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—¡A las esquinas! —gritó Frerick.
Nos movimos rápidamente hacia las paredes mientras un remolino comienza a formarse en el centro, dando lugar a un cubo rojo. Nuestra atención se fija en el objeto mientras se desprendía como un robot, al igual que el robot con el que me había atrapado Raj. Este no hizo un sonido conocido, pero logré ver su deformación hasta tomar la forma de una pequeña nave.
Esta es roja con rayas doradas y flota frente a nosotros. La expresión de Hamid refleja sorpresa quizá no se imaginó que podría tener una cosa como esta, bajo sus pies.
—Un Alpo-civil —comentó Frerick, sorprendido, mientras se acercaba al vehículo flotante.
El término Alpo Civil probablemente significa un auto volador de lujo para este planeta, una marca con la que ya estoy familiarizada, pero en la Tierra se llama diferente, pero no vuelan.
—Príncipes.
La imagen de Alphine aparece en el tablero del auto.
—Sistemas listos.
Este vehículo sí que es distinto a los de la Tierra, presenta un diseño que es cincuenta a cien años más avanzado, quizá una tecnología que está un siglo adelantada.
—¡Vamos! —Frerick nos invitó a entrar.
Me acerqué al vehículo flotante, que carecía de puertas, lo que requería un salto para acceder a los asientos traseros. El rostro de Alphine aparece en una pantalla tridimensional en el tablero. Frerick expresa su gratitud a Hamid por su ayuda, no pensaba invitarlo a subir.
—Diamante. —Ryan colocó sus manos en el tablero, activando el holograma— ¿Comunicación? —Espera. —Frerick se tocó la oreja izquierda— ¡Chicos! ¿Me escuchan?
—Puedo escucharlos —respondió, sentí cerca de mi oído como un susurro la voz de Mai— ¿Encontraron algo?
—Sí —respondió Frerick, manteniendo su dedo sobre las grapas creadas por el objeto que nos había prestado Rikka—. Cuando te enviemos la señal, por favor entra, primero necesitamos bajar el campo. Tu paciencia es apreciada.
Entendiendo que esta sería la última comunicación hasta que bajemos ese campo que bloquea entras y salidas, Ryan presionó el holograma con firmeza, iluminando letras en Otpieg y Napaleanas.
—Está bien, Alphine —inquirió Ryan a la IA—. ¡El camino!
—Abriendo la puerta para el acceso, —la voz de Alphine tenía un sonido autoritario—. Listo.
Un agujero se forma en el inusual terreno que teníamos frente a nosotros. Observé a Hamid mientras se acerca a la abertura en el suelo intentado escalar para salir de este, lo logra poco después.
Ryan acelera para guiar el Alpo hacia la entrada que había creado la IA, y el Alpo se adentra en el túnel. La oscuridad es total; creo que el Napaleano solo confía en el brillo rojo del Alpo para avanzar por las conexiones subterráneas entre pequeños poblados y el palacio de Otpieg.
—¿Cómo puedes ver hacia dónde vas? —inquirí, sintiendo el viento en mi rostro y mi cabello fluyendo libremente.
—Mi tercer ojo —respondió Ryan.
—¿Cómo podemos estar seguros de que no es una emboscada? Estamos operando sin visibilidad —pregunté, aterrorizada por lo que pudiéramos encontrar allí.
—No estoy seguro.
—Ryan, el momento para tales indagaciones ya pasó; estamos en el Alpo.
Controlar a Alphine parece estar más allá de la capacidad de cualquiera. Pasaron de ocho a doce minutos. El Alpo desaceleró gradualmente hasta agotarse, dejándonos completamente a oscuras.
—Esto es preocupante —dije.
A pesar de la oscuridad total, mi visión se ajusta después de unos momentos. Podía distinguir formas con claridad, aunque los colores son tenues. Mis ojos adquirieron un efecto infrarrojo, similar a las cámaras de seguridad en mi hogar en la Tierra.
—¿Cómo es posible que vea?
El Alpo o tal vez Alphine nos detuvo ante una gran puerta de metal ubicada bajo tierra.
—Tienes ojos extraños ahora —dijo Ryan—. Pupilas en forma de diamante, curiosa, Otpieg. Es una característica de tu raza; tu percepción en este estado se alinea con eso. Mira arriba —afirmó Ryan, señalando una hilera de lámparas en el techo sin encender—. Actualmente permanecen apagadas, pero... —miró a Frerick—. ¿Estamos en la base?
Por lo que observé, Ryan ya tenía su ojo de diamante en la frente abierto, tratando de escanear todo a su alrededor.
—Sí... estamos debajo de la pirámide —confirmó Frerick.
El rostro de Alphine surgió como una forma de energía ante la gran puerta frente a nosotros, donde están dispuestas las hileras de lámparas.
—Haré un escaneo de verificación —declaró la aparición—. Para acceder. Debo hacerlo antes que sea detectable por el enemigo.
Un láser se emitía desde su rostro. Reconocí que está examinando el tatuaje de la cruz de Otpieg en cada uno de nosotros. Denia tenía razón, la entrada es alarmantemente fácil con esa marca, aunque había hecho un juramento. Es fundamental que comprendiera el significado de tal bautismo, pero ahora no es tiempo de profundizar en ese tema.