Luego de una merienda que fácilmente podría confundirse con cena, debido a la cantidad excesiva de alimentos que consumieron, se retiran del lugar al ver que el sol ya se había escondido.
Todos salen del local y comienzan a caminar por la ciudad para aliviar sus estómagos. Cada quien está metido en sus propios pensamientos: Valentía trata de ponerse al día con Máron, pero le cuesta horrores seguirle el ritmo, ya que ella habla con mucha energía y mezcla los temas a medida que su mente va recordando todo.
—¿Estás seguro de que no conoces a esta chica? —pregunta Loren, acercándose a Hastel para saciar su curiosidad. Le habla lo más cerca posible, bajando el tono de voz para que solo él escuche sus palabras.
—No lo sé. Me resulta familiar, pero no recuerdo de dónde —contesta Hastel con naturalidad, sin nada que ocultar. Esto hace que Valentía se quede atenta, escuchando cualquier indicio de que él la recuerde.
Llegan a una plaza donde se sientan; el cielo estrellado se lleva toda la atención.
—Y pensar que mañana iniciaremos en Melisma —dice Máron, perdida en aquel paisaje de postal natural.
—¿Entraron en Melisma? —exclama Valentía, exaltada. Trata de buscar respuestas en las miradas de los presentes; se nota muy confundida.— ¿Cómo lo hicieron? No lo puedo creer, si ustedes son… —comienza a decir.
Antes de que termine la frase, Máron le tapa la boca para impedirle seguir hablando.
—Gedymos. Ya sabemos que somos Gedymos —le dice, tratando de hacerla entender más allá de las palabras, transmitiendo su inquietud con ese gesto.
Valentía la observa por unos segundos y logra entender el desastre en el que casi los mete al hablar de más.
—Claro… Ojalá mañana tengan la mejor suerte y sean seleccionados. Confío en que podrán —dice ella, tratando de despejar cualquier duda con estas palabras. Debía calmar su inquietud y su emoción; no le cuesta mucho, ya que ambas son opacadas por la alegría de saber que hay posibilidad de que vayan a Melisma junto con ella.
Suenan las campanas de la plaza, pero esta vez el sonido es diferente. Esto llama la atención de todos, despertando su curiosidad.
—Ya debemos irnos —dice Loren, poniéndose de pie y estirando su cuerpo.
—Tiene razón. Esas campanas indican que es hora de ir a dormir para los estudiantes —aclara Valentía rápidamente, saciando cualquier duda que pudiera surgir.
Máron se despide de Valentía con mucho entusiasmo, como si jamás se volverían a ver. Esa emoción era entendible, ya que así fue como se separaron hace unos años.
Hastel la despide alzando la mano, manteniendo distancia para evitar cualquier contacto no deseado después de presenciar la despedida de su hermana. Se da media vuelta y se va junto con el grupo.
—¡Hastel! —grita Valentía, haciendo que él detenga sus pasos. Le hace una seña para que se acerque; su timidez hace que Hastel decida obedecerla.
—Vayan, ya los alcanzo —les dice a los demás.
—Adiós, no la beses demasiado —bromea Máron mientras acelera el paso, para que el enojo de su hermano disminuya al ver la distancia que va ganando. Él solo suspira.
Se acerca a Valentía a pasos lentos, esperando que el tiempo le ayude a deducir el porqué de su llamado.
—Me duele que no te acuerdes de mí, después de todo lo que hemos pasado —dice ella.
—Lo siento —repite Hastel.
—Tan educado como siempre. No tienes que disculparte, no te preocupes… Al parecer no impacté tanto en tu vida como tú lo hiciste en la mía —suspira, tomando aire y poniéndose de pie. Luego estira la mano, entregándole un collar.— Me dijiste que te lo devolviera cuando volviéramos a vernos. Así que aquí está: cumplí.
Hastel observa el dije con forma de media luna; sus colores azul y plateado llaman toda su atención. Intenta recordar a la muchacha, pero no hay caso: no sabe quién es.
—Lo siento, pero no recuerdo —confiesa con sinceridad.
Sus palabras hacen que el corazón de Valentía lata con fuerza, aunque su mente trata de encontrar excusas para aliviar el leve dolor que se hace presente.
—Está bien, no te preocupes. Ya te acordarás de mí. Quería devolvértelo ahora por si mañana no te vuelvo a ver… Ya cumplí —dice, antes de retirarse del lugar.
—No puedo recibirlo, tenlo tu.
Valentía con toda la tristeza que provoco esta situación vuelve a tomar el dije para fuardarlo nuevamente, le regala la mejor sonrisa mientras tomaba distancia de él
Deja a Hastel con más dudas que antes. Se queda unos minutos observando como ella se aleja, tratando de acordarse de aquella muchachatan simpática, hasta que se asusta al recordar que no sabe cómo volver al hotel.
Se pone de pie y mira a su alrededor, maldiciéndose al darse cuenta de que se ha separado del grupo sin conocer el camino.