Máron caminaba con la compañía de Valentía y Melcifer, ambas hacían que su mente se mantuviera ocupada y no la dejara analizar la situación que había creado junto a su hermano. Para ella estaba bien así, no le daba la importancia suficiente para que la etiqueta pasara a ser problema, es más común de lo que creíamos.
Por el contrario, Melcifer no dejaba de pensar en aquella escena, trataba de mantener su mente distraída y no sobrepensarlo, pero aun asi estaba preocupada, no la dejaba concentrar en nada de lo que quería decir o hacer.
—¿Que harás con Hastel?.
Melcifer interrumpía la conversación que estaban llevando acabo bajo los instinto de curiosidad.
—Nada, es un idiota y nunca dejará de serlo.
Máron aliviaba su oración agregando una pequeña sonrisa, para quien la escuchara sepa que sus palabras no eran completamente verídicas y talvez contaba con un poco de mentira para seguir manteniendo vivo su personaje.
—Deberían dejar de tratarse de esta forma.
—Dile a ese tonto, él es quien empieza con estas peleas.
—Son hermanos, tienen que llevarse mejor.
—No, jamas, ahora que entreare a la academia tendré a mi gédymo y nunca más tendré que aguantar sus estupideces, por fin podré sacármelo de encima.
Melcifer se entristecia con aquellas palabras, le daba mayor significativo y un doble sentido, no sabía si lo que estaba diciendo era la verdad o estaba camuflando aquel dolor que se hará presente cuando al fin se separa, tal vez trataba de mentirse para amortiguar la realidad cuando llegue.
Las tres llegan al fin a la academia, era de una belleza inigualable, su tamaño era exageradamente grande, en la entrada tenía una pinta de doble hoja gigante de unos tres metros, el color bordó predominaba en la fachada.
Detrás de esto se encontraba la gran torre blanca, que brillaba con fuerza gravias a su color blanco, los rayos del sol hacían ver que esta brillaba y resaltará sobre la ciudad, gracias a su altura era visible desde kilómetros y hoy podian presenciarla tan de cerca, la vista era espectacular, quedan asombradas ante semejante belleza.
Entran en la institución y no dejaban de asombrarse, pero esta vez trataban de ser lo más cautelosas posible, ya que trataban de ocultar su clase social, para evitar cualquier prejuicio que desembocaria en una disputa.
—Por favor los gédymos que se dirijan al aula primero de. Gracias.
Máron se despide de ambas, ellas le daban mayor fuerza, querían mantener ese espíritu y que sus ánimos estuvieran al cien.
Camina por los pasillos evitando cualquier contacto visual, concentraba su vista en lo más alto donde se encontraban los carteles que indeticaban las aulas.
Al llegar, toma aire y lo larga despacio para aliviar el estrés que estaba cargando, suspira y entra.
El profesor que se encontraba en esta aula hace que escriba su nombre junto a su apedillo y le entrega un papel, con esto debía presentarse en la enfermería, sonríe y sale deprisa.
Vuelve a respirar con normalidad, ahora se sentía segura y podía volver a ser la misma sin la que la descubra, se tocaba el ojo tratando de acomodar su lentilla y quitar esa inseguridad que le provocaba la idea que está se callera.
Se asusta cuando alguien toca su hombro, estaba tan metida en su mundo que jamás se dio cuenta que alguien se hiciera presente, debido al susto que se había llevado su lentilla se salió de lugar, se tapa su ojo y levanta la vista para saber de quien se trataba.
Enfrente suyo se hayaba una chica de pelo azul, tenía el cabello recogido en una coleta larga, presumía con grandeza su preciosa sonrisa que la hacía verse educada y tranquila, tenía sostenido un cuaderno, en ese papel estaba tallado el siguente mensaje.
"¿Me das permiso, por favor?".
Máron sonríe, acompañado de una corta risa que se sintió nerviosa para quien la conociera o le prestara la suficiente atención, para lo demás solo fue cortez, se hace un lado mientras se disculpaba.
Una vez que aquella muchacha ingresó en el aula sale corriendo al baño y se encierra en un cubículo, mirandose en un espejo de mano trata de acomodarse la lentilla, pero su concentración se ve interrumpida cuando escucha la conversación de dos alumnas, que debido a que mantenía la puerta cerrada desconocía el paradero De ellas.
—¿Acaso la academia se volvió un zoológico o un albergue?.
—Pienso igual que tu Ginnet, hay mucha suciedad en estos pasillos.
—Van a manchar el nombre de Melisma si siguen aceptando a gente de tan bajo recursos, pobres, ni si quiera podrán abastecer los pergaminos, tendrán que hacerlo en la tierra.
Su compañera larga una risa, que hace que el orgullo de Ginnete aumente considerablemente.
—Por el amor al rey, tendré que convivir con los rechazos e inmundos de la naturaleza, ¿porque no simplemente dejan de admitir a esas personas que no hacen más que estorbar, y nos dejan a los puros?.
Máron queda inmóvil ante semejante palabras, su personalidad le impedía quedarse callada, su moral le gritaba que saliera a darle una lección, ya que para ella era el pensamiento más incorrecto que existía. Pensarlo tanto hizo que el tiempo pasara más rápido de lo que creía, cuando se dio cuenta, ellas ya se habían retirado del lugar, solo le queda respirar y olvidar lo que logró escuchar.
Alex M. Martínez.