Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 33.

Noban llega hasta donde se encuentra el grupo completo; al hacer acto de presencia, todos comienzan a gritar mientras lo felicitan por su gran combate. Hannabi sale de entre todos y lo abraza con mucha fuerza: se nota que había estado preocupada, era más que evidente. Esto hace que Noban se ponga nervioso; no sabe cómo reaccionar ante una acción tan acogedora.
Todos los observan, lo que aumenta su vergüenza. Cuando la suelta, ella le muestra su cuaderno.
—"Estaba preocupada".
Cambia de página.
—"Felicidades por tu victoria".
—¡Gracias!.
Noban se aleja por completo del grupo y busca un asiento para ocultar el arranque de emociones que sufre por culpa de Hannabi. Todos logran hacerlo sentir cómodo obviando la escena por completo, para no complicarle su carácter.
Noban decide sentarse lo más adelante posible: así puede alejarse del grupo pero mantener a Hannabi a la vista.
Los combates siguen su curso; se aprecian encuentros extraordinarios, ya que los alumnos quieren mostrar toda su destreza en combate para ser ubicados en las mejores clases. Estar en una clase baja era visto como deshonroso para sus familias, un indicio de falta de poder —aunque la ubicación de las clases dependía de razones completamente diferentes a las que los estudiantes creían.
Valentía y Melcifer son las únicas que están nerviosas, ya que serán ellas quienes luchen en estas pruebas. Están deseosas de oír sus nombres para entrar en la arena.
Hastel ve que Máron se aleja del grupo junto a Hannabi en busca de refrescos. Él las acompaña sin decir nada, quería aprovechar el momento para hablar con Máron.
Hastel la toma del brazo para frenar sus pasos; ella había acelerado el caminar para perderlo entre la multitud.
—¿Podemos hablar, Máron?
—¿Hablar? ¿Como la vez que hablamos para desaprobar?
—Máron, tú también aprobaste.
—Sí, y no fue mi culpa: el lápiz decidió mi destino, lo selló. No tuve elección, a diferencia de ti, que sí elegiste aprobar para salvarte.
—Lo lamento. ¿Contenta? En serio lo siento. Ya estamos aquí por culpa de ambos; no quiero que tengamos esta situación todos los días.
—¡QUE YO NO QUISE APROBAR! ¡Imbécil! Te estoy diciendo que el estúpido lápiz eligió que estuviera aquí, ¡no yo!.
—¿De qué estás hablando? ¿De qué maldito lápiz hablas?
Máron busca en su bolsillo y saca un lápiz que en la parte superior tenía números. Hastel comienza a reírse al darse cuenta de que Máron había dejado todo al azar.
Al verlo reír, Máron decide irse del lugar. Al darle la espalda, Hastel la agarra del brazo de nuevo y la acerca para darle un abrazo.
—¡¿Qué crees que estás haciendo, imbécil?!.
—Lo lamento, en serio lo siento. Me equivoqué; no debí aprobar pensando solo en mí. Fue muy egoísta de mi parte.
Máron se queda en silencio analizando cada palabra de Hastel; poco a poco su corazón se ablanda y le pierde el sentido al estar enojada.
—¡Ya suéltame!.
Máron se desentiende de él y vuelve a poner el rostro serio: debía mantener su actitud a pesar de todo, no podía caer tan fácil ante sus palabras.
—Te perdono, porque ahora tendremos que pasar tres años en esta estúpida academia.
—Gracias, Máron.
Hastel no puede esconder su felicidad al saber que todo volverá a la normalidad, a pesar de haber estado alejado de ella solo unas horas.
—Pero si vuelves a hacer algo así de egoísta, te asesino. ¿Está claro?
—Sí, por supuesto.
Hastel estira la mano para cerrar el trato. Ella se queda observándola en silencio, luego decide lanzarse a sus brazos y abrazarlo de nuevo, esta vez con más fuerza.
—No hagas que me enoje, tonto.
Hastel sonríe mientras sostiene a su hermana entre sus brazos; es una caricia a su alma: por fin logró calmar su corazón.
Hastel, Máron y Hannabi vuelven a las gradas con la comida y bebidas que fueron a buscar. Al encontrar sus asientos, logran escuchar el anuncio de la siguiente pelea: se trata de Ginnett.
—Ya pelea esa chica tan molesta. ¿Quién será su oponente?
Hastel pronuncia estas palabras mientras toma asiento al lado de Loren, quien tiene el rostro serio y está analizando la próxima batalla.
—Ginnett peleará contra Valentía.
Hastel se asombra al saber que al fin ha llegado el turno de su amiga. Máron los escucha conversar y se une a la charla.
—¿Valentía ya está por pelear? Qué mal me siento, no pude despedirme.
—Espero que le vaya bien.
Loren dice estas palabras mientras observa la arena con seriedad; la única emoción que muestra es la preocupación.
—Claro que le irá bien, ella es un tanque.
—Peleará contra un Élipson. Eso me preocupa; no puede ser esto al azar.
—¿Élipson? Así que ese es el apellido de esa odiosa chica.
—No entiendo. ¿Qué tiene que ver que sea una Élipson?
—Es un linaje muy poderoso: son una de las familias que dona equipo y dinero a los gurnamentales. Todo Élipson ha pertenecido a los gurnamentales durante siglos, son una de las más cercanas al rey. Son una máquina de matar, además tienen una herencia.
—¿Herencia? No entiendo nada, Loren.
Loren trata de explicar nuevamente la información para que la comprendan, pero Máron le tapa la boca haciéndolo guardar silencio.
—Ya no entendí, y tampoco me interesan esas cosas de familias poderosas. Creo que cada uno es un mundo diferente; ella también puede sangrar.
—Bien dicho. Loren, aburres con tu forma de contar las cosas; deberías buscar una mejor manera.
—Pero no entienden: se está a punto de enfrentar a un Élipson, la familia más poderosa de todo el reino de Fáttima.
Loren se exaspera al no hacerles entender lo complicada que se ha vuelto la situación de Valentía.
—Todo se puede en esta vida, nada es imposible. Nadie nace sabiendo, nadie es perfecto. No porque vengas de una familia poderosa tienes todo resuelto; lo que realmente vale es la voluntad que uno tiene.
Máron pronuncia estas palabras con la más bella sonrisa que puede ofrecer; está convencida de lo que dice, hasta el punto de hacer que Loren dude del monólogo que había armado. Tal vez tenga razón, y todo el ambiente donde se crió haya sido visto de forma equivocada por él.




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