Geal Ali Crónicas: Poder Absoluto.

Capítulo 18

—18—

Abrí los ojos de repente y toqué instintivamente mi herida. No sentí dolor. La luz que me rodea es cada vez más intensa y el olor a sangre flota en el aire. La escena permaneció como la había dejado: caótica y fragmentada.

Los cuerpos: Escuchó corazones latiendo.

¿Sus corazones aún latían? ¿Se habían curado? Todos.

Vi a Denia arrastrándose lentamente, evocando el movimiento de una serpiente. Lo que soñé o lo que vi, había experimentado una visión del pasado, ofreciéndome. Ryan yacía inconsciente a mi lado, pero vivo. Su corazón palpita, mis oídos son más agudos, pero puedo controlarlos, mis sentidos que antes estaban en descontrol, ahora podía controlarlos.

—¡No soy un experimento! —le aseguré a Denia.

Me levanté con convicción, sintiendo una fuerza innegable. Los cuerpos humanos se movían, la niña movía sus manos, su cuello no estaba quebrado.

Denia detuvo su avance y me mira a los ojos.

—Mis padres se amaban.

«¡Mátala!»

Denia se queda congelada por un momento antes de avanzar hacia la salida. En ese instante, tomé un fragmento de madera de los restos que habíamos destruido y lo arrojé hacia ella. El sonido de su grito fue satisfactorio. No quería nada más que acabar con ella. Parecía completamente restaurada, influenciada por algo antinatural, pero…

Mi atención se vio atraída por una visión extraordinaria: un objeto luminoso que se materializaba ante mí.

«Estás completa: Dios te concede esto.» «Acéptalo: el artefacto. Tus padres se amaban»

—Poder absoluto... —murmuré, cansada—.

Un objeto plateado flota sin esfuerzo, girando como si desafiara la gravedad. Lleva un emblema en forma de cruz que reconocí del uniforme militar de Otpieg, cubierto en una estrella de seis picos. Lo que yacía ante mí es, en efecto, el objeto que habíamos estado buscando: el artefacto potenciador.

Poder absoluto: se suponía que debía utilizarlo para salvar al Universo, lo toqué con el roce de mis dedos hizo una reacción inesperada. Dejó de flotar y rápidamente aseguré el artefacto, que no medía más de diez centímetros, dentro de una bolsa con cierre en mi uniforme, todo antes de que Denia recuperara su fuerza.

Ella reía agregando con su voz burlona—: El artefacto —dijo, con la risa entrelazada en su voz, llena de energía—. No lo guardes por mucho tiempo... pronto será mío.

Me siento fuerte...

—Me siento más fuerte, —miré mis manos.

—¿Qué? —preguntó.

—No me estoy dirigiendo a ti.

«Entonces: ¡Ve por ella!»

Experimenté la conexión con la sangre de mi hermano a través del tacto de sangre Otpieg, él es un mestizo. ¿Por qué no se vio afectado?

Debería haber sido clasificada como mestiza inmediatamente después del contacto de Frerick, pero ese no fue el caso. Es evidente que mi hermano nunca se había encontrado con el tacto de un Napaleano como yo ahora, particularmente estando rodeado de Otpiegs y completamente equipado con uniforme y guantes. Eso debe ser la razón. Odia tanta a la especie Napaleana que jamás se atrevería a tocar uno.

Mi hermano tiene el título del hombre más fuerte del universo, pero carece del tacto de sangre Napaleano. Si lo fuera, le otorgaría un poder aún mayor, lo que reflejaría mi propia transformación después de mi contacto con la muralla.

Escuché una risa, y Denia se puso de pie. Su expresión transmitía que el dolor de la astilla no la había afectado significativamente. Se la quitó de inmediato, sus ojos llenos de ira hacia mí. Comprendí que lo que está por venir finalmente sería una pelea injusta. Ella seguía siendo más fuerte que yo, aunque la luz del artefacto la había debilitado, pero no sé por cuánto tiempo.

—¡Denia! —le llamé, sonriéndole—. ¿E leis-cha?

—El lenguaje, el don del conocimiento completo —respondió, sorprendida—. ¡Por supuesto que estoy lista!

Mientras el olor de nuestras gotas de sudor se mezcla en el aire, Denia se prepara, me sentí inclinada a golpearla con mis puños, aunque no tenía nada que pudiera intimidarla. No puedo hacer crecer un sable. Ella corre hacia mí con su arma en mano ya en un sable completo, la alza y…

Lo bloqueé con ambas manos, las había golpeado como un aplauso. Apreté más fuerte cuando ella soltó su agarre, su arma se desvió hacia la pared y dañó la pintura. Desarmada, comencé a golpearla en las zonas más sensibles de su rostro; aún ella seguía aturdida, a veces chocaba con sus bloqueos. Mis pies también resultaron útiles, las patadas y los saltos potenciaron mis movimientos y hubo una ocasión en la que sentí que el viento me impulsaba.

Mis manos se juntaron instintivamente sin contacto físico, impulsando a Denia a tres metros de mí, como si mi mente operara de forma independiente, con el viento actuando como catalizador. La inmensa fuerza hizo que mi nariz sangrara, recordándome mi encuentro con el Napaleano; una conexión formada antes de que el largo cabello de Axtrex me sujetara a bordo de esa nave, como si yo comandara la fuerza con mis pensamientos.




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