Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 34.

Ginnett al oír su nombre se pone de pie y se arregla la ropa. Sale en silencio, sin prestar atención a ninguna palabra; mientras baja de las gradas, logra oír cómo se habla mal de ella y sentir las miradas de odio que le llegan. Se lo toma con naturalidad, ya que estas cosas eran habituales, y se engaña a sí misma creyendo que se trataba de envidia hacia su persona y su familia.
En su rostro se refleja la total seguridad de su destreza en combate; los nervios no logran afectarla. En su mente todo está planeado, hasta las palabras que adornarán su discurso de iniciación y el que pronunciará al terminar la batalla.
Al salir del pasillo hacia la arena, acelera sus pasos para tener más tiempo de prepararse. Al llegar, se topa con sus padres, quienes la esperan a lo lejos. Su corazón se acelera y el rostro seguro que llevaba se desvanece con la presencia de ambos: sus padres tienen una expresión seria y fría, sin mostrar ninguna emoción.
—¿Estás preparada?
Su madre le pregunta en un tono frío y seco. Ginnett asiente para responder a su curiosidad.
—Acuérdate de lo que hablamos: muestra todo lo que tienes, no dejes nada al azar. No tardes mucho, y no uses la herencia —si lo haces, significará que te acorralaron y será una muestra de debilidad. Ella tiene mucha ventaja.
Su padre es un poco más flexible al hablar, pero aún así mantiene el tono serio.
—No es opción que pierdas el combate. ¿Entendido? Sería una deshonra total para la familia no estar en la clase más alta. Así que deja de ser la inútil que eres y esta vez compórtate.
—Sí, mamá. Intentaré dar mi mejor esfuerzo.
Su madre se enfurece, se pone frente a ella y la toma de ambas mejillas con una sola mano para acercarla cara a cara.
—¡¿Intentar?! ¡¡¡HAZ TU MEJOR ESFUERZO!!!.
Al terminar de gritar, la tira hacia atrás con bastante fuerza, haciendo que retroceda unos dos pasos.
—Eres una carga, la vergüenza de la familia. No das los mismos resultados que tus hermanos y hermanas; no estás a la altura de los Élipson. Así que no lo "intentes" —hazlo. Queda en la mejor clase: ningún Élipson quedó por debajo, y tú no vas a ser la primera.
—Lo siento, madre. Tienes razón: daré más que mi esfuerzo.
Ginnett tiene la mirada agachada; nunca levanta la vista para mirarla a los ojos, solo la escucha con los ojos cerrados.
Sus padres se van del lugar, dejándola con los sentimientos destrozados. Había logrado prepararse mentalmente para la batalla, pero con su aparición todo se viene abajo.
Ginnett está en el pasillo, la última sala antes de salir a la arena. Sus nervios están a flor de piel, las manos le sudan, el corazón late a mil por hora y su mente divaga; su respiración está acelerada, no logra calmarla ni controlarla a su antojo.
—Tranquila, es una estúpida enana Cryders. Soy mejor que ella en todo. Voy a ganar, voy a ganar.
Se lo repite a sí misma para apaciguar su malestar emocional y concentrarse en el plan que había hecho para la pelea.
Las puertas se abren, dando inicio a la batalla. La luz natural que entra la encandila, entorpeciendo su vista. Entra en la arena a pasos lentos, dándole tiempo a sus ojos para acostumbrarse a la claridad. Al llegar a la zona de combate, ve al rey que la observa; luego mira a sus padres, quienes hablan entre ellos sin dirigirle la mirada. Esta situación la enoja y hace que vuelva a divagar en sus pensamientos. Vuelve en sí al oír gritos de aliento: al prestar atención, nota que provienen de la grada donde se encuentran Hastel, Máron y su grupo, que alientan a Valentía. Ella los saluda con una sonrisa, completamente feliz y tranquila, mientras Ginnett se ahoga en sus nervios. Voltea a ver a sus padres nuevamente: aún no la miran, lo que provoca una ira aún mayor.
—Qué privilegio tienes, pequeña goblin, de presenciar en carne propia lo que es enfrentarse a un Élipson.
Valentía no le presta la mínima atención, ya que sigue distraída con su grupo de amigos.
—Lamento informarte que no podrás enseñar absolutamente nada de tus habilidades, porque por desgracia te enfrentas a mí. Prometo que no durará mucho tu sufrimiento: será rápido, lo que dure mi muestra de habilidades, pequeña muñeca de trapo.
—¿Lo siento? ¿Estabas hablando?
Valentía grita desde su posición, lo que hace que Ginnett se avergüence por sentirse ignorada.
—¡Voy a matarte, estúpida goblin!.
—Eso lo veremos. Mientras más alta subas, más grande será la caída. Es hora de que alguien te tire la corona de cartón que llevas, princesa.
—Te falta mucha altura para siquiera verla.
—¡Caerás con ella!.
La profesora a cargo da inicio a la pelea. Todos comienzan a gritar y dar aliento, lo que hace que el corazón de Ginnett se paralice por un milisegundo antes de bombear más sangre, debido a la subida de adrenalina que sufre.




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