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Abrí los ojos, seguía dentro de la cápsula, esta poco después se abre lentamente. Sentí mi cuerpo arder, me quité todo lo que no es parte de mí, obviamente esas agujas sabían cómo no arruinar el traje militar, y luego salí rápidamente. Respiré profundo, no me gusta estar atrapada, lo mismo me pasó cuando apuré a los soldados en la tierra al salir del auto.
Lo único que quería es respirar aire fresco o el aire artificial de la nave. Toqué todo mi cuerpo, cada vez sentía cosas nuevas en mi extraño uniforme. Observé que, de donde termina el cierre, una pantalla pequeña bordada en esta muestra un porcentaje: 18%.
Una batería de calor que no se está usando porque la temperatura es sostenible. Entendí que el viaje había pasado porque todos los príncipes están en las otras cápsulas.
Caminé hacia la puerta que pronto apareció, y salí para ir a la sala de control o el puto puente, con un poco de marea. Cada vez me familiarizaba más con los símbolos del techo, solo tenía que susurrar lo que quería y la nave me guiaría a cualquier parte. Seguía dirigiéndome a la sala de control, es lo único que recordaba de ese largo pasillo, cuando entré a la sala de control lo que quería es ver dónde podíamos estar.
Y mi vista a lo que le decía el gran parabrisas fue: el espacio mismo.
No habíamos salido del área terrestre, pensé al ver un planeta. El espacio oscuro se sentía tan real como debía ser. Es que es real tonta. Mientras más se acerca la nave a la masa que tenía frente a esta, la mayor parte del planeta es dorado, y a la derecha una estrella, a la izquierda otra, dos masas de gases como el tamaño de la luna, o como soles.
¿Podría ser ese mi planeta natal?
Lo que mis ojos ven es hermoso, tierra verde y agua dorada.
¿Otpieg?
—Veinte minutos —escuché cerca de mi posición, la voz del Napaleano, tan fría y grave, Ryan. No lo sentí, no vi cómo llegó a mi lado tan rápido. Los Napaleanos son tan buenos en ataques sorpresa.
—¿Cómo?
—Veinte minutos, humanos —dijo otra vez con su voz gruesa como la de un trueno, tanto que me ponía nerviosa. Estúpida muralla—. La nave tarda ese tiempo en despertarnos cuando faltan dos horas para llegar a la órbita de Otpieg o cualquier planeta. Para preparar a todos en la nave, siempre programo mi nave con tres horas de anticipación, me gusta mi espacio. Y desafortunadamente, ahora está invadido.
Ignoré el insulto, pero lo miré un poco. Sus tatuajes, que salían de su cuello, él debía estar cubierto en tinta por todas partes, pero la ropa militar le cubría todo.
—¿Cuánto tiempo tardan normalmente en llegar a Otpieg, digo, en tiempo humano, si me puedes decir?
—Sin el portal —respondió—. A velocidad absoluta se necesitan doce horas humanas más las dos horas de espera de la Tierra a Otpieg.
—Catorce horas, y solo sentiré dos.
—Casi... No soy muy paciente cuando estoy acompañado, así que la voy a conducir rápido, quiero volver a mi planeta. Terminar esta misión. Creo que tu cápsula falló, te despertó temprano.
El hijo de puta tenía un olor peculiar, se acerca a mí, estamos en el balcón del segundo piso del puente, a una distancia de sesenta centímetros, con las manos en la barandilla para ver el parabrisas. Lo miré de reojo, tenía una belleza única y esos músculos. Su olor característico, pero me recordó algo...
—¿Puedo preguntarte algo?
—Asegúrate de que sea algo que no me moleste, Otpieg.
—¿Por qué tu raza odia tanto a la mía? No tiene sentido, si somos buenos aliados.
—Mmm —respondió, mirándome a los ojos. Vi los suyos, tan azules, casi brillando por el resplandor del planeta al que nos acercábamos—. Me criaron para ser mejor que ustedes, algo tan fuerte como yo, pero solo me doy cuenta de que lo que nos hace odiarnos es la arrogancia. O el hecho de que podríamos haber tenido el artefacto para nosotros, pero tú tuviste suerte. Dios eligió a los Otpieg. Nosotros, los Napaleanos y tú, Otpieg, compartimos los mismos dones: fuerza, habilidad, fe. Somos tan parecidos que no queremos serlo.
—¿Serías amigo de un Otpieg?
—Te estoy hablando a ti, pero no soy tu amigo. No creo que haya un vínculo fuerte, pero luchamos juntos. Por la FE. No estoy tan loco como para deshonrar a mi familia, ni su crianza.
Uqy, un planeta que no se mezcla con los humanos. Napan odiando a Otpieg. ¿Por qué mi padre no odiaba a mi madre? ¿O en realidad fue un experimento, para crear un ser perfecto?
—El heredero de la corona de Napan siempre hace equipo con el heredero de la corona de Otpieg. Es obvio que lucharemos juntos, pero no creas que habrá algo como lo que tienes con tu hermano, o con las amistades que descubras aquí. No seré tu amigo, solo seré tu compañero de trabajo, ¿Algo más, Otpieg? —levanta la ceja.
—No. Ojo azul.
Ryan bajó al segundo piso y se acercó a lo que sería su silla flotante, y esta apareció rápidamente por un momento; pensé que caería, pero no lo hizo. Las cosas que la nave podía hacer son sorprendentes.
—Alphine —mencionó, y vi a Ryan presionando un botón en su lugar— ¡Alphine! —parecía algo preocupado al no haber respuesta—. Es extraño, la memoria de Otpieg no responde.