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Volé la nave rumbo al planeta Tierra… en cuanto entré en la atmósfera terrestre, conecté la nave en forma de espejo para reflejar la luz y camuflarla con el entorno, siguiendo el punto donde encontraría a mi hermana. Pero alarmantemente cerca me encontré en medio de un campo de batalla en la Tierra, envuelto en un conflicto humano.
Mis sensores detectan una gran actividad bélica a mi alrededor. Mientras la nave permanecía oculta, observé a través de la vista panorámica las formaciones de tropas y la nube de humo que se alza en el aire, resultado de explosiones recientes. Sin poder evitarlo, aquel espectáculo me hizo reflexionar sobre el descenso que había tomado la humanidad; esa misma humanidad que había sido el hogar de mi hermana.
Activé el sistema de análisis y traté de obtener información sobre el conflicto. Los datos son escasos y confusos; dos facciones se enfrentan, cada una con su propia ideología y reclamos territoriales. Es evidente que la lucha no solo era por el poder, sino también por religión. Podía sentir el peso del dolor y el sufrimiento en el aire, una atmósfera opresiva que se acumula a mi alrededor.
—¿Qué es esto? —me pregunté, observando a las personas involucradas en un análisis corto que me muestran en el monitor, individuos de la misma facción que los Otpieg, de piel bronceada, hablando en nombre de Dios y con armas en mano.
Edificios medievales de su supuesta edad moderna y entre varios edificios de uno muy alto, mi hermana en el tejado.
—¿Por qué están en guerra estos humanos? — pregunté en voz alta, sabiendo que estoy solo.
«Todos los humanos creen que su creencia es mejor que la de otros»
—¿Qué lugar es este?
Acerqué mi nave, y descendí de inmediato, al llegar a suelo firme, observé la tez pálida de mi hermana y sus ojos blancos mientras permanecían fijos en el conflicto en curso. En ese momento, yo ya no soy el punto focal de su atención. Geal podría haber sentido mi presencia, o tal vez su mente, estaba en otra parte, desconectada de la realidad que la rodeaba.
—Geal ¡Geal!
Hubo un momento de silencio, escucho el sonido de la guerra.
—Esta zona siempre está en conflicto… —dijo, con ahora más de dos voces a la vez.
—pero son ellos los que no pueden ser educados por nosotros, no nos lo permiten —no sé por qué hablé, pero necesitaba que me escuche.
—Luchan por diferencias religiosas, por territorio. La guerra perdura a lo largo de los siglos, sin importar cuán avanzada se vuelva la civilización… La guerra no cesa por la política —comentaron las voces—. Son estos humanos a quienes deseas salvar. ¿Por qué? Encarnan más pecado que amor.
—No conocía a estos humanos —respondí, reconociendo mi creencia previa de que sus guerras eran del pasado, lo cual evidentemente era falso.
—Sufren y luchan por orgullo. Son ellos a quienes realmente deseas salvar. ¿Valen la pena? Un universo, un sistema dedicado a ellos. Humanos invocando el nombre de nuestro Dios contra sus propios hermanos, un conflicto entre aquellos de la misma creencia… Estrella de la Mañana me dijo una vez, todos los viernes… no es él… los humanos se matan entre sí por cualquier razón, sin embargo, los hace responsables todos los viernes. ¿No se dan cuenta de qué es el mismo Dios al que veneran? Universo es el todo. Bien y mal.
—Sin ellos no somos nada.
—¿Quiénes? —preguntó—. Otpieg, Napaleanos, Uqys, Sirs... los semiángeles caídos redimiéndose. ¡Míralos! ¿Dónde está esa Fe? ¿Amor? Y ustedes... han desperdiciado el poder que les otorgué.
—¡Frerick! —es Mai, escuchó su voz en mi comunicador—. Las naves enemigas se están acercando al espacio terrestre.
—Entendido, Mai —respondí, luego volví mi atención hacia ella—. Por favor, detén a Denia, eres la única que puede lograrlo. Hay miles de naves, será difícil salir... —miré a los humanos—. Es simple para nosotros detenerlos, pero... son tan numerosos que... los humanos pueden percibirlos.
—¿Por qué creen que soy lo único capaz de detenerlo? —cuestionó, fijando su mirada en la mía.
—Yo… —respondí, la tensión era evidente en mi voz—. Porque tengo fe en ti.
No estaba seguro de qué movía a mi hermana a sonreír, ni de lo que residía en su interior. Ella se acercó y me tocó la mejilla con ternura.
—Esto no terminará aquí mi niño. Naciste en el segundo porque tu amor por tu hermana haría que no se sintiera sola. Ella necesita una familia, y el tío murió, y Sean no puede ser su única familia. Ella necesita conocer ese amor, una familia para poder controlar todo ese nivel... Tu hermana no haría lo que tú haces, ella no ha sufrido como tú, pero tu recompensa será mayor. Ama que vivo en ti y en todos, pues solo hay un verdadero Absoluto, tu Fe ha salvado a los humanos —entonces dejó de sonreír—. Pero solo ese arrogante al que también amo... solo él puede salvarla ahora, estarás muy lejos.
—Estoy confundido.
Lo último no lo entendí.
Ella empezó a flotar, eso encendió una alarma en mí, algo estaba pasando que yo había entendido negativamente, salvaría a los humanos, pero no a mi hermana.