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—¡Un segundo! —Sentí que algo se movía hacia nosotros, escuché su rugido, que recordaba...
—¡Destructores! —gritó Are.
Todos miran hacia los bordes del hielo. A unos ciento cincuenta o doscientos metros de distancia, con la adrenalina que no iba a empezar a medirme, teníamos a la vista a varios destructores, rodeándonos en el gran agujero donde estamos, y el líder, ese enorme simio, me mira con sus enormes ojos grises y una cicatriz de batalla en el rostro.
—¡Prepárense! —ordenó Frerick, extendiendo su segundo sable.
Los destructores se dirigían hacia nosotros... ¡Maldición!
Frerick toma una postura defensiva con sus armas, al igual que Ryan. Mai apretó su arma con tanta fuerza que lo que salió no fue un sable, sino una especie de pistola plateada, y lo apunta a las bestias, dejando caer la copa que contenía la sangre del destructor, y me guiñó un ojo con una sonrisa de mafioso. Axtrex presionó dos placas y de ellas crecieron pequeñas cuchillas, y a su lado está Are el Napaleano con una katana perfecta. Los Sirs tenían armas que podía creer que le destrozarían la cara a cualquiera. La chica tiene consigo un martillo de mango ligero, pero de metro y medio de largo, agarrado con fuerza por una mano fuerte; el apuesto Sir Arcry lleva una maza con púas gruesas alrededor de la bola de metal.
Todos preparados.
Sus estilos de armas son únicos.
Los destructores saltaron hacia nosotros, sentí un empujón que me lanza hacia la entrada de la cueva, y cuando caí, lo primero que se me ocurrió fue solo observar. Un Napaleano había usado su don para mantenerme a salvo.
Estúpida muralla.
¡Estos bastardos no saben que yo también quiero pelear!
—¿Mi hermana? —gritó Frerick al volarle la cabeza a uno de esos “simios”.
—A salvo —respondió Ryan.
Arcy se movía rápido para alguien pequeña, tenía las cosas bajo control, un golpe de su martillo destrozó las mandíbulas de los destructores; Arcry tampoco tiene problemas con su maza, los hermanos son parecidos, pero físicamente parecía que solo usaran habilidad, pero no es obvio que esos príncipes son buenos en fuerza.
Axtrex, una artista con sus armas y el cabello que podía controlar. Are, Ryan y mi hermano eran mejores en habilidad, prefiriendo desangrarlos antes que matarlos de un solo golpe. Para mí eso es cruel, pero efectivo si se lo merecen, pensé que el humano Mai sería el primero en caer de todos, pero no fue así, sin fuerza bruta, sin velocidad de los sentidos, el humano es ágil con la pistola, logrando volarles los sesos a los destructores, sabía que en cualquier momento el humano terminaría con una herida más grave que su leve hipotermia.
¡Mierda!
Las balas regresan al arma como líquido de vuelta para volver a cagarse.
—¡Tengo que hacer algo! —me dije tomando las placas— ¡Vamos!
El enorme líder destructor se acerca al más débil de todos, el humano.
¡Ay, no!
Tenía que hacer algo para ayudarlo.
¡Muévete, estúpida!
Me dije a mí misma, y corrí hacia Mai.
—¡Oye! —gritó Axtrex al verme saltar hacia el líder destructor, empujándolo con mis pies,
Solo lo empujé lejos con una voltereta, cayendo de rodillas, pero mis armas están listas, las sentí crecer, mi espíritu se puede sentir el aroma, el sabor que emana, como si un aura de poder me envolviera sin que yo hiciera nada; el líder se ofendió con un fuerte rugido que hizo que los demás simios cíborgs se movieran y dejaran de atacarnos.
Me levanté lentamente, sintiendo mi cuerpo pesado, pero fuerte. Los príncipes no me miran a mí, sino a mis armas; la adrenalina las hacía crecer sin que me diera cuenta, pero lo que sostenía no es un soporte, sino dos yataganes que se conectan a un palo redondo, que mis manos sostenían como una pequeña daga unida por la gruesa asta a un sable de medio metro. Yataganes funcionado con dagas, con una media daga en la punta de la empuñadura.
—¡Espera! —Frerick ordenó detener el ataque—. Se están retirando... —los miró.
Los destructores se mueven alrededor sin tocar a nadie. El líder de los destructores me mira con rabia, haciendo movimientos bruscos frente a mí.
Mai está bien, y eso era lo que me importaba, casi le arranca un pedazo.
—Es una pelea entre líderes —mencionó Ryan—. El líder de los destructores cree que Gea es la líder.
—Geal —afirmó Frerick—. Se llama Geal. Dilo completo.
—Como tú digas.— Ryan me odió con solo escucharlo—. Debió haberlo impresionado. Con una sola patada.
—Somos Otpiegs, somos fuertes.
Sabía que había hecho una expresión hacia mí, o sentí que lo hacía. Levanté las manos, indicando que quería luchar contra el destructor de tres metros, o unos metros menos, pero para mí parecía algo grande. Si gano, los destructores podrían retroceder, ahorrándoles a los príncipes una gota de sudor.
—Vamos, Geal —susurró Mai.