesto aprobando que las tocara. Lo hice. ¿Por qué no? Es guapo, y si voy a morir por lo que me está pasando, debo aprovechar la situación, aunque sea con mis guantes.
Debo concentrarme, estamos en una situación no propia. Sus marcas son exquisitas...
Antes de tocarlo, él recordó algo y rápidamente se puso su camisa y su chaqueta negra una vez más. Su atuendo se parecía a un peculiar uniforme militar, adornado con una cruz distintiva, que parecía asemejarse a una estrella.
—Quizás se me considere un guerrero de bajo rango, pero mi presencia aquí sirve para garantizar tu seguridad. Esto no disminuye mis capacidades como guerrero, sino que refleja mi papel como congresista. Un congresista representa a un líder con un propósito divino, que supervisa un planeta y actúa como un soldado noble. Somos Otpiegs. —Hizo un gesto hacia el cielo—. Hay mucho más, pero debes ser paciente.
Él sonrió, pero al no verme hablar, continuó—: Al iniciar tu linaje, tendrás la oportunidad de ponerte un atuendo más adecuado, en lugar de las prendas tradicionales. Al tacto de sangre, ya podrás usar la ropa que quieras, pero recuerda que eres una princesa, Su Alteza.
Dirigió su mirada seriamente hacia la distancia, con una media sonrisa en su rostro que de alguna manera me levantó el ánimo, pero él no sentía lo mismo.
—Tu energía parece disminuida. ¿Está todo bien, Sean? —su mirada entristeció.
Aun en mi mano tenía la placa metálica, intentando elevar mi propia energía, aunque aumentó solo ligeramente.
—No estoy seguro de lo que ocurrirá en los próximos momentos —respondió—. No quiero que este sea nuestro último encuentro, Su Alteza.
—Pero eres mi guardaespaldas. Si le digo a este Frerick —recordé el nombre—, puedo persuadirle para que me acompañes.
—No... —respondió—. Tengo otra misión después de tu entrega. No debí encariñarme contigo, sabes, pero creo que eres mi mejor amiga. Y te extrañaré… —transmitió.
Sentí un empujoncito en mi pecho, creo que también creía que Sean era mi amigo de verdad.
Su mirada volvió a encontrarse con la mía, su belleza me hipnotizó por un instante, marcada por sus bellos ojos claros.
—Por favor, no me olvides.
—Nunca, y prometo que encontraré una manera de volver a verte.
Sonrió.
Entonces lo vi ponerse una máscara de tela negra, similar a las que usaba su equipo de seguridad en la mansión.
—Hazme un favor… Geal. No permitas que nadie usurpe tu posición. Eres la futura reina del sistema Ojo de Dios, una guerrera de intención divina. Mantén el lugar que te corresponde. Ningún ser de ninguna otra especie debe quitártelo. Numerosos líderes de varios planetas codician tu posición, pero eres la elegida del artefacto, una distinción que siempre ha sido tuya... Ten cuidado con los Napaleanos. No son del todo malos, pero no los hagas tus amigos.
Su tono fue grave, reflejando preocupación por dejarme.