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Me acerqué a Ryan, mi enojo evidente en la mirada de desdén que le doy. El hijo de su madre se encontraba entre los que más despreciaba, superando incluso a Denia.
—Después de derrotar a Denia, tú serás el siguiente.
—Esperaré tu movimiento…
Me quedé atónita por la profundidad de los ojos azules de Ryan, revelan un carácter que no era nada… Solo alberga un estúpido orgullo y un deseo de eliminar demonios.
El suelo tembló levemente cuando una puerta se manifestó detrás de Frerick, revelando una salida del subsuelo.
—¿No va a haber una prueba? —inquirió Frerick.
—Alphine siempre administra pruebas —respondió Ryan—. Tal vez ya esté al tanto de ella con el artefacto, y no la pondrá a prueba.
—Buena suerte. Me envió diez destructores antes de que me uniera al Congreso —miré de reojo a Frerick al escuchar eso.
—Diez cazas sin piloto en un solo día de vuelo —agregó Ryan.
«La prueba es: salvar a tu madre, aprovechando la invasión. Alphine es astuta… es extraordinaria. O quizá igual me equivoque».
Me quedé en silencio.
Una luz cegadora nos envolvió por un breve instante, seguida por la aparición de espíritus guerreros: los guerreros con un aroma a lo que son los Otpiegs, aunque algunos pocos no. Uno de ellos exuda una presencia formidable, distinta de los demás.
Observé a un hombre mayor entre la luz, tal vez de setenta años, vestido con un uniforme militar como el que todos llevamos puestos, pero el poder formidable que sentí no viene de él. Se sentía un poco como el aroma de Ryan, es Napaleano. Cada especie tiene un aroma diferente, pero igual para todos, sutil, pero está ahí.
Hay más soldados a la vista con armas en manos. Todos llevan guantes y un tatuaje del Congreso. La cruz del anciano, en la mejilla derecha, carecía de la marca de Otpieg en la cara, lo que sugería que podría estar ubicada en otra parte de su cuerpo. Parecía que las personas tenían la opción de colocar tatuajes o marcas donde quisieran.
—¡Altezas! —proclamó el anciano. Tiene una insignia en su traje, con una palabra de alto rango como un sargento o coronel, ah recordé: El General Nickla.
Tiene un comportamiento serio, cabello largo y un físico bien entrenado.
—Un Saíd... —murmuró Ryan en un tono muy para él que para todos—. No estoy seguro de por qué continúan depositando su confianza en los Saíd.
—¿Saíd? —pregunté, me sonaba el apellido.
—Bienvenida, Geal Ali —me saludó el anciano—. Soy Nickla Saíd, General, el jefe militar.
—Procedamos, ya que tenemos mucho que lograr si te escondes aquí abajo —dijo Frerick, entrando gradualmente en la base.
Fue el primero en avanzar.
Ryan y yo lo seguimos, mientras Nickla camina cerrando la marcha. La puerta se cerró silenciosamente detrás de él.
Atravesamos un largo pasillo durante un minuto o dos. Cuando Frerick pasó por otra puerta, entramos en una habitación poblada de humanoides y Otpieg de sangre. Había algunos Uqy o Sir presentes, todos armados con pistolas láser y varios tipos de armas, grabando hologramas como si estuvieran preparando un golpe de Estado.
A la luz de la invasión, parecían priorizar el secreto y la planificación cuidadosa antes de tomar acciones impulsivas. Mi atención se dirigió al centro de la amplia sala, donde una gran proyección del rostro de Alphine inspecciona la zona, procesando los datos entrantes a medida que los enlaces eléctricos se conectan a los hologramas táctiles que sostenía cada individuo.
Todas las miradas se dirigieron hacia mí, junto al rostro imponente de la IA.
—Esta es la información que tenemos, Príncipe Frerick —afirmó Nickla—. Nuestros números son limitados…
—Necesito detalles adicionales, con números no se ganan las guerras, no para mí —respondió el diamante mientras se acerca a la gran cara flotante en el centro—. Alphine.
—Sí, Su Alteza —respondió la entidad, infundiendo una sensación de inquietud.
—Alphine —exigió Frerick, estaba enojado—. ¡Proporcione un informe ahora! ¡Completo y diagnosticado al cien por cierto!
—Por supuesto —respondió la IA avanzada—. ¿Preferirías los datos en el idioma nativo, o debería Geal Ali, tu futura reina, comprenderlos también?
—Por favor, usa mi idioma para mi comprensión —solicité.
—La situación actual es la siguiente —continuó la… máquina—. Denia ha llegado a bordo de la nave Z, diseñada con tecnología Alfaira, acompañada por los Panos. Han tomado el control del palacio. Denia tiene cautiva a la Reina Madre Luz en el trono del palacio, el centro más crucial de nuestro planeta, Otpieg. Mis informes confirmados indican que la princesa más joven, Isis, sigue viva en un sector específico de la pirámide.
Alphine reveló la terrible situación mostrando una corriente de energía, revelando imágenes escalofriantes de una ciudad sitiada por los Panos, sujetos humanos que habían sido manipulados a través de la experimentación para crear los soldados definitivos, bajo el mando de la figura distorsionada que acompaña a Denia y Níquel.