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No fui al planeta Otpieg después de que Mai disparó contra la nave enemiga. Permanecíamos en órbita alrededor de la Tierra. Le pedí a mi hermano que necesitaba respirar aire real, no artificial, quería quedarme un tiempo en ese hermoso planeta que casi destruyo.
—No hay señal de Denia —nos informó Are a través de su holograma en la línea de ingeniería—. Nada en absoluto.
Observé a todos, seguíamos vestidos con la misma ropa del ejército. Estábamos sucios y heridos, es de noche, probablemente en mi hogar en la Tierra.
—Bajaremos un momento a la Tierra para que Gea... descanse —dijo Frerick. Yo lo miré y le sonreí—. Y le pedí a los hermanos Trollmoss que localizaran a Sean.
Mi rostro se iluminó al escucharlo.
Así, herido y todo, corrí a abrazarlo; sabía que tenía algo roto, pero no me importaba, estaba feliz, ni tampoco quién eres los Trollmoss, pero creo que quizá sea Arcy e Arcry. A pesar de eso, él prefirió no abrazarme... me detuvo... dijo que estaba herido.
—Disculpa, me duele el cuerpo. Te abrazo en cuanto me recupere.
Creo que mi hermano realmente no quería mi contacto, pero lo ignoré se le preguntaría después. Aunque si me entristeció, espero que solo sea mi imaginación.
—Cuando seas reina, podrás ordenar que él, el tal Sean, esté cerca de ti... sé que es la única familia que conoces —dijo Frerick—. Pero te prometo que yo, y todos estos hijos de puta... —señaló a todos los congresistas— también seremos tu familia.
—Yo no —dijo Ryan.
—Y no esperábamos menos de ti Ryan —aclaró Frerick con una mueca. Luego bajó la mano—. Solo cuentan los hermanos Trollmoss, Mai y Axtrex. Y un poquito Are.
Yo sonreí.
Sean...
unas horas después de aterrizar en la Tierra, mi hermano me dijo que estaba a unos veinte minutos de llegar a la zona donde nos ocultábamos. Estaba muy emocionada por verlo. Tal vez no sepa cuánto me alegraba, pero sé que, al dejar la Tierra, él asumiría otro tipo de responsabilidades.
Para recibir a mi amigo, me duché, además de liberar lo que comimos. Hace unos minutos, habíamos comido como animales, porque durante mucho tiempo no habíamos probado bocado. Los hombres decían que sus músculos podían debilitarse y las mujeres que íbamos a desmayarnos; aunque comer durante casi una hora no fue suficiente para aliviar esa necesidad. Aun así, todos regresamos de nuestras áreas privadas, limpios y presentables. Nuestra sala de estar era la sala de mando; podía escuchar a los Napaleanos en su idioma, deseando regresar a casa y disfrutar de su buena comida, no de la que preparan en la nave.
Mai, Arcy, Arcry y mi hermano discutían una estrategia para entrenarme en cuanto dejara la Tierra. Axtrex notó que estaba agobiada por todo lo que había pasado; ella me lo hizo saber y, tomándome del brazo, con su mirada me indicó que la siguiera.
Salimos de la nave por la rampa hacia la selva del sur de México.
—Al fin aire verdadero.
Axtrex se reía de mí, es, tal vez las tres o cuatro de la tarde por el sol, pero entre la selva corría un viento fresco, lo que siempre hago, respirarlo, sentirlo, tocar mis mejillas.
—Este lugar es... —Axtrex observa la selva, su color azul en su piel lucia brillante con los rayos del sol—. Aquí pega más el sol... que, en otros planetas, se siente bien. Y mi piel lo recibe con gusto... que rico sentirlo.
—¿Nunca habías sentido el sol tan cerca, chica azul?
—No... no tan... fuerte —ella sonrió.— ¿Ese tal Sean te hace feliz?
—Es el único que me conoce bien...
—¿Es un Otpieg?
—Sí.
Ella se acerca a mí a una distancia de quizá treinta centímetros.
—Frerick sólo te dejará saludarlo, aquí... por eso te traje, me aseguraré de que lo saludes, luego regresamos. Hay muchas cosas que hacer. Y a ese tal Sean... lo deben investigar primero antes de subirlo. Con todo lo que pasó no sabemos si es un espía.
—Entiendo. Axtrex.
Ella sonrió.
—¿Ya no chica azul?
—Me gusta mucho, chica azul... pero tu nombre es hermoso.
—Chica azul — la voz de un hombre nos hizo mirar hacia la rampa. Ryan había bajado volando—. Frerick quiere que vayas... está debatiendo un área de entrenamiento para Geal, cuando ya... sabes... me dijo que yo la cuide para que salude... a su amiguito.
—Es machista, sabe que yo puedo hacerlo. —Axtrex se quejó. Ella me miró de reojo.— ¿Te está castigando? —Axtrex le preguntó a Ryan.
—Sí. Puede ser... ser el guardaespaldas de la princesita, si sabe él que ya soy un rey.
—Pero aún no te coronan, así que puedo decirte: tarado —dije.
—Pero lo recordaré cuando me coronen.
Axtrex me cerró el ojo y subió por la rampa, con una palabra hacia mí a unos metros—: te veo en un rato.
Ella es muy guapa y simpática, creo que me hará bien tenerla como amiga.