Geal Ali Crónicas: Poder Absoluto.

Capítulo 37

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—¡Gea! —gritó, con un tono tranquilizador, teñido de frustración.— ¡Abre los ojos! —otra vez esa molesta voz—. ¡Despierta!

Al obedecer, me encontré mirando el rostro más hermoso del universo, Ryan. Su mano aplicando presión sobre mi herida en un intento de detener el sangrado. El dolor se intensificó. De fondo, podía escuchar el choque de sables; mi hermano está enzarzado en una batalla con Níquel, cubierto por más Otpieg.

—¿Cómo llegaron aquí? —pregunté, seguido por un chorro de sangre violeta, que indicaba que mi fuerza está disminuyendo.

—Nos informó Amalia. Por favor, Gea, resiste —dijo la muralla, mirando de reojo, el enfrentamiento de Frerick con Níquel—. ¡Frerick! ¡Se va!

Estas palabras hicieron que mi hermano actuara rápidamente, desarmó a Níquel golpeándolo contra la pared con su antebrazo y su espalda. Me di cuenta de que, yo necesito más entrenamiento, que tal vez sea fuerte, pero carezco de algunas habilidades que solo en la enseñanza se toman ventajas.

Soy una tonta al pensar que podría sola.

—¡Vamos, Níquel! —gritó Frerick, su voz cargada de ira— ¿Dónde está el artefacto?

Comprendió que, si yo moría, el artefacto desaparecería para siempre. Níquel ríe, un sonido burlón con una mancha roja de sangre en su labio. Esta risa obliga a Frerick a golpearlo de nuevo, dejándole otra marca mientras se estrellaba contra el suelo.

—Es demasiado tarde —dijo el ex visir—. Denia tiene a Samael susurrándole, el artefacto no puede detener a Denia... Samael es sabio, nuestra Estrella de la Mañana. Estaba inmovilizado.

—¡Frerick! —gritó Ryan.— ¡Se está muriendo, nos está dejando! —señaló con urgencia, su ojo diamante está en su lindo rostro—. Está en su ropa... ¡Rápido! —su diamante lo había identificado. Con la vista forzada, observé a mi hermano avanzar hacia Níquel, hurgando entre sus prendas hasta recuperar el artefacto.

Los Otpieg que los acompañan apuntan con sus láseres a Níquel para evitar que haga un movimiento a su favor.

—Estrella de la Mañana quiere que esté a su nivel —ríe con burla Níquel.

Frerick lo tiene, eso es lo importante.

—Denia no puede tocarlo —se burló Níquel—. Qué astuta por venir por mí, primero.

Sí, es claro que se donde lo guardo, y sé que él lo tenía. Nunca erro con mis ideas salvo para luchar.

—¡Lo tengo! —declaró Frerick, arrojándolo hacia mí, aunque está destinado a Ryan.

—Ahora, Gea —insistió Ryan, ansioso.— ¿Cómo lo usas? —miré sus impresionantes ojos azules, tal vez la vista más hermosa que pude percibir antes...

—No sé... Ryan... pequeño rey... tu nombre significa... —expresé con dolor, recordando mi afición por leer sobre el significado de los nombres hermosos en la Tierra.

—Está... mal —respondió Ryan a Frerick.

«¡No! ¡Eres fuerte! Vamos, Gea, resiste.»

—Tengo miedo... no sé... cómo usarlo —admití, pero ya es demasiado tarde.

Sentí un entumecimiento escalofriante envolviendo mi cuerpo. Me faltaban fuerzas para hablar. Aunque la mirada de Ryan, su apariencia perfecta y su encanto, me proporcionan consuelo.

Frerick llega y toma mi mano.

«Ponle el artefacto»

—Ponle el artefacto —dijo Frerick.

Ryan presiona el artefacto con firmeza, trazando cada línea de la cruz de Otpieg hasta que se encendió, una llama que no le hizo daño, transformándose en un brazalete.

«¡Sí! ¡Pónselo! ¡Ahora!»

—Sí. Pónselo. ¡Ahora! —gritó Frerick.

El susurro, Frerick escucha el susurro.

Mis párpados se volvían pesados.

—¿Qué hiciste? — cuestionó mi hermano a Ryan, asombrado.

El Napaleano, visiblemente perturbado por las llamas parpadeantes que había estado blandiendo, que se desvanecieron al formarse el brazalete.

Ryan coloca el brazalete en la muñeca fracturada.

Sentí una presión abrumadora, y mi grito incluso vibró en los cuerpos de Frerick y Ryan, parecía como si mis venas se esforzaran por salir de mi cuerpo.

El dolor es exponencialmente peor que la fractura en sí. Cada segundo se sentía como si el fuego brotara de mi pecho, aunque es más angustia mental que física. Observé cómo mis heridas se cerraban rápidamente, a través de los ojos de Frerick y Ryan, hasta que ya no pude soportar la sensación. El dolor me hizo desmayarme.




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