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—¡Geal! —exclamó Amalia—. Espera... —me di cuenta de que me estaba siguiendo.
Los pasadizos son estrechos, así que debía que arrastrarme. Sentía la presencia de mi hermano, su espíritu, puedo saber dónde está incluso el Napaleano, sé que lo elevaron para pelear.
—No me sigas —le ordené.
—Para ayudarte, es más fácil tú no conoces este palacio, solo sabes dónde ir, pero no sabes que puedas encontrarte ahí.
La Napaleana tenía razón, mis sables están ubicados en la sala de mando, pero no sabía exactamente dónde porque me desarmaron, más que nada es que fue idiota de mi parte. Dejé de arrastrarme y me senté. Mi cabeza casi toca el techo, y presioné mi oído contra la superficie.
—Alphine —dije—. Necesito que me guíes hacia la sala del trono.
—Ya te dije que yo puedo ayudarte, niña malcriada.
—Geal. —Esa no es la voz de Alphine, es la de Mai—. Me disculpo, pero tu hermano solicitó la desactivación. No se puede contactar a Alphine, no tú. Solo puedes comunicarte con el equipo restante —exactamente, encontré esta respuesta insatisfactoria. Y el rostro de la Napaleana se llenó de cierta alegría— ¿Por qué? —pregunto, con evidente decepción—. ¡Hijo de…!
—No lo sé —escuché la voz de Mai responder.
—Alphine no puede escucharte —interrumpió Frerick—. Es prudente que permanezcas en la sala de mando. No deseo que te pase nada malo...
Dejé de presionar mi dedo.
—Creo que necesitas mi ayuda —comentó la Napaleana, con expresión inquieta.
Calculé que tenía treinta y cinco años o más, los extraterrestres maduran de maneras peculiares, aunque la miré con ciertas interrogaciones ella agregó—: Soy la única que conoce la ruta.
La miré con desdén, pero luego noté que su dedo apunta hacia su diamante.
—Napaleanos.
Me hice a un lado en ese espacio confinado.
—Adelante, tú primero.
La Napaleana se mueve rápidamente por los pasadizos, incluso a cuatro patas. Tuve que seguirla como un felino que persigue a su presa. Empecé a sentirme mareada en medio del laberinto de corredores y curvas, sin saber cuándo podría detenerse.
—Entonces —hablé, manteniendo mi resistencia mientras continuábamos por los conductos—. ¿Rikka?
—Mi hermano mayor —respondió ella sin detenerse—. La vida me otorgó el mejor hermano.
—Él…
—¿Qué?
«Infórmale que una vez me rompió el brazo.»
—Una vez te rompió el brazo. No, perdón, tú le rompiste el brazo.
Ella sonrió, cubriéndose la boca, y se detuvo por un breve momento. Observé lágrimas brotando de sus ojos.
—Fue porque le causó angustia a nuestra madre, se había involucrado en una pelea de bar y sufrió heridas graves. Era todo un peleador.
—Está gastando todo su poder para lograr esto... ¿Verdad? ¿Cómo?
—Solo... ese hijo de puta podía lograr tales hazañas... Yo nunca poseí esa fortuna, es un don único que quizá solo los primogénitos poseen... Cuando él "murió" —enfatizó la palabra—, Napan me fue confiado... —reanudó nuestro avance—, pero me faltaba experiencia... así que decidí entregárselo al padre de Ryan, Han. Un amigo leal a la fe, devoto de mi hermano y amigo de Luz. Era el aliado más cercano de mi hermano, y asumí el papel de visir al lado de la Reina Luz para permanecer cerca de Frerick. Además, mi madre influyó en mi decisión. La Reina Madre, cuando conozcas a tu abuela, sin duda la apreciarás.
—¿Por qué? —pregunté—. Entiendo tu razonamiento con respecto a Frerick, pero...
—Para garantizar su seguridad. Frerick era menor de edad y era un blanco fácil. Le debes la vida a tu hermano. Dejarlo con tu madre permitió que otros creyeran que él era el único —respondió con prontitud—. Yo era joven e inexperta; no debería haber sido reina. Además, mi planeta se caracteriza por el sexismo... Celebraron cuando cedí el trono a Han... Descanse él en paz. Mi lugar legítimo estaba al lado de mi cuñada, Luz. Mi prioridad era proteger a Frerick, aunque él siga sin saber de su herencia mestiza. Afortunadamente, ningún Napaleano se le ha acercado, siempre usa guantes y evita las mangas cortas. Una vez que debutó, me aseguré de que no estuviera cerca de una Napaleana o un mestizo... ¿entiendes? Que bueno que fue con una Uqy.
—Eso —remarqué burlonamente para evitar lo que no quería escuchar sobre mi hermano y su debut—. Yo experimenté eso. Es doloroso.
—¿Seguimos hablando del tacto de sangre? ¿Verdad?
«Muy bien. Me iré por un tiempo.»
—Espera —dije suavemente.
Ambas observamos las ventanas de las que salía el oxígeno, un tipo de vidrio que no podía comprender. La tecnología es desconcertante, pero decidí captar cada detalle si sobrevivía.
Por esa… ¿rejilla? Logramos ver un grupo de Otpieg de sangre atacando a algunos Panos. Los Otpieg de sangre tenían la ventaja debido a sus ataques sorpresa. Mi posición privilegiada oscurecía mi vista, pero parecía que mi gente está ganando.