Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 19.

Hastel entra por las puertas de Melisma sin darle la importancia necesaria, a diferencia de los demás alumnos, que estaban asombrados e inmóviles: la postal que presenciaban era bellísima, casi indescriptible.
Delante de sus ojos se extendía un vasto bosque adornado con flores que realzaban el color verde predominante. El camino, hecho de piedra preciosa, permitía que varios alumnos caminaran al mismo tiempo; a los lados había una pequeña verja, desde la cual nacían los árboles, y a sus pies, flores de todos los colores conocidos.
Valentía se para frente a frente con Hastel, habiendo intentado asustarlo —pero su plan fracasa, ya que no logra despertar en él ningún sentimiento de temor.
—¿Estás bien? —pregunta ella, bajando su tono de voz, ya que su felicidad se ve opacada por la preocupación.
Hastel suspira, apagando las últimas cenizas del enojo que le provocó la hipocresía que acaba de presenciar.
—Lo lamento —contesta.
Máron y Melcifer se acercan a la escena; se les nota agotadas, ya que tuvieron que acelerar el paso para alcanzar a Hastel antes de que se perdiera entre la multitud de alumnos.
—Tuve que presenciar el acto de bienvenida sola, además no pude ver absolutamente nada —queja Máron.
—Debería haber estado contigo, así te subías a mis hombros para que pudieras ver —dice Loren, quien llega con ellas.
Hasta entonces nadie se había percatado de su ausencia. Al revisar sus recuerdos, se dan cuenta de que no estuvo presente desde que se juntaron con los demás alumnos, pero hacen como si nada pasara, sin darle suficiente importancia para cambiar de tema.
—¿Me estás diciendo enana? —pregunta Valentía, cuyo tono de voz cambia por completo: habían atentado contra su complejo de estatura.
—Mides un metro con cincuenta, eres muy alta —contesta Loren.
—¿Acaso quieres morir antes de entrar de verdad? —grita ella.
Máron la agarra para evitar que se abalace contra Loren, el culpable de su ira.
—Tranquila, niña. Dije que eras alta —insiste él.
Valentía hace todo lo posible por contener sus emociones y no hacer algo que seguro lamentaría después.
—Siempre y cuando te compares con un ghoblin —murmura.
—¡SUFICIENTE! —grita Máron.
Pero Valentía logra zafarse de sus brazos aprovechando un pequeño descuido. Salta a una altura extraordinaria y, estando en el aire, invoca su martillo —esta vez su tamaño ha cambiado; se nota más grande que la primera vez que lo vieron.
Loren se impresiona al ver la fuerza con la que saltó: no era nada normal lo que presenciaba, pero no tiene tiempo de analizar la situación —debía actuar.
Con reflejos notablemente envidiables, logra frenar el poderoso golpe de su contrincante. La fuerza aplicada es tal que hace que las piernas de Loren cedan y apoye una rodilla contra el suelo, quebrando levemente la piedra debajo de él.
Melcifer se interpone en la escena y los separa con un empujón para que se calmen, ya que habían montado una escena que ella consideraba vergonzosa.
—Acabamos de entrar, ¿acaso quieren que los expulsen así de rápido? —les pregunta, tratando de concentrarse en hacerles entender su punto de vista —que para muchos era el correcto—, aunque le cueste: los alumnos que aún pasan por allí los observan con la típica mirada de prejuicio y vergüenza ajena.
Una vez que logra calmar a ambos, hace que se disculpen mutuamente, dando por finalizada la pequeña riña.
—¿Crees que ya habremos comenzado la prueba? —pregunta Máron en voz baja, para que solo Melcifer la escuche.
—No hay ninguna prueba. Debemos darnos prisa en llegar: tú y Hastel deben presentarse en el anfiteatro para ver si son emparejados —contesta esta última.
—Yo pienso lo mismo —añade Valentía.
—¿Valentía, no acabas de escuchar lo que dije? —pregunta Melcifer.
—Pero si Máron tiene razón. Tal vez eso es lo que quieren que creamos y nuestra evaluación acaba de comenzar —insiste ella.
—¡Estamos hace más de veinte minutos aquí parados y somos las únicas que nos hemos salido del camino! Todos pasaron por aquí, nadie se desvió, nadie dijo nada. ¡USTEDES DOS VUELVAN AQUÍ! —grita Melcifer, dirigiéndose a Hastel y Loren, quienes intentan desviar su camino pasando al otro lado de la verja.
—¿Por qué siempre intentas avergonzarnos, Hastel? —pregunta Máron.
—Esta fue tu idea. Que no la hayas puesto en práctica no quiere decir que seas menos idiota que yo —contesta él.
—Esa es la diferencia entre los idiotas: la fina línea que nos divide. Tú eres el imbécil por creer que había una prueba —dice Máron.
—Tú lo dijiste primero.
—Tú intentaste cruzar la verja, tonto —le replica ella.
Hastel se pone cara a cara con Máron mientras siguen discutiendo. Explicarles lo que sucedía no tenía caso, al igual que seguir la discusión: todo se había distorsionado, estaban hablando de temas diferentes, habían mezclado y confundido todo por estar cegados por el enojo. Esto hace que, por tercera vez, todos los miren con extrañeza. Obviamente, a Hastel y Máron poco les importa lo que piensen; caso contrario para Melcifer, que está avergonzada mientras trata de calmar a ambos.
La discusión, que comenzó con las culpas mutuas y luego pasó por diversos temas del pasado, alcanza su clímax: ambos se están jalando del pelo y de las orejas, toda parte sensible de la cabeza.
—¡¡¡BASTA!!! —grita Melcifer a todo pulmón, haciendo que incluso los alumnos que pasaban por la zona se detengan en seco, con miedo.
—Desde que nos despertamos están discutiendo y pegándose. Todo el maldito viaje fue un infierno con ustedes. Nunca están de acuerdo con nada, solo para llevarle la contraria al otro. ¡Me harté de ustedes! Toda la maldita mañana peleándose por estas estupideces. Se acabó, no los escucharé más: terminen con esto —dice, jadeando de la emoción.
Ambos se sueltan al mismo tiempo, con la mirada agachada; se nota por sus gestos que están avergonzados y no logran cruzar miradas por orgullo.
—Ahora discúlpense —ordena Melcifer.
Ambos se disculpan sin pensarlo dos veces: el tiempo les ha enseñado lo que sucedería si se negaban a hacer lo que ella pedía.
—Ahora se harán el silencio y cada uno tomará su camino por separado. ¿Está claro? —pregunta.
Ambos asienten con la cabeza en perfecta sincronización.
—Ahora retírense —dice ella.
Valentía se asombra por el poder y el control que Melcifer tiene sobre ambos: un derecho que se ganó con los años de convivencia y de presenciar estas escenas.
Hastel se retira con Loren sin mirar atrás.
Máron se esconde detrás de Valentía y Melcifer cuando ve pasar a Noban.
—No puedes estar así todo el tiempo. Cuando lleguemos, vas a solucionar esto también —le dice Melcifer.
Todos siguen el camino que los llevará a la academia. Ya están en sus terrenos, pero no se siente como habían imaginado.




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