—27—
—Su Alteza —exclamó Ranches mientras descendía rápidamente, con un rasguño en la frente y sangre bermellón corriendo por su rostro, con la ayuda del poder de Ryan.
Cuando el Napaleano aterriza, presiona su mano contra la herida en su costado izquierdo, de la cual brota sangre azul. Me mira a los ojos.
—Otpieg, ¿estás bien? —preguntó Ryan.
—Sí —respondí.
Ryan sangra de la nariz, había usado su poder para descender con el peso de Ranches, quizá chocó con un campo neuronal, él levanta la vista, el humo de nuestra nave indica que estábamos cerca del impacto.
Sentí espíritus cerca, mi hermano.
—Congresistas, están cerca. Mi hermano.
Sí, mi hermano está muy cerca. Los demás también lo sintieron.
—¡Ranches, vete! —ordenó el Napaleano de ojos de colores diferentes como los de mis hermanos—. Yo me encargaré.
Ryan se muestra indiferente, está mal herido, así que me acerqué y lo ayudé a cubrir su grave herida. Ranches se fue, dejándonos solos con el Napaleano.
—Bien, Ri —afirmó antes de partir.
Ri, pensé.
—¡Geal! ¡Ryan! —Escuché un grito.
Una exclamación de mi hermano con emoción. Vi a través de la niebla blanca que se acumuló al descenso que estoy siguiendo al espíritu con la mirada hasta que emergió. Lo vi salir de entre unas montañas. Está vivo y a salvo, acompañado de los príncipes que avanzan lentamente hacia nosotros. Miré al Napaleano y me di cuenta; la voz en mi cabeza nos había unido, y esa voz persistente quizá es él. El Napaleano de ojos de colores nos había proporcionado las coordenadas.
Lo entendí a través de mi don del conocimiento, pero seguí deteniendo la hemorragia de Ryan. Mis manos están cubiertas de sangre azul.
Los príncipes aparecieron detrás de mi hermano. Are lleva a Mai abrazado del hombre, se encuentra muy débil. Algo no iba bien mientras todos se acercan.
—Las baterías están agotadas —dijo Frerick.
Ryan quería dar su batería, pero hacerlo agravaría su herida. Dos vidas están peligrosamente cerca de perderse.
—¿Es grave? —pregunté mientras limpio la sangre de Ryan sin detener la presión en su herida.
—Su traje está funcionando mal, el sistema de calor ha fallado y no quedan baterías —observó Are, agobiado por el peso del humano en su espalda.
—Usa la mía —sugirió Ryan.
—No —dijo el extraño Napaleano, todos lo miramos—. Si tu herida se congela, la situación empeorará para ti, Napaleano. Mi celda está cerca. Poseo todo lo necesario.
—El humano. Sufre de hipotermia —afirmé.
—¿Quién eres tú? —preguntó Frerick mientras el hombre se quitaba la capa de piel. Se quedaron atónitos al darse cuenta de que era un Napaleano; su diamante reflejaba lo que es en color verde. Reconocí que sus ojos coincidían con el color del diamante, pero este tenía dos colores, quizás en él es al azar
—¡Llévelo a mi celda! —ordenó el hombre, colocando la capa que se había quitado sobre la espalda de Mai. —Tengo medicinas, lava y agua caliente, podemos salvar al humano.
Sentí la fuerza del espíritu de todos, pensando en creer en el sujeto.
—Diamante. —Axtrex miró a Mai con preocupación—. Los humanos no toleran las bajas temperaturas, debemos acompañar a este extraño. Es nuestra única opción. Mai y Ryan están en estado crítico y podrían... rápidamente en estas condiciones.
—¡Síganme! —afirmó el Napaleano— ¿O preferirían convertirse en presa de los destructores? Puede que estén desorientados, pero lograrán abrirse paso hacia abajo. ¡Vengan, si desean sobrevivir!
El príncipe más joven de Napan Are fue el primero en dar un paso atrás del hombre con el que nos encontramos, mientras Mai tiembla por el frío, que yo apenas sentía. Arcry me ayuda a levantar a Ryan para llevarlo, distribuyendo su peso sobre su hombro. Avanzamos con el extraño por senderos helados, pasando por varias cuevas.
Me pregunté si estas estructuras son celdas o la morada de algo más peligroso que un Destructor.
—Sus latidos son débiles, ¿Cuánto más falta? — expresó Axtrex con preocupación mientras se posicionaba cerca de Mai. Su voz temblaba mientras nos instaba a movernos rápidamente.
—¡Paciencia! —el hombre mantuvo su ritmo.
Hay poco espacio para la paciencia cuando un humano está al borde de la muerte, ni para Ryan, yo estoy decidida a que ninguno de ellos muriera hoy. El extraño animal que acompaña al prisionero se acerca a mí, olfateando con curiosidad. Parecía sentirse atraído por mi olor, persistiendo en su proximidad a pesar de la presencia de su amo. La criatura medía más de un metro y medio de altura.
Llegamos a una cueva, revelando una estructura hecha de piedra con una puerta plateada. El prisionero coloca su mano en la entrada, provocando que se iluminara con una luz azul y se abriera lentamente.
—¡Entren! —dijo mientras la puerta se abría por completo.
Entré primero, seguida de Axtrex y Are, que llevan a Mai. Al entrar, descubrimos un espacio sorprendentemente cómodo como para la realeza, que tiene una chimenea con… ¿lava?