Maron recorre la ciudad de Fáttima, estaba llena de entusiasmo al pensar que cuando saliera el sol comenzaría su nueva vida, no podía dejar de imaginar todo lo bueno que el tiempo le traería.
—¡Maldita sea!.
Toda su escena creada por su imaginación se ve interrumpida al recordar el porqué está paseando por la capital, estaba en busca de su hermano que no había vuelto, gracias a su deducción sabía que no tenía idea de donde se encontraba el alojamiento.
Así se gasta varios minutos de su vida sin encontrar siquiera una pista de su paradero, así que decide hacer una breve pausa para recargar energía tomando algo.
Entra en una tienda y comienza a buscar en los estantes aquella bebida que tanto le fascinaba, se alegra al ver que al fin la había encontrado y se emociona más al darse cuenta que era la última que había, la toma y se acerca hasta la caja para pagar e irse, al oír el precio se percata que no tenía suficiente dinero.
—Deme un momento, ya regreso.
Máron sale de la tienda y sin querer golpea con su hombro a un muchacho moreno, su atención se dirige total mente al ver que su pelo era plateado, se disculpa al aire sin importarle si la escuchaba o no, su mente estaba cegada con aquella bebida que tanto le gustaba, no había nada más que mereciera su atención.
Sale del local, hace unos pasos y encuentra más dinero en los bolsillos de su campera, se enoja consigo misma por ser tan distraída y vuelve adentro.
Nuevamente se acerca hasta la caja para abonar y ve que aquel chico moreno estaba con su bebida, acelera su paso para ahorrar todo el tiempo que le sea posible, ya que sabía que era la última que había, pero fue envano, ya había pagado, pasa por su lado y se retira de la tienda, ella da media vuelta y sale por detrás de él.
—Esa bebida es mía.
Esto hizo que aquel muchacho frenará sus pasos al sentir que esas palabras iban dirigidas a él.
Da media vuelta y le muestra la sonrisa más forzada que haya visto, su mente hizo el resto de trabajo para aumentar su enojo.
—Pues compra otra.
Ella se enfurece y se acerca hasta estar enfrente de él.
—No hay más, si no, lo haría, te la compro.
—No molestes niño.
Estas palabras hicieron que Máron se cegara por completo, odia que la gente la confundiera de esta forma, sin querer aquel muchacho tocó una fibra muy sensible.
Ella le lanza una patada al cuello que aquel muchacho logró detener con dificultad.
—Vaya eres muy bueno, tienes mucha fuerza, no cualquiera lanza una patada de esta forma con tan poco esfuerzo. Si hubiera estado distraído podrías haberme quebrado un hueso.
Él la agarra del tobillo mientras se ríe sabiendo que en esta postura esta vulnerable, pero jamás imagino que ella estaba preparada para esta situación.
Máron gira su cuerpo hacia su izquierda mientras aún la sostenía, estando en el aire de espaldas le pega una patada con su pierna izquierda haciendo que la suelte, este impacto hizo que cayera al suelo, ella vuelve a ponerse en postura mientras presumía en su rostro todo el odio con el que estaba cargando al confundirla de sexo.
—Soy mujer maldito imbécil.
Aquel muchacho que estaba tirado en el suelo comienza a reír por la situación en la que se encuentra.
—¿Enserio vamos a pelear por un maldito jugo?.
—Si tienes miedo, vendeló.
—Me agradas niña, realmente me agradas.
Ambos sonríen mientras se miraban fijo a los ojos, la adrenalina que sentían por una pelea justa brotaba en el aire, a ambos se los veía entusiasmados, ya que por lo menos desde parte de Maron las peleas le fascinaban.
Él se abalanza contra ella con toda su furia, mientras que Marón estaba preparada para lanzar el golpe cuando entrará en su zona, pero son detenidos por un individuo que se interpuso en su camino.
—¿Que hacen dos niños a estas horas peleando en la vía pública?.
Ambos lo observaban, ya que su imaginación hizo creerles que era la autoridad, pero esta se esfuma al darse cuenta que aquel individuo llevaba el uniforme bordo que caracteriza a la academia Melisma.
Aquel sujeto no se encontraba solo, era acompañado por tres chicos más.
El enojo se podía ver en los rostros de ambos, era imposible ocultarlo. Máron le pega una patada en la nariz, mientras que su contrincante le da un golpe en el estómago, esto provocó que sus pies se despegaran del suelo y volará unos tres metros.
—¡No te metas!.
Ambos gritaban casi con una sincronización perfecta.
De inmediato observan al grupo de tres individuos, que sin dudarlo se abalanzan sobre ellos en defensa de su compañero caído.
Maron y aquel muchacho dieron una demostración perfecta de sus habilidades, no recibieron ni un rasguño, ni siquiera llegaron a cansarse.
El grupo toma al muchacho que salió volando, que al parecer era su líder y se van del lugar maldiciendo.
Máron comienza a reír por la situación tan bizarra que acabo de vivir de primera mano.
—Peleas bien, me impresionaste.
—Lo mismo digo, eres un maldito desgraciado.
—Mi nombre es Noban.
—Un gusto, yo me llamo...-.
—¡MARON!.
Sin darse cuenta Hastel terminó la oración que ella había comenzado, se da media vuelta y ve a su hermano corriendo en su dirección.
—Al fin apareces. Te estuve buscando hace bastante.
Hastel llega al lugar y se dedica un tiempo para tomar recuperar el aire y recuperar toda la energía que había perdido.
Noban lo obserbava serio, tratando de deducir de donde lo conocía, hasta que su recuerdo aparece repentinamente.
—Asi que eres el defensor de borrachos.
A Hastel no le tomo absolutamente nada recordar quien era, ya que reconoció su voz.
—Si tocas a mi hermanito te mato.
Máron se ponía en medio de ambos, su rostro había cambiado por completo.
—Máron, déjate de estupideces, no hace falta que me defiendas.